UNA MALLORCA SIN PARANGÓN

Esta es la isla donde nació y vivía mi esposa antes de conocernos y, pasados ya unos años desde nuestro matrimonio, la posibilidad de residir aquí se me aparecía como una inquietante opción: algo así como asentarse en un cercado rodeado de mar y en el que, acostumbrado a desplazarme por la península cualquier fin de semana sin otro freno que el del propio coche, los diámetros limitados se me antojaban propios de un recinto carcelario. Hubo de pasar un tiempo hasta que esta geografía de marinas fronteras se expandiese en mi interior, conforme iba haciéndome consciente de la belleza que encerraba la antes temida prisión.b 8. jpg

En los primeros ochenta y ya en trance de asumir como regalo inesperado mi nuevo entorno, participé en sucesivas concentraciones para defensa de la Dragonera, isla adyacente y de unos 4 kms. Pretendíamos impedir su urbanización, lo que finalmente se consiguió, siendo declarada Parque Natural en 1995. Se halla cerca del puerto de Andraitx y en ese término municipal se encuentra el pequeño pueblo costero de Sant Elm. b 10No había vuelto a visitarlo desde aquellos años y, tras varias décadas, el hechizo que me embargó se pareció al de entonces. Supongo que, frente a ciertos paisajes que nos brinda la naturaleza, el propio interior se desborda, sin más límite que el del horizonte.

rbthdrUnas tapas junto a mi mujer, en la terraza del restaurante Es raor, incorporaron el exquisito sabor al resto de sentidos, y la Dragonera a nuestra derecha, el susurro de la brisa y un azul de ensueño, invitaban a la declaración de amor que estas líneas pretenden. Porque es el lugar adecuado para dejar las emociones en libertad. b 13Sant Elm sigue, intemporal, como inimitable llave de esta isla sin igual. Solo cabe esperar, de los gestores políticos, que hagan de ese magnetismo y su conservación el principal objetivo. Y si aceptan un consejo no se pierdan, de tener ocasión, la comida a orillas del mar que baña la Dragonera.

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A MÁS DE LA AGENDA, LOS IMPREVISTOS

La cotidianidad, fuente sin duda de agradables ratos, trae también momentos que te prometes intentar evitar en lo por venir. ¡Porque mira que sabías del calor agobiante y, sin embargo, saliste en plena canícula! a 1O, por seguir en el barrio, he mencionado en alguna ocasión lo que para los nervios del más templado puede suponer ir precedido, en la cola del supermercado y al disponerse a pagar, por la omnipresente anciana que, entre rebuscar en el monedero, recoger del suelo los euros caídos y ordenar en su bolsa lo adquirido, conseguirá que nos den las tantas. Y ya ni les cuento si, de vuelta a casa, a uno se le ocurre consultar la agenda y aparece según qué. En abril iba siendo tiempo de empezar con los papeles para la declaración de Hacienda; la misma penitencia un año tras otro pese a que un filósofo aconsejara siglos atrás no recorrer dos veces el mismo camino, lo que sin duda debiera ser una obligación exigida a los de la agencia tributaria. ¡Qué alivio en llegado julio! Aunque no será óbice para que, en cualquiera de los meses siguientes, aparezca otro fatídico emplazamiento: la cita con el dentista, por un decir, y es entonces cuando, de hacer caso al consejo de Stendhal (“Cuando las cosas vienen mal dadas, hay que dedicarse a la lectura”), nos leeríamos el Quijote de una sentada y, si me apuran, un par de veces con tal de retrasar la visita.a 2

Anotaciones y recordatorios para amargarnos el día y que las nuevas tecnologías –si acaso ustedes abandonaron el papel para programarse mediante teclado- es posible que subrayen con un aviso acústico en las horas previas y, de paso, hurten la tranquilidad por anticipado. Y de no ser el soniquete, ya se encargará cualquier verdugo en función de secretario/a, sea en el despacho odontológico o la Asesoría fiscal, de advertirnos que si una cosa no hay es el olvido cuando de tocar los cataplines se trata. Ni olvido ni perdón, remedando al Conde de Montecristo, mientras a la salida consignamos el siguiente encuentro previsto; con unos billetes menos y, quizá también, una muela de menos.

