De vocación con incierto origen, pasa a convertirse para algunos, con el paso de los años, en obligación autoimpuesta que uno quisiera de vez en cuando soslayar pero, de hacerlo, la mala conciencia te empuja de nuevo a esa actividad que suele plegarse a horario fijo y en la persecución de un final que será, en todo caso, para volver a empezar.
Mucho se ha opinado sobre el porqué y, en muchas ocasiones, las reflexiones de distintos presos de boli o teclado son antagónicas. Placer o castigo inevitable, elección para terminar en obsesión, escribes o por contra el libro te escribe (Hemingway), y puede asumirse como modo de encontrarse y definirse o también, a su través, llegar a ser esclavo de las palabras por huir de la soledad interior. Escribir es modo de trascenderse, de llorar sin lágrimas o cuanto se les ha ocurrido a tantos que dejaron un rastro de meditaciones al respecto. Es por todo ello que, en la pausa de mi nueva novela en curso y a falta de mejor alternativa para un respiro, he querido plasmar en cuatro líneas lo que supone esta servidumbre.
Esfuerzo de concentración para, en la relectura, llegar a la convicción de que no has llegado a lo que querías en forma y fondo adecuados, así que tachaduras, párrafos intercalados, exceso de adjetivos a suprimir, desarrollo impropio y, en el peor de los casos, pagina rota y vuelta a empezar desde el descontento.
Ratos de reflexión, nueva ocurrencia a matizar, relectura del capítulo anterior por si la trama desde aquí hubiera de modificarse o, tal vez, el error viene de mucho antes y el imaginario lector se decepcionaría de seguir en la misma tónica. Y, tras la cena, a la cama para seguir en las mismas, sin que valga recurrir a
Eurípides y su conocido ruego: Bálsamo precioso del sueño, ven a mí. Porque las dudas y esfuerzos, en alguna medida baldíos frente a la página, siguen conmigo. Ha caído la noche y nunca mejor dicho, golpeando mis proyectos; en consecuencia, entre las sábanas a medianoche y con los ojos abiertos, he decidido sentarme para el post. Después, intentaré de nuevo dormir, alejando de mí esta madrugada que ya está al acecho.