Me rompí el húmero a consecuencia del resbalón, pero la irritación y molestias consiguientes tras acudir a Urgencias y estar a día de hoy con cabestrillo puesto incluso para dormir,
han estimulado contrapartidas por parte de mi mujer, cuyas actitudes y comportamientos frente a la minusvalía a la que deberé someterme durante un par de meses como poco, no solo han paliado mi situación sino que, encima, me han devuelto a la felicidad de la infancia y los tiernos cuidados de mi madre.
Desde el suceso, su absoluta dedicación a mí se ha convertido en tónica diaria, así que eso de que el amor se aviene mal con la vejez (Goethe), no pasa de estupidez y perdonen la rima. No es que antes hubiéramos abdicado del mutuo placer que lleva aparejada la elegida compañía, pero ahora, húmero mediante, su atención es constante y mis déficits solventados de inmediato. Camisa y jersey colocados gracias a ella, se ha hecho con camisetas abiertas lateralmente y cerradas luego con cintas que ha comprado, un gorro que me coloca para la ducha y, por seguir con la ropa, pantalones que no precisan de cinturón y zapatos nuevos con propiedades antideslizantes que eviten una próxima vez.
Y hay mucho más: está ojo avizor por si se me ocurriese cargar con cualquier cosa, para los paseos, la muleta de su brazo y es ella quien corta el pan, me trocea el filete o llena el jarro. No pasa media hora sin que acuda a preguntarme si necesito algo, y todo lo anterior hasta la cama, porque me encontraré ya con las almohadas colocadas de modo que pueda dormir semiincorporado como me aconsejó el traumatólogo y, para taparme o levantarme, ahí la tengo, al extremo de que me pregunto si acaso ha prescindido del sueño para mejor atenderme.
Son días difíciles pero, con ella a mi lado, la frustración deja en muchos ratos paso a la íntima satisfacción de comprobar que el cariño está para cualquier cosa que haya de venir.
Y a tal extremo que, seducido por sus maneras, vengo pensando si debería fracturarme el otro brazo cuando éste deje de preocuparla, y seguir así gozando de sus mimos frente a la adversidad.
















