Se diría que la genética de bastantes comunicadores, cuando no sus económicas dependencias, les impulsa a subrayar lo negativo de hábitos y entorno, pasando por alto matices que mejorarían el ánimo de muchos oyentes/lectores, y es que acudir a los dogmas sin vuelta de hoja es el cénit de la manipulación. Vapear puede ocasionar Evali, cáncer orofaríngeo o de pulmón, pero se
pone menos énfasis respecto a sus ventajas con relación al tabaco o que no se dispone aún de comprobaciones a largo plazo, toda vez que sólo han pasado dos décadas desde que esos líquidos empezaron a comercializarse. Para más ejemplos, no hay, en boca de la oposición, peores gobernantes que los que tenemos sean estos cuales sean, los medios contra incendios son insuficientes, el turismo puede acabar con nosotros…
Nuestro país sólo da para mear y no echar gota, obviando que es de los que pueden alardear de mayor esperanza de vida y no sólo por disponer de una sanidad que se cuenta entre las mejores a nivel mundial. ¿Cambio climático? Pues estamos en mejores condiciones que otros para fomentar medidas contra el mismo… Pero hoy quiero referirme también a la amenaza que supone, como se ha venido repitiendo hasta la saciedad (será porque acostumbramos a saciarnos), la ingestión de carne roja.
La procesada, incluyendo tocino, salchichas o hamburguesas, aumentaría el riesgo de cáncer colorectal y de estómago, y también el consumo de carne roja se aseguraba de efecto carcinógeno y no sólo intestinal: 100 gr. diarios durante un largo período aumentaría la incidencia de cáncer de colon en un 17%, según estimaba la Agencia Internacional para la Investigación del cáncer ( IARC) hace unos años, y también el pancreático o de próstata, así como de cáncer mamario cuando consumida en la premenopausia. Pues bien: un comité de la propia IARC, reunido años después y con las conclusiones publicadas en una prestigiosa revista, Lancet Oncology, subrayó que las evidencias científicas disponibles no avalan una relación causal entre el consumo de carne, roja o procesada, y cualquier tipo de cáncer.
¿Cuándo dejarán, desde periodistas a políticos o epidemiólogos, de comernos el coco para alimentar, siquiera ocasionalmente, tranquilidad y optimismo? Pues no señores/as: el alivio sólo aparece cuando falta información, y si nos serena es que está sesgada. El caso es rodearnos de la noche angustiosa, y así, más propensos a picar en los anzuelos que convengan a terceros.














