SIN EL “PERO” EN MEDIO, PERÒ

                   Es sabido que el orden en el lenguaje, las palabras en el lugar adecuado de la oración (nada de rezo, que el asunto no va por ahí), hacen posible la comunicación sin tener que darle vueltas a lo escuchado, y ello es evidente en el caso de adversativas. Los “aunque”, “sin embargo”, “sino”, “no obstante” o “pero”, anteceden a lo que seguirá, una oración coordinada y ponen a veces en solfa lo previo, de modo que colocar el “pero” al final y acentuado en la o, como se hace a veces en Baleares, pospone la intención y despista a un oyente foráneo que esperaba mayor claridad.

                              La posición de esa conjunción adversativa como cierre, no es exclusiva de algunos isleños y ahí tenemos el inglés con su ocasional tough, también como colofón. Pero el però que oigo por aquí solo hace que prolongar la eventual contradicción o un posible malentendido, y retrasar el cambio de sentido como si fuera una señal de tráfico mal situada. No estoy seguro de explicarlo bien. ¿Me entienden, però?

                      Tal vez, quienes así se expresan, lo pongan al terminar para no liarla a medio camino, y aquí van algunos ejemplos: “No lo sabía. Me lo dijo, però”, “Esperaba más. Se acabó, però”, “Se encontraba bien. Ahora está muy enfermo però”. No me extrañaría oír cualquier día, en vez de ocurrencias de perogrullo, de grulloperò, y es que las modificaciones pueden dar para mucho si ventajas e inconvenientes pasan a segundo plano. Aunque algunos puedan no estar de acuerdo, però. En mi opinión, los peros deberían ocupar el lugar acostumbrado sin peros que valgan, aunque para mantenernos hasta el final de lo expresado con el alma en vilo, nada mejor que concluir con un però. Aceptaré los disensos, però.

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DE ESCAPARATES Y MARUJAS

                        Tras un somero vistazo desde el exterior, a ellas les encanta entrar en muchas de las tiendas que flanquean el paseo mientras los acompañantes masculinos, de haberlos, suelen permanecer fuera: las manos en los bolsillos, la mirada perdida o sentados y fumándose un piti en el cercano escalón. Es lo habitual, pero ni les cuento si es tiempo de rebajas: en tal caso, la tienda es un imán que las arrastra a su interior sin oposición que valga. Me ha dado por contarlo ya que es lo habitual en muchas de las calles comerciales que transitamos juntos, así que el tema me concierne y, tras la reiterada experiencia, me dio el otro día por listar algunos de los objetos que atraían su mirada al tiempo que buscaba, en las inmediaciones del comercio en cuestión, el mejor lugar en que esperarla.

                  Escribía Flaubert que cualquier cosa se vuelve interesante sólo con que la mires (se refería a la mirada de tu compañera en ese rato, supongo) el tiempo suficiente, y la relación de escaparates con imán era, por lo que comprobé, de lo más variopinta e imprevisible: zapatos y zapatillas, vestidos varios que acabarían quizá olvidados en los armarios, tacitas y tazones, lámparas o colchones, sortijas entre otras baratijas, ropa interior o, lo que es aún peor, prolongadas detenciones en cualquier chiringuito por lo baratito…

             Cuando al poco le conté la experiencia rimada a mi nieto (12 años, y otro que el del piano, al que aludí semanas atrás), su comentario fue inmediato:

– Son marujas – respondió -. ¿También ella? – se refería a su abuela.

– Pues no lo sé, la verdad… ¿Qué es una maruja? -le pregunté.

-La que está siempre con el abanico  -precisó- y, cuando se levanta, se parará para entrar en cualquier sitio. Sobre todo si ha visto un cojín.

– ¿Y por qué un cojín?

