DEL NAZISMO AL TRUMPISMO

              Pasados ya más de 90 años volvemos a las mismas, y es que Trump (D.T) es sólo la punta del iceberg: de un EEUU que, al tiempo que pretendía años atrás ser ejemplo democrático, nos ha venido regalando tópicos que pretenden esconder su afán por dominar el mundo. Han sido los principales actores en “Guerras preventivas” o “Intervenciones humanitarias”, como las llamaban, que han supuesto masacres sin cuento hasta llegar a la desmesura verbal y en decisiones de su actual presidente mal que nos pese.

            Se ha bombardeado un país soberano y secuestrado a Maduro – nefasto personaje, por otra parte -, con base en un terrorismo de Estado, el de USA, para el que no hay Derecho Internacional que valga, porque todo se ordena por parte del dictador Trump y su mejor criterio. A Netanyahu carta blanca, unas cuantas naciones próximas que se preparen, léase Cuba, Méjico o Colombia y, en cuanto a la tercera, el actual mandatario de la misma debería “cuidar su culo” por lo que le pueda llegar. D.T a la rapiña del petróleo o las tierras raras de los vecinos y más lejos, porque Groenlandia «la invade o la compra» sin otras alternativas según afirma, y su alianza con Europa, cuestión menor.

             MAGA, al parecer, el principal objetivo si exceptuamos su ansia por, como escribiese Lezama en la novela “Paradiso”, crear coordenadas que converjan en él y, con esa ilimitada egolatría, a por lo que se le antoje. Frente a semejante indivíduo y sus ocurrencias, muchos pensamos que estamos asistiendo a una copia actualizada del pasado nazismo. El alemán consiguió alianzas (Mussolini, entre otros), y éste ya tiene a Milei como amigo. O Abascal por estos lares. Y si los nazis consideraban a los judíos como un colectivo a exterminar (6 millones fueron eliminados), para D.T son los inmigrantes en su país, a los que se propone deportar en orden de 1 millón por año. Y ello por no poner el énfasis en asesinatos policiales que para ése enfermo mental no son tales, y baste con recordar a la mujer muerta de dos tiros en Minneapolis hace unos días.

            En conclusión: un nuevo Hitler aunque en este caso más gordo, sin bigote y con menor sentido del ridículo que su antecesor. Basta con verle bailar frente a las cámaras.

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About Gustavo Catalán

Licenciado y Doctor en medicina. Especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión durante 21 años, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador en la revista de Los Ángeles "Palabra abierta" y otros medios digitales. Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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