Es frecuente tanto aquí, Palma de Mallorca, como en otras ciudades con altos porcentajes de inmigrantes africanos, tropezarse con ellos vendiendo falsificaciones – bolsos, pañuelos, carteras y cinturones… – extendidas sobre una manta en el suelo, al tiempo que observan en derredor por si, en lugar de potenciales clientes, aparecen los uniformados.
Al margen de la ley, sí, pero, ¿que haríamos nosotros de vivir en un país en guerra o sin tener qué comer? Emigrar para la salvación propia, de la familia y, una vez llegados sin papeles ni dinero, ¿cómo sobrevivir?
Desde esta perspectiva, es fácil entender y asumir cualquier actividad que proporcione mínimos recursos siempre que no incluya la violencia. Por otra parte, sin embargo, en el caso de los manteros se trata de un comercio prohibido y que compite con quienes han debido someterse a impuestos y otros imperativos para sacar adelante negocio y vida. En consecuencia, está absolutamente justificada la actuación policial, con detenciones y embargo del muestrario incluidos.
Pero llama la atención que, pese al riesgo que comporta dicha actividad, sigan en las mismas y en lugares que aquí todos sabemos: Avenida Antonio Maura, Plaza de España, inmediaciones de la Catedral…, y extraña que, adictos a determinados emplazamientos, no los modifiquen por evitar la ocasional represión, y digo ocasional porque que pese a ser conocida su habitual ubicación, sólo de vez en cuando aparece la policía y entonces (los vendedores simultanean la oferta con una cautelosa vigilancia del entorno), la apresurada huida con el material envuelto, casi siempre, en una sábana.
Por todo lo anterior, hoy quisiera subrayar que, al tropezar con ellos, me asaltan sentimientos encontrados: ilegales pero tal vez sin otra alternativa a corto plazo, cuatro perras para mantenerse y, llegado el momento, huir para volver a empezar en pos de la comida. ¿Las fuerzas del orden, simultanean obligación con compasión y de ahí su pasotismo? ¿Podría ofrecérseles a dichos manteros mejores salidas? ¿Contaminan el orden establecido? Quizás todo ello pero, cuando los miro, me viene a la cabeza lo que afirmase con toda razón Indira Gandhi, y es que no hay peor contaminación que la del hambre y a día de hoy, a más de ellos, Gaza es buen ejemplo de lo que muchos darían por convertirse en manteros.


















