Es sabido que el orden en el lenguaje, las palabras en el lugar adecuado de la oración (nada de rezo, que el asunto no va por ahí), hacen posible la comunicación sin tener que darle vueltas a lo escuchado, y ello es evidente en el caso de adversativas. Los “aunque”, “sin embargo”, “sino”, “no obstante” o “pero”, anteceden a lo que seguirá, una oración coordinada y ponen a veces en solfa lo previo, de modo que colocar el “pero” al final y acentuado en la o, como se hace a veces en Baleares, pospone la intención y despista a un oyente foráneo que esperaba mayor claridad.
La posición de esa conjunción adversativa como cierre, no es exclusiva de algunos isleños y ahí tenemos el inglés con su ocasional tough, también como colofón. Pero el però que oigo por aquí solo hace que prolongar la eventual contradicción o un posible malentendido, y retrasar el cambio de sentido como si fuera una señal de tráfico mal situada. No estoy seguro de explicarlo bien. ¿Me entienden, però?
Tal vez, quienes así se expresan, lo pongan al terminar para no liarla a medio camino, y aquí van algunos ejemplos: “No lo sabía. Me lo dijo, però”, “Esperaba más. Se acabó, però”, “Se encontraba bien. Ahora está muy enfermo però”. No me extrañaría oír cualquier día, en vez de ocurrencias de perogrullo, de grulloperò, y es que las modificaciones pueden dar para mucho si ventajas e inconvenientes pasan a segundo plano.
Aunque algunos puedan no estar de acuerdo, però. En mi opinión, los peros deberían ocupar el lugar acostumbrado sin peros que valgan, aunque para mantenernos hasta el final de lo expresado con el alma en vilo, nada mejor que concluir con un però. Aceptaré los disensos, però.





















