PONGAMOS QUE HABLO DE MADRID…

              Para enfrentar las ideologías, cualquiera de ellas, el lenguaje no es nunca unívoco ni suficiente, de modo que, encarados sus representantes, sólo oirá el uno del otro lo que se crea capaz de contestar a modo de garrotazo. Los debates ante las elecciones en Madrid han sido buen ejemplo y es que en política, el hábitat natural de fulleros y sinvergüenzas (en palabras de Galbraith), lo antedicho cobra especial relevancia y se hace evidente en cualquier discusión dado que, para ellos, las manidas palabras –libertad, garantías, democracia, progreso…- no significan lo mismo y cada uno se erige en su único e insustituible valedor. Ocurre algo parecido con los crípticos idiolectos que manejan las distintas disciplinas científicas, pero si la comunicación se ve dificultada entre un físico nuclear y un biólogo molecular, pongamos por caso, cuando cada cual emplea su específica jerga, el asunto tiene más miga si incluso las mismas palabras, en el caso de los políticos, no transmiten igual significado  siquiera para quien las pronuncia, porque se subordinan al momento en cuestión, al interés por convertirlas en arma arrojadiza y por tanto pueden ser pintadas al gusto según el contrincante y la ocasión.

Pueden  llegar a iguales sentencias en menoscabo del adversario y viceversa, sin que el oyente se sienta concernido; así, podremos escuchar de cualquiera de ellos acusar a los otros de “electoralismo fácil” y, sea cual sea la propuesta, habría que adoptar “medidas urgentes” para reconducir lo que no haya sido planeado por su facción; “La decisión llega en todo caso con retraso” ( “Es prematura”, si el acierto es incuestionable)  o “No hay acción de Gobierno” aunque, de ser ésta evidente, se acusará de prepotencia y dar la espalda a un consenso que sistemáticamente se ha rehuido porque, consensuar, equivale a tragar.

De tener razón Virginia Woolf cuando afirmó que no se puede enjuiciar lo que no compartimos, no habría juicio posible sobre las aseveraciones ajenas y es precisamente lo que ocurre: a la contra ya se trate de pulpo o calamar, los estereotipos en sucesión y el que venga detrás, tres cuartos de lo mismo, pudiendo todos, al final, concluir que la discrepancia ha sido muy provechosa sin aclarar para quién, porque tampoco incluirá a los oponentes ni por supuesto a una ciudadanía sin opinión de valor entre periodos electorales. Conforme pase el tiempo, como alguien dijo, las polémicas se desvanecerán y quedarán las obras. Si es que las hay, más allá del mero discurso.

Publicado en Actualidad, Opinion, Política | Etiquetado , , , , , , | 10 comentarios

SOBRE COVID Y VACUNAS, DEMASIADAS BOCAS

Opinar, con datos o sin ellos, está al alcance de cualquiera y, abrumados por los sabelotodo, a muchos lectores/oyentes se nos van las horas mientras intentamos cribar el torrente de información en busca de evidencias más allá de la mera digresión. El cúmulo de incertidumbres abona hacer de la crisis alimento mediático, con interpretaciones a tenor de ideologías, apriorismos y convicciones (ahí tienen a los negacionistas), sin que prime la objetividad y el respaldo científico por sobre hipótesis sin fundamento, difundidas por tirios y troyanos. ¿A qué podrían obedecer los trombos? ¿Diría que la Astra Zeneca es a día de hoy segura? ¿Cree usted que aquí, tras la temporal suspensión de Janssen, finalmente aprobada por la Agencia Europea y ya autorizada de nuevo en EEUU, podrá cumplirse el programa que anunció el Gobierno? Y las lucubraciones de indocumentados sobre los temas en cuestión (escucharían tal vez a M. Bosé, ejemplo de ignorante bocazas), aún muchos de ellos en proceso de investigación, no hacen sino acrecer la inquietud ciudadana.No se conoce a estas alturas con exactitud cuánto pueda durar la inmunización, si ésta actuará frente a ulteriores mutaciones o, por no seguir, si el vacunado podrá ser a pesar de ello vehículo de contagio, pese a lo cual, se diría que las certezas predominan entre tertulianos de lo más variopinto, la eficacia o los riesgos están al albur del talante de cada cual y, de traerse a colación las vacunas rusa o china, pueden sumarse al análisis las filias o fobias políticas respecto al país en cuestión. Pero hay más, mucho más, para alimentar la confusión y no todo proviene de los dichosos todólogos, porque las decisiones de los “gestores pandémicos” abunda en la generalizada inquietud y no sólo en España. Dinamarca suspendió definitivamente la de Astra Zeneca y en Sudáfrica tampoco se administra, Francia continuaba con Janssen pese al rechazo en USA y la determinación de la UE, que según dijeron no renovará sus contratos con las dos mencionadas.

