DEL OTOÑO Y SU METÁFORA

a 9       Creo que pocas veces, en años anteriores –aunque la desmemoria pueda tener que ver, como en tantas cosas…–, habíamos deseado con semejante ahínco la llegada de un otoño que marque el final de este verano colérico, desmadrado y pagado de sí mismo. Cederán calor y sudores, las lluvias torrenciales o eso esperamos, se anticipará el oscurecer y con él se vendrán chaqueta y puestas de sol, sobre unas playas sin trastos ni botellón, en espera de la siguiente primavera.

Es la ventaja que tienen los ciclos, siquiera por lo que hace a las estaciones y que quienes los vivimos quizá echemos en falta, de vez en cuando, incluso en carne propia. a 2Caerán las hojas como anuncio de una tercera edad en la naturaleza que va a propiciar el encogimiento en los meses próximos; el recogimiento, si bien transitorio y llevadero frente a la seguridad de un próximo renacer, lo que no es el caso cuando se trata de esa edad otoñal en que se manifiesta la añoranza por un tiempo pasado que, como suelen decir quienes la viven, siempre fue mejor. Otra primavera en lontananza que, a diferencia de la que se avecine para seguir con el ciclo anual, en los seres vivos dejará expedito el camino para otoños que se irán uniendo hasta llegar al último que nos será dado transitar.

Sin embargo, nada de pesimismo. Las cosas son así, y ya que no nos es posible incorporar a nuestra fisiología una siguiente primavera tras el otoño ni nada pueda devolvernos, llegada la madurez, la hora / del esplendor en la hierba, de la gloria en la flor…, convendrá huir, cuando muda la estación como es hoy el caso, de la melancolía. a 11Nos irán quedando a todos menos veranos, de modo que a disfrutar de los días venideros aunque se acorten, de las noches más frescas y, por remedar a Benedetti, Aprovechemos el otoño / antes que el futuro se congele. Tal vez cobrar conciencia de que los otoños en los seres vivos no tienen vuelta atrás, ayude a transitarlos como si fuesen nuevas primaveras. Hasta que el cuerpo aguante, ¡claro que sí!

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LAS CAMPAÑAS, MEJOR EN VARIOS FRENTES.

a 2      Desde hace décadas, advertir sobre los riesgos que para la salud supone el consumo de tabaco se ha convertido casi en tema monográfico por lo que hace a las campañas de prevención y, sin restar por supuesto importancia al tema, se diría que la decidida voluntad (jugosos impuestos aparte y por ello estancos al alcance de todos) por intentar frenar dicho hábito menoscaba la información sobre otras cuestiones que debieran, por los riesgos que entrañan, ser difundidas con similar énfasis en aras de esa profilaxis que se persigue.

Es el caso de la obesidad, cuya incidencia en la población mundial se ha triplicado durante los últimos 40 años y es hoy responsable de tantas muertes como las atribuidas a los cigarrillos (¡y ni les cuento si coexisten sobrepeso e inhalación!). a 8En España, un 30% de sus habitantes son obesos (el 40% en USA), se hallan afectados un 18-20% de niños y, más allá de que, según afirmara Josep Pla, lo que más gusta a los hombres es el vino dulce y las mujeres gordas, de seguir ambos sexos, en todas las edades y por razones varias, acumulando lorzas, el sobrepeso podría convertirse en la principal causa prevenible de cáncer, superando al riesgo que comporta el tabaco, para cuyo abandono puede optarse hoy y entre otras medidas por el cigarrillo electrónico el cual, y aunque – aún a falta de estudios prospectivos con el suficiente seguimiento- se apunta que pudiera ser hasta un 95% menos nocivo que el tradicional, no se ha librado, por extensión, de igual anatema y ambos, vapeo y humo de tabaco, condenados con mayor determinación de la que se aplica respecto a la gordura.a 5