Entre que el agua caliente no funciona y a saber tú el porqué, una luz roja junto al cuentakilómetros del coche, las llaves que no aparecen o el aviso de correos pese a no esperar envío alguno, las pejigueras anotadas a meses vista brindan por lo menos la oportunidad de prepararse, aunque concluir de lo anterior que todo lo que no mata nos hará más fuertes puede deberse a que, en tiempos del autor de semejante aserto, ser ciudadano y contribuyente no eran condiciones inseparables, los dientes se dejaban a su albur y nadie, en el entorno próximo, se traía de Tailandia la pomada milagrosa. Les cuento.a 10

El pequeño recipiente contenía una sustancia gelatinosa de la que, tras el vistazo a unas líneas de caracteres incomprensibles, no fue posible saber más de lo que contó a su vuelta quien nos la regaló. “Extraordinaria –aseguró-. Frotas con ella el sitio que duela y mejoras en cuestión de minutos. Me la han recomendado y lo cierto es que…”. Total: soy totalmente reacio a potingues sin respaldo científico pero, siendo de uso externo, sólo cabría esperar un nulo efecto sin nocividad y, por probar… a 11Con la mano bien untada, la apliqué sobre la espalda de mi mujer y a continuación sobre mi propio hombro, no fuera a ser que, contradiciendo el inicial escepticismo, produjese al poco algún beneficio. Entretanto, fui al lavabo para hacer aguas menores según se dice y, como es regla entre varones, sosteniendo con la mano el excretor adminículo.

a 4 Fue al volver cuando la maldita pomada comenzó a hacerse notar. Un insoportable escozor en el hombro que tal vez anticipaba la ulterior analgesia, y en salva sea la parte sin anticipo que valga. Quemazón del pene como merecida consecuencia de haber caído en la medicina alternativa sin lavado ulterior de la mano, aunque las normas higiénicas aconsejen agua y jabón, máxime en tiempos de coronavirus. Eso me dije, y más, mientras rascaba como un poseso y no precisamente allá por el húmero. Un mal rato y sólo habría faltado, tras los compulsivos enjuagues con agua fría, consultar la agenda -mientras resistía como mejor podía- para toparme con una nueva cita en el dentista. Por eso el título y es que, entre apuntes y sobresaltos de nuevo cuño, la monotonía es a veces bendición. Y no sólo para la cabeza, de interponerse un remedio tailandés.

 

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LA CREACIÓN: ¿UN COMPROMISO?

a 6     La pregunta, con los obligados matices y salvedades que se quiera, hace referencia en este caso a la hipotética obligación que pudiese tener el intelectual, un creador, el escritor en concreto y no aludo al ensayo sino a narrativa, al novelista, de ser testigo de su tiempo: de una realidad polifacética pero en la que se repiten demagogias destinadas a perpetuar en la resignación a una mayoría que bastante tiene con sobrevivir y, para oponerse a ellas, esa obra escrita, incluso de ficción, que no abdicase del compromiso con la verdad evitando, de mil y un modos, la anestesia a que puede conducir la mera palabrería.

Se impone aclarar que no cabe una generalización que pretenda transformar dicha presunción en norma, de modo que, si no una literatura para la denuncia permanente, cuando menos instrumento para la reflexión, aun reconociendo que estética y ética no tienen necesariamente que andar parejas cuando se escribe. Hay sobrados ejemplos de miseria moral entre creadores por otra parte excelentes, y sus obras no tienen por qué condicionarse a mensaje alguno de condena a la opresión, el engaño o la desigualdad, aunque de ello a que el arte –en cualquiera de sus manifestaciones-, en lugar de herramienta para la progresiva toma de conciencia pueda permitirse cualquier vana ocurrencia, media una distancia que es precisamente el motivo de las presentes líneas.

