GESTOS FRENTE AL CALOR

Cuando maltratados y atrapados por el verano, como escribiera Borges en El libro de arena, al salir a la calle -¡Ojalá pudiésemos evitarlo!- en las horas centrales del día, una de las pocas distracciones que tal vez podamos allegarnos mientras procuramos interiorizar el malestar que causa la calorina, es observar cómo lo enfrentan esos con quienes compartimos el castigo, bien sea sentados bajo un toldo, refrescándonos en alguna fuente pública, circulando mientras perseguimos desesperadamente las huidizas sombras  o detenidos frente a las puertas abiertas de cualquier local que saque al exterior un algo del frescor que procura el aire acondicionado.

Pero más allá de todo ello, son los gestos, todos como consecuencia del agobio, los que resumen mejor que la palabra el sentir de esos escasos transeúntes. Habrá quienes aceleren sus pasos en la desesperada búsqueda de un final, algunas de ellas agitarán el abanico a velocidad de vértigo como si de ese modo pudieran ahuyentar el hirviente demonio que las sobrevuela, otros/as agacharán la cabeza para evitar el deslumbramiento, recolocarán la visera de la gorra o desatarán la parte superior de su camisa. Sin embargo, es sobre todo el semblante lo que mejor delata el horror de ese mediodía al aire libre  y sin traza alguna de próximo alivio.

Aire libre que es sólo un decir porque no se mueve una hoja y, bajo ese disparado termómetro, el entorno parece detenido. Presos del mismo y su aplastante realidad, dedos en movimiento: para el saludo las menos veces, en una ciudad que se diría vacía, o para llevar el pelo hacia atrás y de paso – obvio en caso de calvicie – expandir la sudorina. Pañuelo o antebrazo servirán al mismo propósito y, de seguir observando, mejillas hinchadas para el rabioso resoplido al tiempo que se busca en derredor cualquier protección  u otras veces, sin importar el sexo, la mano estirando en la entrepierna para despegar bragas o calzoncillos, pues es de dominio público que la transpiración  no sabe de fronteras. En consecuencia, quizá las actitudes y gestos de quienes se crucen con nosotros sean el único motivo que nos pueda inducir a pisar asfalto en tres o cuatro meses: un mediodía y a pleno sol. Siquiera para comprobar, otro año más, que temperatura y comportamientos guardan íntima relación.

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About Gustavo Catalán

Licenciado y Doctor en medicina. Especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión durante 21 años, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador en la revista de Los Ángeles "Palabra abierta" y otros medios digitales. Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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3 Responses to GESTOS FRENTE AL CALOR

  1. Avatar de Eugenio Marcuello Eugenio Marcuello dice:

    Gracias, Gustavo, enhorabueba! Somos muy mayores. Yo ya he iniciado mi demencia senil. Sigo leyendo todos tus trabajos y te felicito porque tu cabeza está muy bien y funciona como un chico de 50 años. Veo que eres un literato perfecto a tu edad y merecerías que pasaras a la historia como uno de los literatos y periodistas más importantes de este siglo. Te lo mereces. Pienso que sería muy importante que disertases sobre el golpe de calor en la ancianidad. Gracias por todo lo que he podido relacionarme contigo, amigo mío y perdona que te haya escrito tan pocas veces. Me gustaría que de slguna manera siguiéramos algún tipo de relación, como he decidido hoy. Muchas gracias por todo.

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    • Eugenio: se hace lo que uno puede. Lo que es seguro, nunca lo dudes, es que seguiré acordándome de ti y siendo tu amigo en la distancia. Y esa demencia senil de que me hablas, ¿en qué lo notas? Pese a todo, ¡ánimo! Por lo menos en el tiempo que nos quede, porque ya vamos siendo ambos mayorcitos. Coméntame algo de vez en cuando en el blog, para saber de ti. Un abrazo muy fuerte.

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