No hay día en que, paseando por la ciudad, dejemos de preguntarnos si otro entorno sería posible. Ciudades como en la que vivo, Palma, son un muestrario de descuidos y desorden que llaman la atención de ser comparadas con otras en las que prima la limpieza, y Tokio podría servir de ejemplo pese a ser la más poblada del mundo aunque, por no ir tan lejos, muchas del norte de Europa pueden darnos en este asunto sopas con honda.
Aquí, de mirar al suelo y en derredor (ya muchos no lo hacemos o sólo de pasada, sabedores de lo que nos rodea), las motos aparcadas en cualquier lugar, el asfalto descuidado, grietas en las aceras, socavones y adoquines dispuestos para el tropezón… En las paredes desconchones, grafitis sin gracia alguna, anuncios en carteles ocupando parte de las aceras frente a bares y tiendas o, en muchos balcones, barandillas oxidadas y ropa
varia colgada y mecida por la brisa: banderolas que tal vez estimulen a los visitantes y promuevan el incremento turístico.
De seguir con los ojos hacia arriba, antenas, aparatos de aire acondicionado en profusión, los canales metálicos para la eliminación del agua podrán verterla sobre el transeúnte, persianas rotas, tejas a punto de caer, cables eléctricos por doquier y, demasiadas veces, en un simulacro de negruzca tela de araña.
¿Es pública o privada la responsabilidad de semejante paisaje? Pues se diría que en partes alícuotas, porque si bien muchos Ayuntamientos parecen sobrepasados por el desbarajuste y su inepcia en cohesión, el comportamiento de buena parte de los habitantes deja también bastante que desear, como prueban sus papeles y colillas en el suelo sin que importe el lugar. ¿Tendrá este caos arreglo? Pues no sabría responder, aunque quizá algunos políticos puedan maquillar su inoperancia diciéndose, por imitar a Jules Renard, que los platos desportillados (ciudades, en este caso), duran más que los intactos. Y con la consiguiente reducción del gasto y su tiempo, que podrán dedicar a intentar convencernos de que todo va a mejorar, incluido el cirio paisajístico que sus predecesores pasaron también por alto.
