Por lo que hace a nosotros, al aluvión de pareceres con escaso refrendo se suman medidas de dudosa efectividad, cuando no distintas, entre Comunidades Autónomas; cierres perimetrales de quita y pon al igual que el número de autorizados a reunirse (menos en terrazas que en domicilios, aunque en las primeras esté garantizada la ventilación y seguramente un mejor control de distancias y mascarillas), variables horas de queda o, alguna vacuna, en segmentos de edad cambiantes a tenor de pálpitos, que no de certezas, haciendo patente que por encima de lo que sucede, prima lo que se dice sobre ello, hipótesis condicionadas a veces por intereses políticos o de las multinacionales implicadas.

Demasiado ruido, ya digo, y se sigue echando en falta un amplio y reconocido comité de expertos, cuya valoración fuese la difundida por sobre los cotilleos, y sus decisiones, sobre medidas varias, las adoptadas en cualquier lugar y con relación a las distintas situaciones. Menos imágenes de pinchazos en TV, obviar las tertulias de comentaristas sin formación sanitaria y  análisis con mejor discernimiento, contribuirían a aumentar la confianza de la población así como facilitar el camino para una pronta inmunización. Y no De rebaño como suelen decir sino, visto lo visto, DEL rebaño.

Publicado en Actualidad, Medicina, Opinion, Sanidad | Etiquetado , , , , , , | 11 comentarios

LA CALLE DEL VÍ, SÍNTESIS DEL MUNDO

           Existen numerosos rincones en cualquier ciudad, barrios o calles, que paseados en plan flâneur baudelaireano y con intención de mirar, no sólo ver, sumen a quien lo hace en una mezcla de sugerencias, pasmos y remembranzas que, de no prestar la adecuada atención, quedarían únicamente en la retina; una posibilidad que afortunadamente he orillado tras recorrer una y otra vez, siempre con expectación, la estrecha calle que tiene su entrada frente al piso donde vivo desde hace pocos años: la calle del ví –del vino, en castellano-. En el Hostal Pons, a mitad de la misma, se alojaba quien veinte años después, y ya fallecido, se ha convertido en el personaje de mi próxima novela, pero en aquel entonces y pese a haberlo visitado en varias ocasiones, únicamente presté atención a lo que me contaba en su habitación sin ventana a esta calle que es hoy mi argumento.

dav

El tráfico es escaso dada su angostura, aunque pueda alternar algún coche de lujo, que aparcará en el bonito patio, con la descacharrada motocicleta de quien vive en un sótano, sin ventilación otra que la obtenida a través de una rejilla a dos palmos del asfalto (he atisbado a su través), y una única habitación que es a un tiempo cocina, sala y dormitorio. Jardín y ascensor en algunas viviendas y diminutas escaleras en otras, que supongo hay que subir de perfil y con los brazos pegados al cuerpo. Con tales escenarios, nada tiene de extraño que los vecinos no se saluden. Un hombre de mediana edad suele escribir en una mesa frente a la pared del oscuro dormitorio, ajeno a mi curiosidad y, desde el balcón del primer piso, a media calle, la anciana aparece cada mañana para echar comida a las palomas que picotean entre papeles y alguna que otra lata vacía.

dig

dig

dig

 Graffitis con mensajes o que sólo aportan suciedad en cualquier pared; una chica mulata abrillanta el picaporte y, a escasos metros, se oyen procedentes del subsuelo las conversaciones de inmigrantes en un idioma para mí desconocido. La extrema pobreza coexiste con el buen vivir de otros y, todos ellos, en escenario de ribetes históricos porque en esta calle vivieron -¡quién lo hubiera dicho!-, un escritor extranjero en los años previos a la Guerra Civil, el músico de renombre y, hasta donde puede saberse por las placas con que los homenajea el Ayuntamiento, quien fuera en su día Teniente General. Todos debieron transitar cientos de veces hasta ese final de  la misma y que hoy suelen ocupar, al atardecer, grupos de gitanos entre cánticos flamencos y tragos de alcohol. Recorro la calle del ví casi a diario y, por mi tardanza en caminarla, podría suponerse que los alrededor de doscientos metros fuesen varios kilómetros. Entretanto, da para la lucubración. Como debe ocurrirles a ustedes en ocasiones y es que, como dijera Marcel Proust, descubrir no es buscar nuevos paisajes, sino tener nuevos ojos.

