Me refiero con el título a seudónimos, apodos y motes con los que se suplanta el nombre, así como sus obvias diferencias en cuanto a autor e intención. Los primeros suelen ser elegidos por uno mismo para ocultar la identidad, mientras que los otros proceden de terceros. El seudónimo es utilizado por muchos escritores y como ejemplos ahí tenemos a Azorín, Rubén Darío, Pessoa, Boris Vian u Onetti, que firmaba sus artículos en prensa como Periquito el aguador.
Por contra apodos y motes suelen ser impuestos, bien para subrayar determinado aspecto o talante, incorporar un incentivo para la sorna, seguir en la línea con que se adjetivaba a los ancestros o, en caso del mote, endosado con intención despectiva cuando no claramente ofensiva. Es frecuente leer apodos con que se designan entre ellos los gitanos, y así, El Pepino y sus hermanos Los Pepinillos, El Calé, El Charlie, Los Bizcos, La Bailaora… Sin embargo, nada que ver con motes: La Tetas, El Caraculo y muchos otros frente a los que no cabe sino el enfado por parte de los así nombrados. En muchos pueblos, y a diferencia de la ciudad, suelen abundar unos y otros como puede leerse en algunos libros ambientados en la ruralía. Como ejemplos, Delibes, en su novela “El camino”, menciona a El Tiñoso, El Moñigo y, caso del cura, El Sindios. Por lo que hace a Marsé, en “Si te dicen que caí” aparecen El Sarnito, El Amén o El Mingo…
Es sobradamente conocido que, en muchas ocasiones, el bullying supone también incorporar en el cole, para el detestable acoso psíquico que sufren algunos niños/as, el despreciable mote, aunque la inspiración de hoy me ha venido al pensar en El Coletas (para Iglesias, ¿apodo?) y tras oír referirse con asco a Pedro Sánchez como (en este caso mote) El Perro Sánchez, o Pedo, de suprimir la erre en el nombre pero manteniendo la d.
En ambos casos, podemita y socialista, me debato entre el rechazo y la sonrisa a pesar de que los motes, con independencia del contexto, debieran ser proscritos siquiera por educación, aunque en el caso de los políticos y si me apuran, cabría la excepción por lo transitorio del cargo que los motiva aunque, en cuanto al segundo, el asunto diste de estar claro.