– ¿No te has fijado? Cuando están sentadas y abanicándose, dicen siempre que la silla es muy dura y estarían mejor con un cojín. Es por su culo…

                   Sonreí, me limité a decirle que parecía muy observador y que a partir de entonces prestaría más atención a los cojines y su reclamo. Estaré a ello en un futuro, aunque creo de entrada que al niño le sobraba razón. Mucha maruja, entrañables marujas…

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ESO PASA

  -Guerras sin horizonte y miles de niños masacrados, un dictador en la democracia más antigua o reuniones multinacionales para acuerdos que no se cumplirán…

-Sin embargo, convendría en cada caso que precisaras más.

  -¿Precisar qué? Contradicciones y paradojas siguen a la orden del día y, sin ir más lejos, fijaos en lo que sucede en nuestro entorno próximo y ya me contaréis: gerentes de hospitales sin la menor experiencia, el ministro de educación que empleaba su tiempo libre en excursiones en lugar de leer, o el del Centro de ética de no sé qué, ha sido procesado. ¿Queréis más?

-Estás cogiendo el toro por los cuernos…

-Pues del toreo y sus presuntas restricciones, ¡para qué hablar! Pero sigo: nos gobierna alguien sin otro mérito que el apellido heredado, los debates políticos tienen como principal objetivo hacerse con la poltrona, y nuestros dineros dilapidados en proyectos más que cuestionables. Se restringe en algunas ciudades el consumo de agua al tiempo que se siembran margaritas en playas de arena que se riegan con goteo, y tanto quejarnos de la masificación turística pero se amplían puertos y aeropuertos. ¿Es que no os dais cuenta?

-Sólo citas, sin considerar razones. Lo que a ti te pasa es…

-¿No os basta? Okupas viviendo del momio mientras esperamos nueva legislación al respecto, los crímenes machistas a promedio de uno por semana desde hace años y, como remedio, el día de duelo. O el Ministro de Medio Ambiente pasando por alto la legalización de viviendas en suelo antes protegido. Todo sabido, pero los seguís votando y ancha es Castilla. -¡Estás chocho, viejo! ¡Siempre quejándote! Y no pararás hasta hartarnos. Una y otra vez con el mismo rollo hasta que empieces como de costumbre con tu lumbago y que el médico ya no acierta por dónde tirar. La verdad es que entre las corrupciones o tus dolores, ya no sabríamos de lo que escapar. ¿Puedes cambiar de temas?

-Pues bueno. Si os empeñáis… Hace unos días que, además de la espalda, tengo diarrea…

-Hablemos del tiempo. ¿Otra caña?

-Yo un agua. Para la pastilla. ¿Y queréis la última? El emérito ha denunciado a uno, pero todas las denuncias contra él, sobreseídas. ¿Más, o preferís las almorranas que me han salido a consecuencia de lo que os cuento?

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MARTILLEADOS CON LO PEOR

                                              En mi opinión, los noticiarios inducen, cuando escuchamos o leemos, a transformar nuestro día en noche que se antoja la última: un anticipo del fin. Consiguen sumergirnos en la angustia, e ignoro si lo hacen de forma involuntaria o se trata de estrategia capitalista para, en los intervalos entre esos descorazonadores sucesos que mayoritariamente describen, inducirnos a una actividad compulsiva: trabajar más, sin descanso, como el mejor modo de huir y olvidar lo que sólo es parcial anuncio sobre cuánto de terrible queda por venir.

                    Hay sucesos y situaciones que invitan al optimismo, por supuesto, pero no suelen ser frecuentes entre ese aluvión informativo con que nos desalientan.España es la 4ª economía europea, vivimos más y nuestro sistema sanitario se cuenta entre los mejores del mundo, pensiones consolidadas, avances sustanciales en el tratamiento de los cánceres, las mujeres van alcanzando un status de igualdad… Pero lo que prima no son datos que procuren satisfacción o cuando menos tranquilidad, sino todo lo contrario. Las aguas del mar se calientan, el hielo se derrite y la sequía convertirá a no tardar el planeta en un desierto esférico; la Covid podría ser anticipo de las terribles pandemias por venir, asesinatos detallados, violencias sin cuento y hasta apagones masivos o el robo del cobre quizá sean oscuras estrategias de quienes gobiernan o así lo han sugerido algunos. Muchas especies en peligro de extinción y los inmigrantes, de vuelta a casa si no se ahogan. Amenazas nucleares en el horizonte, miles de niños masacrados, alquileres inasumibles y aranceles como bofetadas. Aunque tengamos un nuevo Papa. ¿Con él en candelero, respiran ya mejor?