Publicado en Artículo, Opinion | Etiquetado , , , , , , | 9 comentarios

EL CÁNCER Y SUS METÁFORAS

a 15 Las enfermedades cancerosas despiertan en quienes las padecen temores varios y, entre ellos, el más antiguo: miedo a lo desconocido, a una realidad que en ocasiones puede hacerse insoportable y abocar a una soledad para la que, a diferencia de otras, no ha existido aprendizaje; inermes frente a una situación de evolución y final inciertos… No es pues de extrañar que los especialistas sean también intermediarios de quienes se espera algo más que un tratamiento apropiado: sintonía, apoyo emocional e información asequible, veraz y continuada.

Tales requerimientos confieren al médico un poder añadido al de su conocimiento científico, porque será también, en buena medida, responsable del modo en que se asuma e interiorice la dolencia. Para ello, y con el fin de situar al paciente en un contexto de mayor inteligibilidad, siquiera en el inicio del proceso, es frecuente el uso de metáforas que a menudo surgen del propio afligido cuando quiera referirse a un acontecer que ha truncado sus expectativas y le aboca, aunque sea temporalmente, a un horizonte de infortunio.a 7

Se trata de recursos retóricos para facilitar la comunicación, si no es factible debatir sobre genómica o alternativas terapéuticas, por un decir, y de gran complejidad para quien no está avezado. a 6Así, por lo general, se suele apelar a metáforas marciales: el cáncer como enemigo causante de la guerra; una lucha en la que evitar la derrota supondrá resistir con valor y en la confianza de que se cuenta con aliados poderosos (ciencia, personal sanitario…) que disponen de abundante arsenal con el que contraatacar hasta la victoria final. Otras veces, se acude al terrorismo para ejemplificar una agresión que no podía preverse y ejercida de modo solapado sobre un inocente…

En cualquier caso, las metáforas pretenden situar el conflicto en un ámbito que permita al afectado/a la expresión de sus cavilaciones, asumiendo molestias o toxicidades como consecuencias de su voluntad por superar el trance con una actitud activa. Bajo ese prisma, la asociación con una guerra puede ser oportuna aunque no siempre, ya que se trata de una pugna con tintes masculinoides, a más de que, en los casos de peor evolución, el implicado podría concluir que su esfuerzo no fue suficiente y, en consecuencia, sumar al deterioro un plus de culpabilidad. Por tales reflexiones, entre otras, parece adecuado adaptar las metáforas a la idiosincrasia y sensibilidad de los enfermos; a su edad, sexo y talante, procurando que sean ellos/ellas quienes las construyan a tenor de sus querencias o vivencias anteriores, y evitando el profesional, en lo posible, la exclusiva autoría de unos recursos dialécticos que pueden facilitar el diálogo pero también mediatizarlo, dado que las palabras, a más de ser ventanas a la realidad, pueden a veces fabricarla.

Los marinos profesionales (médicos, en este caso) no ven el mismo cordaje que los pasajeros del barco, decía Borges, y tal reflexión permite entender la conveniencia de que sean los segundos quienes elijan el modo de relatar. En esa línea, habrá quien prefiera un escenario distinto al de la batalla; tal vez una partida de ajedrez, la carrera de fondo en que lo importante es conservar las fuerzas, proponerse la curación como algunos coronar un ocho mil o quizá apelar a un imaginario viaje para una comprensión fluctuante que se lleve mejor con el camino por descubrir, cuajado de sorpresas y a veces atajos que convendrá explorar. En suma, metáforas menos binarias que la de un combate donde sólo es posible ganar o perder.

Sea como fuere, se antoja obvio que una adecuada elección de las similitudes puede servir, siquiera temporalmente, de alivio frente a la incomprensión o insuficiencia del lenguaje para expresar los sentimientos. Pero no quiero terminar la digresión sin referirme al uso metafórico en sentido inverso, es decir: así como padecer una enfermedad cancerosa precisa para algunos de comparaciones que faciliten la asunción diagnóstica o expliquen el esfuerzo que habrá de hacer para plantarle cara, también se viene empleando la palabra cáncer, en los medios de difusión, para etiquetar lo peor de nuestro entorno. Y va siendo hora de denunciar, por enésima vez, la inoportunidad de semejante recurso porque ya está bien de tildar de cáncer la corrupción, la incultura, el nacionalismo, ruido ambiental o la burbuja inmobiliaria, los desahucios o contratos a tiempo parcial, por iniciar una lista que sería el cuento de nunca acabar.a 3

