Es sabido el encarecimiento de los productos con el paso de los años. No obstante, y en una misma época, los precios pueden aumentar o disminuir, con independencia de la calidad del establecimiento o su ubicación, por aconteceres varios y entre otros el volumen de la clientela, aunque el mismo provoque en ocasiones efectos distintos a los que se esperaría de una relación directa entre demanda y beneficios. Contradicciones que más de una vez, frente a la caña y tapa acompañante, dan que pensar, ratificando que en último término el único interés es el del dueño.
Se diría obvio que, frente a una plétora de consumidores (buena calidad y servicio, lugar de reconocida fama…), podrían reducirse algo los precios para mantener la clientela, sin que ello afectase a unos beneficios cuantiosos dado el elevado número de visitantes. Sin embargo, acostumbra a ocurrir lo contrario bajo la convicción de que el total de ganancias seguirá en alza aunque el costo pudiera disuadir a algunos, lo que tendrá escaso o nulo efecto en la cuenta de resultados. ¿Bajar algo los precios supondría mejor alternativa para aumentar una parroquia que caso de subirlos podría pensar en buscar otro bareto? Pues como habrán comprobado y pese a lo razonable de la opción, no es lo usual, decantándose por el encarecimiento o servir menos por más.
Vayamos ahora, a diferencia de los anteriores, a negocios con exigüa demanda. Cabría aquí el más por menos con el objetivo de atraer gente, aunque pueda decidirse la inversa: subir precios y de ese modo intentar reducir pérdidas. En cualquier caso, contradicciones o disyuntivas que apuntan a que no es, en general, el volumen de consumo lo que marca las directrices sino el amo del local, característica por otra parte generalizada en el mercado capitalista donde, en aras de mayor rentabilidad, cada quien acostumbra a hacer de su capa un sayo.
En resumen: altibajos en los que calidad o precios de la oferta pueden tener poco que ver con lo que se espera por quienes acuden al local aunque, en el curso del tiempo, terminen por imponerse los altis sobre los descensos a costa de unos adictos cuyo bolsillo sólo experimentará cortos y esporádicos alivios. No obstante, y si apetece la mesita en determinada terraza al ponerse el sol, ¡allá me las den todas!


gracias por estas palabras ! Un tema importante para muchas personas que acuden al bar a menudo.. Antes podria pararme varias veces cada semana e incluso casa dia. El valor de las cosas ha cambiado mucho, no solamente en el precio, tambien en lo que te dan por tus monedas, que tambien son las monedas de «los otros» . Seguramente siguen igual o peor los camareros, propinas incluidas !
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Mallorca es un mercado…
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