Por descontado que, para cualquier asunto o suceso, están totalmente legitimados para expresar la opinión en los medios, y a más de los profesionales del periodismo, expertos en el tema de que se trate: médicos y enfermeras/os en cuestiones sanitarias, sociólogos o arquitectos en cuanto a la masificación o construcciones en suelo rústico, biólogos, ingenieros, docentes si hablamos de educación, físicos de traerse los agujeros negros a colación… Sin embargo, como todos sabemos, venimos leyendo o escuchando con creciente frecuencia, sea en tertulias o a título personal y sin debate de por medio, estimaciones sobre lo más variopinto, procedentes de quien no puede acreditar formación alguna al respecto y con justificaciones traídas por los pelos.
La libertad de opinión no pasa de farsa si no se basa en información suficiente y objetiva, pero podemos asistir a la exposición de un actor/actriz sobre las querencias de los dinosaurios u oír las digresiones sobre la Covid de Miguel Bosé, negacionista y sin pajolera idea al respecto.
Es sabido que, como subrayara Nietzsche, los enemigos de la verdad no son las mentiras sino las convicciones, así que es frecuente anteponer las creencias al conocimiento y apostar por ellas aunque los hechos las contradigan. Si sumamos a ello la generalizada reticencia a reconocer los propios errores, se extiende el riesgo de estar expuestos a un aluvión de sesgos cuando no falsedades, porque verdades y supuestos sin base objetiva alguna, pueden solaparse en muchos opinantes y convertir sus valoraciones públicas de cualquier acontecer en herramientas para la confusión.
En consecuencia, se diría oportuno, por profiláctico, establecer filtros que impidiesen la difusión incontrolada de estupideces que, hasta la actualidad, siguen gozando de cancha sin traba alguna, máxime si el autor/a es conocido por motivos varios y con independencia de sus ocurrencias. Por supuesto que no se trata de limitar la libertad de expresión y, sea en el bar o en las redes, cualquiera ha de poder manifestarse a su gusto, pero en los medios públicos, prensa, radio o TV, quizá se debiera proteger a la población de sandeces, evitando en lo posible que el oyente/lector corra un creciente riesgo de ser permeado por opiniones carentes del adecuado sustrato y que podrían llevar aparejadas indeseables consecuencias.
A modo de ejemplos, ahí tenemos a Trump negando el cambio climático, A Belén Esteban preguntándose con Bosé sobre la eficacia de las vacunas, cualquier soplagaitas evaluando los tratamientos contra algunos cánceres, Vox opinando sobre el colectivo LGTBI o un jugador de fútbol analizando el futuro de la I.A. Y nada que objetar si ello sucede en casa o frente a una caña, pero a los medios deberíamos exigirles mayor prudencia en cuanto a hacerse eco de según qué y por quién. Nos va el progreso en ello, y es que las memeces también se contagian.
los iluminados q gozan de famoseo opinan sin saber sobre cualquier cosa (como ha sido este verano con los incendios) y esto hace mucho mal a la colectividad
así nos va !!!
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Cuanta razón Gustavo y que miedo dan, por la cantidad de gente que les sigue
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Algo habría que hacer…
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Para burradas sea en donde sea, pero en la prensa recuerdo » encontrado el cadáver de un hombre muerto » ……
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Da para un chiste.
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asi es como yo rechazo y evito todo los discursor de esos sabedores / premios nobel falsos ..los negacionistas por besserwisser.
gracias por puntualizar y llamar la atencion al tema
Salut i bona nit,
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Igualment.
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