Cuestiones como las apuntadas me han sobrevolado tras leer a algunos autores adscritos a la llamada Generación de los 50 y que, desde el sociorealismo, mantuvieron su empeño en oponerse a la uniformización y poner en evidencia las lacras de su tiempo.a 5 Un arte el suyo que asumía, sin abdicar por ello del estilo propio, la irrenunciable función social que también se autoexigían; un algo en la línea de Walter Benjamin cuando afirmó que “El deber de todo escritor es impedir que la Historia la hagan únicamente los vencedores”. Arte para propiciar el cambio, para desvelar certidumbres que las permanentes conspiraciones de intereses se esfuerzan en enterrar, sintonía con la conciencia de sus eventuales seguidores o, en otro caso, estímulo para una distinta comprensión del mundo sin aleccionamiento, manipulación interpuesta y en paralelo el esfuerzo de autor y lector para que, a más del ocasional placer, puedan extraerse consecuencias susceptibles de ser verbalizadas por mediación de quien por oficio es, de proponérselo, capaz de proporcionar lenguaje que desenmascare lo que otros se esfuerzan en eliminar del pensamiento colectivo.  a 10

Sin necesidad de pormenorizar sobre los partícipes de aquella generación en nuestro país, admirables muchos de ellos, quienes hayan frecuentado a otros de reconocido prestigio, desde Sciascia a Günter Grass ( y su alusión a los “intelectuales que ensucian el propio nido”), Yashar Kemal, Handke o Elfriede Jelinek, por citar algunos/as, Mahfuz o Saramago, convendrán en que su voluntad, al igual que la de los sociorealistas españoles que poblaron las editoriales más de medio siglo atrás, no es la que se aprecia por lo general en estos tiempos que, entre otras características, se diría que tienen la de anteponer al propósito de desvelar, directa o indirectamente, el de agradar.

Cabe no obstante reiterar una vez más, siquiera por evitar que pudiera inferirse un planteamiento maniqueo entre lo bueno y lo malo, blanco y negro, que es opinión generalizada la de que el compromiso del escritor –aun en el caso de no haber renunciado a ser intelectual en la brecha-, nunca se puede considerar total porque no existe el observador crítico y fiable en cualquier circunstancia. a 9Asimismo, tampoco los principios éticos son ineludibles para la creación y nadie tiene la legitimidad suficiente como para erigirse en conciencia moral (tampoco los sacerdotes, cabe asegurar), lo que no evitará sin embargo, por seguir en el devaneo de hoy, que explicite mi acuerdo con Arcadi Espada cuando afirmó, años atrás, que cada época tiene la literatura que se merece.

Sugerencia ésta que daría para ampliar la digresión. Si alguien se animase… Aunque algunos contradigan abiertamente la hipótesis de Arcadi y entre ellos el recientemente fallecido Juan Marsé, todo un ejemplo de buen hacer.

 

 

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EL INFINITO EN UN JUNCO. Y EL PLACER

a Así se titula el ensayo (placer aparte, que ha sido el mío) de Irene Vallejo y publicado por Siruela. Un documentado paseo por la escritura y sus soportes, desde la más remota antigüedad, que pocos podrán dejar de seguir tras los primeros pasos en compañía de una autora que combina su descomunal bagaje intelectual con una habilidad semejante a la de aquellas narradoras orales de antaño –a las que también alude- junto a la chimenea del hogar.

La antigua biblioteca de Alejandría alimentada por Ptolomeo, compañero de armas de Alejandro Magno e iniciador de una dinastía que terminaría con Cleopatra y su suicidio, es el eje desde el que la narración se expande: por atrás hasta la escritura cuneiforme sobre arcilla y, en el curso de posteriores milenios, ha culminado en la producción de un libro cada treinta segundos que en nuestros días hace posible una imprenta que vio la luz, de la mano de Gutenberg, en 1440. Entre ambos extremos, papiros y pergaminos enrollados y presa frecuente de humedades, mosquitos y carcoma, códices sujetos por una anilla y así hasta los libros que conocemos; en palabras de Walter Benjamin (Irene Vallejo no hace mención a ello), comparables estos últimos a las rameras porque también gustan de lucir el lomo y pueden llevarse a la cama.

