RECTAS Y CURVAS: DOS MUNDOS APARTE

A diferencia de lo que nos ofrece el mundo, los humanos construimos en líneas rectas: paralelas, perpendiculares y ángulos varios, pero raramente perspectivas curvas. Dejemos aparte el gótico, claro está, ábsides y rosetones, molinos de viento, garitas de vigilancia en alguna que otra muralla o los arcos bajo un puente: excepciones que no hacen sino subrayar, siquiera en la arquitectura de los últimos tiempos, la querencia por lo lineal en contraposición a los perfiles de la naturaleza. Y la notoria diferencia da que pensar.

En verano y con ropas más ligeras, las elipses femeninas certifican lo antedicho y sus ondulaciones suponen una más que atractiva estética frente a los perfiles de paredes y cornisas. Por lo demás, no son sino el ejemplo de un paisaje que huye de lo rectilíneo para mecernos (no sería posible sin el curvo vaivén del arqueo) hasta llevarnos a la ensoñación con sólo la mirada. Desde los pechos de las palomas a las olas y los perfiles montañosos en el horizonte, desde las nubes y los astros a los meandros o los cantos rodados, las curvas se imponen y nos rodean cuando no media la mano del hombre, por lo que cabría preguntarse si, más allá de la menor dificultad que implica trabajar bajo el imperio de las rectas, no habríamos conseguido una distinta y más empática comunión con el entorno de haber optado por replicar las formas que nos vieron nacer, comulgando con ellas y más allá de ruedas o pozos.

La forma es una cárcel, sentenció María Zambrano y, sin duda, las cárceles combadas al modo de lejanos horizontes, senos o nalgas, lo serían menos porque se antoja obvio el hechizo que suponen. Sin embargo, sólo en los comportamientos nos manifestamos a veces contra lo lineal; solemos llegar cansados a la recta final y, por lo que hace a algunos, el recto juicio o la rectitud en el hacer brillan demasiadas veces por su ausencia sin que, desgraciadamente, surja en el curso del tiempo la curva de un arcoíris. Así pues, valga la sugerencia, líneas rectas como las de rascacielos para las interacciones y, para el entorno de ladrillo y cemento, algo más de imitación respecto a lo que existe desde antes que nosotros. Porque lo cierto es que, desde mi ventana, lo visto por encima de los tejados no tiene punto de comparación con ellos y, encima, da alas a la imaginación. De ahí el post de hoy.

Acerca de Gustavo Catalán

Licenciado y Doctor en medicina. Especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión durante 21 años, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador en la revista de Los Ángeles "Palabra abierta" y otros medios digitales. Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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6 respuestas a RECTAS Y CURVAS: DOS MUNDOS APARTE

  1. Rosario Ferrà dijo:

    Pienso que las lineas curvas empiezan ahora a imponerse en la arquitectura ecologica para optimizar la climatización conseguida a traves de esas formas y fomentar el ahorro energético, la lástima es que esas construcciones suelen ser muy costosas para los mortales que nos preocupamos por el planeta, son más baratas las formas rectilineas, pues se crean con un menor esfuerzo. Pero dejando esto de lado, creo que lo de las formas redondeadas crea en nosotros una sensación de paz, protección, como la posición fetal en la que los niños se ponen para sentirse protegidos del exterior, mientras que en un camino una curva nos plantea una sensación de inseguridad pues no vemos que hay tras ella, al contrario un camino recto por un bosque nos permite ver que hay a una distancia considerablemente larga y eso nos hace disfrutar más del paisaje, puede que ahí si nos atrape un ligero temor atávico del que nos cuesta deshacernos cuando perdemos de vista el camino( física como metaforicamente). En fín, que nos gusta que nuestro avance sea rectilineo aunque no nos demos cuenta que siempre encontramos curvas en nuestro camino que nos hacen la vida más interesante. Y ya no me meto en más espirales;)

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  2. Rosario Ferrà dijo:

    No hombre, ¿que dices? entonces no habría tenido que contestarte…. Tus posts generan en nosotros tus lectores nuevas ideas y pensamientos, salímos de nuestro letargo y eso es genial.
    Un abrazo.

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  3. Pilar Bonilla dijo:

    Intensos ambos, y complementarios. Tiene razón Rosario, aunque también es imprescindible la mirada cómplice cómo ha sido su aportación a tu magnífico artículo.
    Disculpad una boutade: Lo primero que me ha venido en mente, con el título y tu alusión a las formas femeninas, ha sido una canción de Antonio Flores “cuerpo de mujer”…el garabato de un niño es tu cuerpo de mujer, rectas curvas curvas rectas imposibles de aprender…Qué cosas, ahora me quedaré con el estribillo.

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  4. Yo también me quedo con el estribillo que no conocía. ¡¡Bieeen!

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