PARA OPINAR, PARTIDO/A EN DOS

                    Lo cual no supone que uno tenga que estar en permanente pugna consigo mismo, pero limitar la perspectiva hace de nuestros juicios exponentes de una subjetividad que demasiadas veces falsea la realidad, por más que esta tampoco sea la misma para todos. Opinar debería subordinarse a condicionantes varios: adecuada formación para el abordaje del tema en cuestión, dejar a un lado cualquier creencia o la ideología como sustento de la postura que se adopte y, en lo posible, prescindir de entusiasmos u otras emociones que puedan conformar nuestra posición.

                Todo lo anterior, la permeabilidad a aproximaciones alternativas y como principal objetivo la pretensión de un mejor entender, serían requisitos necesarios para una valoración última por nuestra parte digna de ser tomada en consideración y es que, bajo mi punto de vista, el intentar asumir y considerar, junto al propio, los criterios discordantes pero debidamente argumentados, procura cuando menos un plus de credibilidad y honestidad a las conclusiones, sean estas las que fueren.

                Bastante de lo citado se alcanza en la madurez o, si más no, sería lo deseable, y a título de ejemplos, los hay diariamente hasta decir basta por agotamiento. La inmigración y su defensa o cuestionamiento, coexistencia de idiomas distintos y el oportuno manejo de ellos por las leyes dictadas al respecto, la discordia sangrienta entre Hamás e Israel de la que no se alcanza a atisbar su final, una masificación turística hasta el agobio pero con aporte de pingües beneficios o, por no alargarme en demasía, las tribus amazónicas en riesgo de extinción por unos cultivos de caña que amenazan la selva y a un tiempo son base para la supervivencia de tantos agricultores. ¿Límites? ¿Matices? Sin duda y mucho más, al extremo de que, tal vez, Flaubert no estuviese del todo equivocado al afirmar que la ambición por concluir no pasa de idiotez; muy en la línea de mi admirado y ya fallecido Wagensberg: Sólo se puede tener fe en la duda. Aunque ello no haya de ser óbice para seguir persiguiendo la objetividad hasta donde nos sea posible.

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About Gustavo Catalán

Licenciado y Doctor en medicina. Especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión durante 21 años, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador en la revista de Los Ángeles "Palabra abierta" y otros medios digitales. Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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