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Ver el mundo es deletrearlo, y solo a través de las letras es posible escuchar a los muertos y disfrutar de sus logros. Es precisamente lo que constatamos, una vez más, merced a la amenidad con que Vallejo trufa esos cientos de páginas que consiguen, embebidos en su lectura, detenernos las horas. Por ella sabremos de esclavos copistas al servicio de los adinerados en la Roma Imperial, de un sexo femenino tradicionalmente apartado de la cultura -aunque fuesen mujeres las que difundiesen muchas veces lo aprendido a través de tintas y cálamos- o de la escritura como recurso individual y, colectivamente, espejo de mundos.

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Hoy, la nueva Biblioteca de Alejandría sustituyendo a la desaparecida e inaugurada en 2002, más de 4500 bibliotecas públicas en nuestro país y el libro digital compitiendo con el papel; un accidentado y espectacular trayecto el de la palabra escrita, leída en voz alta y más tarde recreada en silencio, que esta zaragozana de apenas cuarenta años ha revivido junto a una útil documentación bibliográfica ordenada al final de la obra. A poco que puedan, sumérjanse en ese infinito del junco. Tengo la absoluta certeza de que no se arrepentirán.       

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UNA “NUEVA NORMALIDAD”: LA DE ENTONCES.

a 17 Y es que esta nueva normalidad, como han dado en llamar al decurso de nuestras vidas tras el confinamiento, nos retrotrae a la de unas décadas atrás y que creíamos definitivamente enterrada hasta la presente resurrección. Efímera también ésta, por supuesto, aunque si no fuese porque crece sobre los ERTES y miles de fallecidos,  votaría por que durase para retroceder en el tiempo a los días de entonces y su tranquilidad. Dictadura aparte.

Revivir el pasado depende de un sinfín de circunstancias que no están muchas veces en nuestra mano. a 18Ha tenido que ser este virus quien con sus protuberancias perfore, a más de la inmunidad de muchos, las barreras de la Historia y allane el camino para volver a aquel ayer que, según dijera Simone Weil, es la única realidad porque no muere nunca. Bastaría, caso de dudarlo, con preguntar a los de Vox o a las periódicas epidemias, lo que viene a ser lo mismo, sobre las ganas de repetir lo ya sufrido. Nos vuelve ahora, a lo vivido antes, la escasez de turistas y en consecuencia la despoblación de numerosas ciudades durante estos meses con el silencio consiguiente. a 12Sin embargo, fue la vista de la playa, hace unos días, el escenario que definitivamente me transportó a la adolescencia: sombrillas multicolores aunque en reducido número y familias reunidas sobre la arena con botellas, tuppers, cestas e incluso mantel a falta de bares abiertos. Estampas de album si no fuera por bikinis o top-less en lugar de los pudorosos bañadores femeninos de antaño.a 13

Aseguraba Primo Levi que si algo ha sucedido puede pasar otra vez y, aunque él se refiriese a los campos de exterminio, su afirmación podría hacerse extensiva a mucho de cuanto ocurre hoy. Por lo demás, a veces progresar es desandar el camino; a 15 hacia unas aguas más limpias, al silencio nocturno de una Punta Ballena liberada de los tradicionales conflictos o a calles de nuevo transitables sin aprietos, así que se antoja acertado lo que sugirió el poeta Carlos Pujol y creo haber citado alguna otra vez por sentirme identificado con sus palabras: “Nunca se puede regresar a nada, pero hay que regresar para saberlo”.  Y, por supuesto, retroceso de impredecible duración. El virus dirá.

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