Y nada que ver el título con Arias Navarro y la satisfacción que nos produjo a muchos el oír aquello de «Españoles: Franco…».
El pasado jueves 5 de marzo murió a los 83 años Antonio Lobo Antunes, uno de los dos escritores portugueses de mayor enjundia junto a Saramago, el único Premio Nobel de su país y con el que por cierto se llevaba fatal. Nacido el 1 de septiembre de 1942, casado dos veces y con tres hijas, era psiquiatra especializado en Londres y ejerció como teniente médico a lo largo de 27 meses durante la guerra de Angola, donde había ido para cumplir con el servicio militar en 1971.
Hombre huraño, melancólico y reservado, compatibilizó su profesión con la escritura de novelas y artículos periodísticos (en “Público”, de temas varios y con su habitual estilo, entre irónico y triste) hasta 1985, año en que decidió dedicarse a la literatura en exclusiva.
Su primera obra data de 1979 (“Memoria de elefante”, traducida en España en 1992), y el mismo año la segunda, “En el culo del mundo”, sobre sus experiencias en la guerra de África. Con la 5ª, “Fado Alejandrino” (Premio Camoes 2007), se proyectó internacionalmente y siguió su prolífica producción de una obra anual hasta alcanzar las 32. Entre las más conocidas, “Manual de inquisidores” (1996), en la que narra la época fascista en Portugal bajo el mandato de Salazar y con diversos personajes cuyas vidas dibujan la angustiosa situación vivida;
al año siguiente “Esplendor de Portugal”, sobre la descolonización de Angola y los problemas que llevó aparejados o, en 1999, “Exhortación a los cocodrilos”, según el propio autor la mejor de las publicadas hasta entonces.
He leído varias de su acervo: “No entres tan deprisa en esa noche oscura”, “El archipiélago del insomnio” (2010), “De la naturaleza de los dioses” (2015)… Porque Lobo Antunes, cuando conocido, termina por apresar y así me sucedió también con sus artículos recopilados en el “Libro de crónicas”,
algunos de los cuales ( “Las personas mayores”, “Dormir acompañado “, “Retrato del artista cachorro “…) inducen a una mezcla de sentimientos entre reflexiones y sonrisas. Una vasta producción que, por desgracia para sus muchos lectores, terminó desde que, unos años antes de su final, fuera presa de la demencia.