a 4 a 8

a 12 a 13

Tanto a los enfermos de cáncer como a la población general, podría evitárseles la identificación de la dolencia con cuanto de malo nos rodea o es percibido como tal, y es que, en otro caso, nada de lo dicho antes conseguirá lo pretendido: evitar el dramático determinismo de una palabra identificada como condena sin vuelta atrás, procurando promover actitudes que puedan cimentarse en fundadas esperanzas. Y para conseguirlo, no parece que designar a un Partido político, cualquiera de ellos, o a la creciente inmigración como cánceres sociales según he leído recientemente, pueda ser de ayuda. Convendrá en este tema, como en tantos otros, asumir que el lenguaje puede ser –evidentemente, por usar la muletilla de moda-  camino de luz o disparadero hacia un infierno que nadie merece. Y menos los enfermos.

Publicado en Actualidad, Cáncer, Educación, Medicina, Opinion, Sanidad | Etiquetado , , , , , , , , | 8 comentarios

ALGUNAS DECISIONES, A LA RULETA

            a Me refiero a las que se vienen tomando estos meses en Mallorca por los políticos de turno y en relación a las que, quizá, habría títulos más adecuados para encabezar el post: a falta de pan buenas son tortas o, por entrar en los sinsentidos que parecen reclamar, pensar con el culo, porque es obvio que, a más de diálogo con la ciudadanía, se echa en falta sentido común en muchas de ellas. Por lo que hace a las establecidas para frenar la pandemia, prohibir abrir el interior de bares y restaurantes, o fijar la hora de cierre a las 17h, promueve reuniones en otros lugares o en domicilios, con mayor dificultad de control que el que podría ejercerse en las terrazas, de las que deben retirarse por la noche sombrillas y vallas laterales cuando es obvio que, si molestan a los transeúntes, no es precisamente en las desiertas madrugadas.

            Decenas de edificios públicos con cientos de despachos infrautilizados y es posible elaborar lista al respecto; sin embargo, se continúan proyectando nuevas construcciones y emplazamientos para la Administración mientras a un tiempo siguen sin procurar un mínimo de vivienda social aunque, en pasadas semanas, ha sido el proyecto de cambiar una docena de nombres de calles en la capital, Palma, a instancias del alcalde (¿asesorado? ¡Pues vamos listos!), lo que ha puesto definitivamente en evidencia las carencias del mismo y su entorno próximo. a 2Acabar con la memoria del franquismo hasta donde sea posible parece razonable, pero, ¿qué tienen que ver con ella las calles de los almirantes Churruca, Gravina o Cervera, cuyos nombres se querían suprimir? La asunción de homenajes supuestamente impropios, exigiría además, por parte del Sr. Hila, el alcalde, y siguiendo con parecido sarao mental, borrar cuanto pudiera relacionarse con fascismos y dictaduras del pasado.

a 9

a 13En dicha línea, debería eliminar el nombre de las islas, Baleares, por haber apoyado la sublevación franquista un crucero de igual nombre. Y si pretendía sustituirse el nombre de calle Toledo  (por el Alcázar de Toledo, de infausta memoria), con igual justificación la Vía Alemania habría de cambiar por su pasado hitleriano, borrada la céntrica Vía Argentina por haber albergado aquel país al impresentable Videla y, asimismo, retirar el rótulo “Calle de la Victoria” (¿de quién?) o las que mencionen a cualquier santo/a por impropias de un país declarado aconfesional. Por lo demás, habrá de sancionarse el expresar verbalmente o escribir que somos legión quienes reclamamos una pronta vacunación, no fuesen algunos a suponer que se hace apología del “ser soldado de brava legión/ pesa en mi alma doliente calvario…”. En fin: que si muchos nos echábamos las manos a la cabeza con las ocurrencias de Trump, y todavía con las del brasileño Bolsonaro, algunas disposiciones proyectadas aquí han sido para mear y no echar gota, y es que, por su escasa preparación para manejar el rabo cuando no saben qué hacer, en lugar de matar moscas querían emplearlo para cambiar los rótulos. Aunque subvencionando al vecindario por la necesidad de imprimir las nuevas direcciones en sus tarjetas. Y, entretanto, la casa sin barrer.          

Publicado en Actualidad, Opinion, Política | Etiquetado , , , , , , | 6 comentarios