Puede ocurrir de súbito o tras un largo esfuerzo de concentración, llegar en la vigilia o durante el sueño y semejar una llamarada o, por contra, la punta de un hilo del que habrá que tirar. En cuanto a la procedencia, de las más variadas fuentes:
emociones frente a la belleza o el sobrevenido amor, angustias varias, atracción inesperada o repugnancia, una palabra con la que se tropieza y, en ocasiones, bastará una mirada para el hechizo. También el simple gesto ajeno, o un paisaje, pueden ser el disparadero que despierte la imaginación.
Después vendrá el trabajo, a veces ímprobo y durante años, para darle el sustrato que permita recrearnos en ella más adelante y, en el mejor de los casos, hacer partícipe de la misma a terceros, lo que puede suponer una permanente lucha interior para plasmarla, bien sea en imágenes, bien en un texto trabajado que la contenga más allá de una frase feliz o la súbita sensación que impulsó a ello.
La inspiración es lo que muchos quisiéramos y perseguimos con variables resultados y muchas veces mentalmente agotados sin lograr dar con ella, lo cual explica la enfermiza envidia que puede surgir al escuchar a Núñez Feijóo y sus adláteres, léase Ayuso (aunque en este caso, tal vez es Feijóo el subordinado), Tellado, Cuca…. Para ellos, Pedro Sánchez estará en el origen de cualquier reflexión, y la utilización del mismo, sean cuales sean las circunstancias, no precisará de esfuerzo suplementario alguno ni horas de insomnio.
En su caso, la inspiración se asienta y crece con la reiteración. Una cómoda opción para enfrentar cualquier ocurrencia, cualquier interrogante y, en la cama, un tranquilo dormir, en la seguridad de que la siguiente deriva del discurso que haya de venir, tiene su base inmutable. Así que al que persiga incentivos distintos que el de poner a parir, y desde semejante perspectiva, sólo compasión y un algo de desprecio por no haber descubierto similar alternativa para parecer inspirado sin tener que machacarse la cabeza. Basta con repetirse.
