Lo mismo podría decirse respecto la difusión de pornografía en las redes sociales (las manadas de violadores podrían ser una de las consecuencias) o, por no seguir, de las “terapias alternativas”: supuestos remedios (hierbas varias, homeopatía, acupuntura…) sin refrendo alguno y que, sin embargo, pueden comprometer la curación (sería el caso de los cánceres) cuando sustituyen al tratamiento científico convencional. Pues bien: el 52% de la población sigue creyendo en este país que la homeopatía es útil. Tal dislate que, en noviembre del pasado año, el ministro Pedro Duque presentó oficialmente el “Plan de protección de la salud frente a las pseudoterapias” aunque, desde entonces, poco haya vuelto a saberse de su aplicación y eventuales resultados. a 9A día de hoy seguimos leyendo opiniones sin fundamento sobre la medicina que algunos llaman con desprecio “convencional”, y continúa sirviéndose demasiada “comida basura” en los colegios, sin que importen los kilos de más, mientras se sigue empeñados, casi en exclusiva cuando de salud se trata, en combatir tabaquismo y sucedáneos. Con razones objetivas -o menos en el caso del e-cigarrillo-, naturalmente, pero no vendría mal ampliar y diversificar la información, incluyendo otros factores de comprobado riesgo. Porque en la prevención hay bastante más que el humo, aunque se diría que este ha oscurecido y nublado otras muchas, y comprobadas, amenazas para la vida.

 

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HASTA AQUÍ POR AZAR

azar 2      La mayoría de vidas progresan merced a una red de imprevistos que determinan su deriva. Son en buena medida resultado del azar, una de las tres dimensiones, junto a vocación y circunstancias, que para Ortega y Gasset forman parte de cualquier biografía y, para comprobar su verosimilitud, me ha dado por recordar cómo, yo mismo, he llegado hasta aquí.azar 6

En la preadolescencia pensé en ser cura, pero Dios no se me apareció tras invocarlo a oscuras y antes del sueño repetidas veces para confirmarme lo acertado del propósito, de modo que pasé del más allá a inclinarme por la química, y si finalmente opté por la medicina fue tras visitar, a punto de terminar el bachillerato, la consulta de un par de galenos en Figueras, la ciudad de mi juventud, y observar la seguridad de que hacían gala los doctores Garre y Forment: su autoridad y el respeto con que se les escuchaba. Elegí la oncología como especialidad por ser la de quien era por entonces afamado vecino e hijo de una familia conocida de mi madre aunque, tras acabar los años de formación y abducido por las aventuras de los héroes que protagonizaban mis compulsivas lecturas desde antes de pisar la Facultad, Fawcett o Lope de Aguirre, nos embarcamos con mi hermano hacia Sudamérica con el propósito de vivir en la selva amazónica y montar allí un dispensario. Nuestras respectivas esposas quedaron aquí y se reunirían con nosotros una vez instalados.azar 5

Yo conocí a la que sería mi mujer, tras recuperarme de un tifus que me obligó a regresar al domicilio paterno y abandonar temporalmente la residencia de estudiantes en Barcelona. Al volver, un íntimo amigo y compañero de carrera nos presentó: “Estais hechos el uno para el otro”, aunque era/es mallorquina “Y en una isla no pienso ir a vivir ni loco -sentencié durante el noviazgo-; ¡Menudo agobio!”. azar 11Ya en Perú (ella y mi primer hijo aún en la Mallorca de nunca jamás), y tras saber en Lima sobre miembros de Sendero Luminoso, quizá los Andes con ellos, en pos de una revolución que en España terminó en fiasco, habría sido el nuevo escenario que suplantara el previsto, allá por Puerto Maldonado y junto al río Madre de Dios. Pero hubimos de regresar con urgencia a Cataluña debido a una enfermedad que terminó con nuestro padre pocas semanas después y, en los meses que siguieron, la adaptación a nuevos requerimientos terminó por anclarme en esta Mallorca que no pensaba pisar y en la que he seguido hasta la fecha, ejerciendo la profesión y escribiendo a falta de jaguares, de tribus con las que vivir y entre las que, seguramente, morir. Por todo ello creo también, con Ortega, que las velas dependen del viento y el patrón de la nave, cada uno en la propia, muchas veces sólo un sorprendido,  resignado o feliz mirón.

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EL TURISMO: ESPEJO DE NUESTRAS ANDANZAS

turista 13    Cabe observar, sin pretensión de convertir la hipótesis en axioma, que los viajes eran tiempo atrás desplazamientos en busca de cultura y mayor conocimiento, mientras que hoy lo son, principalmente, para huir de amenazas varias (emigración) o para conseguir, si turismo, distracción y placer. En esa segunda motivación andamos muchos a quienes la vida nos ha sonreído y tenemos en consecuencia la posibilidad de evitar, -euros mediante-, la insensatez que en opinión de la Yourcenar, una de mis escritoras favoritas, supondría acercarse a la muerte sin haber dado siquiera una vuelta por la cárcel que nos alberga.

