De vocación con incierto origen, pasa a convertirse para algunos, con el paso de los años, en obligación autoimpuesta que uno quisiera de vez en cuando soslayar pero, de hacerlo, la mala conciencia te empuja de nuevo a esa actividad que suele plegarse a horario fijo y en la persecución de un final que será, en todo caso, para volver a empezar.
Mucho se ha opinado sobre el porqué y, en muchas ocasiones, las reflexiones de distintos presos de boli o teclado son antagónicas. Placer o castigo inevitable, elección para terminar en obsesión, escribes o por contra el libro te escribe (Hemingway), y puede asumirse como modo de encontrarse y definirse o también, a su través, llegar a ser esclavo de las palabras por huir de la soledad interior. Escribir es modo de trascenderse, de llorar sin lágrimas o cuanto se les ha ocurrido a tantos que dejaron un rastro de meditaciones al respecto. Es por todo ello que, en la pausa de mi nueva novela en curso y a falta de mejor alternativa para un respiro, he querido plasmar en cuatro líneas lo que supone esta servidumbre.
Esfuerzo de concentración para, en la relectura, llegar a la convicción de que no has llegado a lo que querías en forma y fondo adecuados, así que tachaduras, párrafos intercalados, exceso de adjetivos a suprimir, desarrollo impropio y, en el peor de los casos, pagina rota y vuelta a empezar desde el descontento.
Ratos de reflexión, nueva ocurrencia a matizar, relectura del capítulo anterior por si la trama desde aquí hubiera de modificarse o, tal vez, el error viene de mucho antes y el imaginario lector se decepcionaría de seguir en la misma tónica. Y, tras la cena, a la cama para seguir en las mismas, sin que valga recurrir a
Eurípides y su conocido ruego: Bálsamo precioso del sueño, ven a mí. Porque las dudas y esfuerzos, en alguna medida baldíos frente a la página, siguen conmigo. Ha caído la noche y nunca mejor dicho, golpeando mis proyectos; en consecuencia, entre las sábanas a medianoche y con los ojos abiertos, he decidido sentarme para el post. Después, intentaré de nuevo dormir, alejando de mí esta madrugada que ya está al acecho.
Gustavo, ¿Cómo vas a dormir pensando en la forma y el fondo, los adjetivos, la página, el descontento, etc? Es imposible.
Me lo digo cuando por la noche se me dispara el run run. Afortunado tú de poder escribir algo… Yo me debo esforzar en dormir para poder rendir al día siguiente…
¿Sabes que ahora estoy en Oncohematología Pediátrica? Pues eso.
Y en edad de insomnio. Pero tengo mis trucos, y además entreno.
Un abrazo,
Mónica Cholvi.
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MÓNICA: EN ONCOLOGÍA PEDIÁTRICA DE DÓNDE? mE ALEGRO UN MONTÓN DE SABER DE TÍ. UN ABRAZO MUY FUERTE
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En La Fe, en Valencia.
Me trasladé el año pasado. Es un mundo completamente diferente.
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Si un día vuelves a Mallorca, avísame y tomamos un café.
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