PARA OBSERVAR, SUPONER O DEDUCIR, EL SUPERMERCADO

                     Apuntaba Chesterton, y en muchos casos con sobrado acierto, que somos perezosos de mirada. Sin embargo, quitarnos de encima esa desidia puede procurarnos estímulos varios. Sin duda, prestar atención a nuestro entorno puede fomentar la imaginación y, en el supermercado o cualquier tienda, las actitudes de la clientela son un ejemplo más. Sea como comprador/a o mero acompañante, deambular sin prisas y emplear parte de nuestro tiempo en observar, nos procurará, a través de los gestos y comportamientos percibidos, incentivos para la reflexión y podrán alimentar deducciones que induzcan a la sonrisa, la compasión, interrogantes varios e incluso a la abstracción filosófica.

                  Respecto a los mercados, decía Eduardo Halfon en su libro El ángel literario que los compradores matutinos buscan calidad y, los vespertinos, descuentos. Pero más allá de esa dualidad, en unos y otros podrán apreciarse otras variables por razones múltiples. Los hay de decisiones rápidas, sin vuelta atrás y que se diría obedecen al cumplimiento estricto de lo planeado de antemano, sea en la carnicería o entre envases y paquetes , coliflores o rollos de papel de váter por recordar los tiempos de pandemia. Por contra, en ocasiones podremos asistir a arrepentimientos encadenados y a la búsqueda de una excelencia que tal vez sólo exista en su cabeza. Veremos al seguro de sí mismo o al de más allá ensimismado, un tercero dubitativo (la incertidumbre frente a la complejidad del entorno, en palabras de Wagensberg) y ese otro subordinado a decisiones ajenas.

                 Alguno/a habrá ansioso por escapar, de lo que parece castigo, junto a quien se diría capaz de hacer de las compras fuente de placer. Coexistiremos, a poco que nos fijemos, con personalidades meticulosas (“No me lo corte tan grueso. Quíteles los bordes; sí, pero con cuidado…”) o el/la que parece andar en busca de una quimera. Quizá nos topemos con el imitador, algún que otro pillastre con bolsa o bolsillo a punto si no se cree vigilado o quien debe seguir, cojeando por la artrosis u obligado a rascarse mientras espera turno. Sea como fuere, y si hemos dejado la introspección por el interés hacia los otros, saldremos con algo más que la cesta de la compra: sugerencias y atisbos para siquiera entretener, con ellos, los ratos de insomnio.

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About Gustavo Catalán

Licenciado y Doctor en medicina. Especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión durante 21 años, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador en la revista de Los Ángeles "Palabra abierta" y otros medios digitales. Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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4 Responses to PARA OBSERVAR, SUPONER O DEDUCIR, EL SUPERMERCADO

  1. Avatar de Cati Colom Llado Cati Colom Llado dice:

    Si viera como me és un gran apuro ir a un super grande como mercadona etc,casi siempre comprás más de lo que necesitas,añades alguna cosa que no es menester en el carro.Me acuerdo y añoro aquellas tiendas de barrio,teniendo de todo un poco,con aquel olor de café,vino etc.Todo a cambiado D.Gustavo!!!.

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  2. Avatar de pilarboni Pilar Bonilla dice:

    Menudo asombro me has causado. Un tratado filosofal sobre un tema tan cotidiano, e incluso mayoritariamente obligatorio por necesidades, que hasta me entero que comprar en mañana o tarde tienen objetivos tan dispares.
    A mi dame los mercados, dónde ahí si que me resulta agradable y placentero…Los supers los no perecederos.

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  3. ¡La filosofía del super…! No había caído. Besos.

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