Es de no creer que la evolución humana no haya propiciado hasta aquí un definitivo cambio en el modo de nacer, porque una cosa es que la fisiología esté preparada para ello y otra distinta que persista un sufrimiento femenino que convierte el alumbramiento, las más de las veces, en tortura. Claro que es posible la paliación de la misma mediante anestesia epidural hasta la eventual cesárea, pero desde la hinchazón abdominal hasta la culminación del proceso con insoportables contracciones, hematomas, alteraciones del suelo pélvico o desgarros y fisuras varias, dar a luz es proceso a la que muchas mujeres renunciarían tras su experiencia y, quizá, uno de los motivos que expliquen la reducción de natalidad en numerosos países.
Las habrá que repetirían, y lo harán por considerarlo un bajo precio para el regalo de ese primer vagido, pero bastantes de ellas lo consideran castigo inmerecido y como escribiera Irene Vallejo, la Medea de Eurípides ya dijo que preferiría librar tres guerras a parir una sola vez.
Y es que expulsar el feto por un orificio que deberá dilatarse desde unos pocos centímetros para dar paso a una masa de 3 ó 4 kilos, tiene mucho de suplicio que puede prolongarse horas, cuando no días.
¿Otra forma de reproducción que no implique semejante trastorno de cuerpo y espíritu? Pues aunque ello conlleve el fin de la maternidad tal como se conoce hasta aquí, y quizá también un cambio en las emociones que lleva aparejado el albergar en el vientre durante nueve meses el embrión en crecimiento, progreso y tecnología suelen andar de la mano y, por lo que hace al tema en cuestión, una empresa china ya ha puesto en marcha el útero artificial en un robot, y las pruebas con animales han funcionado.
Según explican, la máquina puede gestar, y el cordón umbilical del feto se conecta a un tubo por el que administrar los adecuados nutrientes. Tal vez la novedad esté disponible para humanos el año próximo y, en esa línea, un reto definitivo a la gestación subrogada, pero también al padecer por engendrar sin terceros de por medio. Nacer de robot, y la madre feliz de que su óvulo fecundado no termine por hacerla gritar de dolor. ¿Un logro histórico? Pues eso parece. O, cuando menos y China mediante, la esperanza en ciernes para muchos/as.