Desde esa privilegiada posición es dado opinar, con conocimiento de causa, sobre un fenómeno de masas cuestionado por el deterioro ambiental que puede ocasionar, agobiante a veces y por otra parte sostén económico para muchas regiones y colectivos. turista 3Quienes nos visitan tienen mucho en común con la mayoría de quienes denostan/mos de ellos cuando cerca del propio domicilio, y de ahí que observarlos sea también, en buena medida, vernos reflejados en alguna que otra de nuestras escapadas. Y su deambular en grupo, la molestia que puede suponer ser interrogados mapa en mano, que ocupen nuestro recoleto bar o hagan de carreteras y aeropuertos campos de concentración, no es sino remedo siquiera parcial de nuestro propio hacer. Y una buena lección para cuando convertidos, como ellos, en protagonistas y causantes de las molestias -y también fuente de ingresos- para los oriundos.turista

Dejémonos, pues, de ver únicamente la paja en ojo ajeno y considerar el turismo, con Cèline, como un vértigo para gilipollas si no somos nosotros los desplazados a un perímetro distinto al que habitamos. turista 8Querríamos flâneurs de libro: paseantes silenciosos, casi invisibles, gastando lo indecible pero en modo subrepticio, sin ruidosas maletas por sobre el empedrado de la calle ni ocupación de mesas y asientos. Pero muchos de entre ustedes, y yo, nos parecemos a ellos. En consecuencia sólo cabe pedir, en tanto no se regulen las afluencias con criterios que nunca complacerán a todos,  educación, civismo, tolerancia… La misma que quisiéramos cuando seamos nosotros los visitantes y tras asumir que el peor viaje es, sin duda, el que quedó en el tintero.

 

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UNA SINTONÍA DE ABRUPTO FINAL

La vida no fue para ella un camino de rosas. En su juventud y como resultado de los sesgos de género, más acusados por entonces, se le vetó el acceso a la universidad, el solaz con las amigas siquiera para un café lejos de casa, e incluso la lectura se vio dificultada tras el matrimonio por el cuidado de los hijos y el hogar, únicas dedicaciones propias de su sexo en aquellos tiempos. Luego, entrada ya en la madurez, viuda y con solo esporádicas visitas de un ratito, a la soledad se sumaron los achaques ligados a la edad: una deambulación dificultosa que terminó en silla de ruedas y aquel glaucoma que le hacía imposible sumar gozosas experiencias más allá de la palabra hablada.

a´Sin embargo, y ya con ochenta largos, consiguió que le enviasen a su domicilio, cada lunes, a un jubilado que no sólo se prestaba a leerle la prensa y comentar con ella las noticias del día sino que, fruto de la amistad crecida entre los dos, las conversaciones se hacían interminables merced a recuerdos compartidos de épocas pasadas y cuajados de sonrisas; él la acompañaba cogidos del brazo en algún que otro paseo que podía terminar en la cafetería de la esquina para la copa: una novedosa experiencia de su vejez.a´ 1
Un día, aquella enérgica y entrañable anciana, aún ávida de futuro, ingresó en la clínica consciente de su muerte inminente y, tras despedirse de los familiares, conminándoles a entender que el final era sólo gozoso tránsito para reencontrarse con quienes la habían precedido y estaban día y noche en su memoria, solicitó ver por última vez a aquel que la había acompañado de tal suerte, que lo echaba de menos siquiera para un último abrazo y así los vimos: cogidos de las manos y diciéndose en voz baja la suerte que para ambos supuso el haberse conocido. a´8Un par de años después de su fallecimiento, el compañero de lecturas y paseos se ha quitado la vida. Por lo que hemos podido deducir, la necesidad de ambos por estar con el otro los marcó de un modo indeleble. Y es que sexo, edad o estado físico, en ocasiones tienen poco que ver con la sintonía, un cariño que entre ellos, y en otras circunstancias, pudo haber sido amor.

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