                  Porcentualmente, la información no induce a la esperanza por más vueltas que le demos, socializar será contribuir a la insoportable masificación, y buscar un rayo de luz es empresa cada día más difícil. ¿Podrían planearse inversiones otras que en defensa, en el domicilio algo mejor que un kit de supervivencia, y sugerencias alternativas desde otros cerebros que los de Feijoó y acompañantes? ¡Pero si hasta el vagabundeo de la imaginación choca con Trump (Tramp = vagabundo en su idioma), Putin o Netanyahu! Y para postre, ¡Melon-i! Frente a todo ello, ¿qué actitud adoptar? Porque mirar hacia otro lado nos llevará a más de lo mismo, y con la constante indignación se hace difícil alcanzar la deseable serenidad, lo que podría explicar que en este país ya sean más de cuatro millones los diagnosticados de depresión. Tal vez, como dijera alguien, sólo nos quede cantar. Responsos, si hemos de atenernos a la mayor parte de lo que nos transmiten.

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UNA VEZ CONSEGUIDO, ¿POR DÓNDE SIGO?

                  Tras el espectáculo musical que mi nieto organizó hace un par de semanas en el Café Concierto La Movida (Palma de Mallorca), pude escuchar las reflexiones que grabó al día siguiente y en las que, entre otras cosas, se preguntaba cuál podría ser un próximo proyecto que no alcanzaba aún a perfilar. Pese a estar orgulloso de lo conseguido hasta entonces, estaba preso de dudas e inmerso en un vacío desde el que no atisbaba con claridad otra meta por la que luchar y, entre el eco de sus divagaciones, me pareció que sentía aquel frío que es el dolor de creer / que nunca volverá el calor.

                 «¿Cómo superar lo hecho hasta aquí? ¿A qué nuevo objetivo entregarme?». Sus sentimientos parecían lastrar -que no enterrar- la voluntad de continuar en el empeño de hacer de la música su asidero vital, y el lanzarse a lo desconocido para encontrar lo nuevo, en palabras de Baudelaire, pesaba mucho de entrada en su conciencia o así lo interpreté. Sus vacilaciones encontraron eco en mí porque en ocasiones he experimentado parecidas sensaciones y, por lo que sé, es común en ciertas dedicaciones a actividades creativas: pintores o escritores, investigadores de áreas varias e incluso en la cotidianidad y bajo determinadas circunstancias, podemos cargar con interrogantes que esparzan neblina sobre el camino proyectado de antemano.                  “Mejor quemarse que oxidarse”, pensé que podría decirle cuando nos viésemos, pero, ¿entre qué llamas?, quizá respondiese, y tal vez no hallaría el modo de sacarle del atolladero sin otras herramientas que las palabras. El caso es que sus divagaciones me emocionaron y la actitud que explicitó, tras un éxito que es siempre pasajero, me han llevado a estas líneas. Me sentí muy identificado con él como ha ocurrido en otras ocasiones y pese a nuestra diferencia de edad, porque él ha iniciado el trayecto en el que hacerse y yo estoy ya de regreso del que emprendí décadas atrás. Sin embargo, cuando nos veamos no omitiré un “Adelante y, si te equivocas, vuelta a empezar”. Y es que, de haber afición como la que a él le embarga, no hay barrera que impida un nuevo salto en pos de la satisfacción. Aunque tiemblen las piernas.

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