DEL SERIO SEMBLANTE A LA CARCAJADA

                          En nuestra relación con otros y más allá de las palabras, semblante y gestos juegan sin duda un importante papel en cómo somos percibidos e interpretados, al punto de que, cuando hieráticos, también los silencios pueden traducir para el interlocutor nuestra posición. Con tales mimbres, la comunicación dispone de recursos múltiples aunque algunos de ellos puedan en ocasiones prestarse a confusión o utilizarse para el engaño.

                       Por supuesto, la seriedad será adecuada en determinadas circunstancias, pero un exceso podría contagiarse al modo de ser e impedirnos la sintonía que desearíamos. Algo parecido ocurre con la sonrisa. En este caso, el significado puede ser asimismo incierto y tanto expresar disfrute como ser utilizada para ocultar y disfrazar opinión o intención, porque todos sabemos y hemos asistido – cuando no empleado- a las conocidas sonrisas para la galería o bien esas otras que en lugar de júbilo implican desprecio.

                     Por todo ello, y dada la polivalencia de seriedad o sonrisa, he llegado a pensar que únicamente la carcajada se libra de eventuales sospechas de impostación, porque su génesis requiere de un estado de ánimo difícil de ser falseado.

                    Es fácil utilizar la faz a conveniencia y mantener de mejillas a pómulos y labios en la posición que mejor convenga, pero dar voz a la sonrisa y emitir esos sonidos, incontenibles, que lleva aparejados la carcajada, pertenecen a una dimensión distinta que supera en ocasiones la voluntad para hacerse emisora del sentir sin trampa ni cartón, al extremo de que en el Olimpo, según Homero, sólo resonaban las carcajadas de los dioses y, por otra parte (Aristóteles), el hombre es el único animal que ríe. En cuanto a mí, no recuerdo época o motivo de mis últimas risotadas, así que daría algo para que menudeasen los estímulos que me hicieran avanzar más allá del ocasional semblante risueño. Y es que, como digo, no creo que haya nada más sincero que las carcajadas. Ni mejor para fundir, por un rato, la carcasa que demasiadas veces nos envuelve.

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About Gustavo Catalán

Licenciado y Doctor en medicina. Especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión durante 21 años, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador en la revista de Los Ángeles "Palabra abierta" y otros medios digitales. Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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