Frente al supuesto planteado, vengo recibiendo respuestas de lo más variopintas y que responden a sueños, frustraciones o querencias, aunque muchas veces – como advierto al final – echo en falta lo más importante: la pregunta obviada que hace evidente la cojera en cualquiera de los proyectos que me exponen y certifica, como en otras ocasiones, que los planes pueden terminar en nada no sólo por incompetencia sino, muchas veces, por falta de previsión.
En cualquier caso, las contestaciones varían según el talante del interrogado/a: dejaría de trabajar y me dedicaría a viajar. Cambiaría todo: de ciudad y de coche. Me pasaría lo que me quede rascándome la barriga. Aseguraría una vida placentera a mis hijos. Me compraría una casa con piscina y jardín en las Bahamas. Montaría una ONG para repartir buena parte de lo ganado entre los más necesitados. Seguiría como hasta ahora pero ni te cuento en las vacaciones…
Como podrán deducir, las intenciones dicen mucho sobre el examinado/a; castillos en el aire o sólo a ras de suelo, egolatría a veces, generosidad otras… Sin embargo, no es frecuente escuchar decisiones más económicas: que lo primero sería poner climalit en las ventanas, cambiar el plato de ducha o regalarse un buen restaurante, y es que resulta excepcional que, como primera cuestión y sugería al comienzo, se inquiera sobre la cuantía de lo percibido, es decir: ¿de cuánto estamos hablando?
¿Unos cuantos millones, los 30.000 del cupón de la ONCE entre semana o el reintegro de Navidad? Porque de eso se trataría: con qué se cuenta para empezar. De no ser así, y tras hacerlo notar una vez verbalizadas las ilusiones, probablemente asistiremos a una cabezada de asentimiento o el consabido “Bueno: es que yo creía que…”.
Algo parecido sucede, como ustedes mismos habrán comprobado, en otras circunstancias, lo que convierte todo lo anterior en simple metáfora. Es patente entre los políticos y sus demasiadas veces quiméricas promesas electorales, los proyectos acariciados junto a la decisión de cambiar el estado civil o, caso de los creyentes, lo que esperan tras el traslado al más allá. Y si bien podría aducirse – con Juan Gil-Albert – que quien apunta alto fracasa dignamente, no es menos cierto que dicho fracaso podría muchas veces soslayarse si se conociese de entrada el terreno a pisar, lo cual, por ende, es signo inequívoco de coherencia. De haber caído en ello desde Trump a Feijoó, expolíticos (Pablo Iglesias, Rivera…) o muchos de quienes decidieron invertir en bitcoins, otro gallo les cantaría. A los citados o a quienes han tenido que sufrirlos durante sus euforias, sin que se pregunten si les habrá caído el gordo o únicamente un mísero reintegro.

Vale. Lo digo. Sólo juego a euromillones, cuando hay mucho bote y solo una apuesta. ¿Para qué más? Si el karma es que toque, pues eso. A una. Me da pereza confirmar científicamente que tengo una opción entre unos 72 millones, lo que viene a ser casi cero (casi algo es no algo, en este caso nocero). Pero si tocara, podría tocar mucho y pondría una orquesta de primera, fundación lo has llamado, a curar el (los) cáncer(es). Creo que han hecho algo parecido ya en Francia o sea que se puede. Castillos en el aire, lo llamas, y lo son, pero es que para el climalit y los restaurantes (aunque tiendo a frugal) nos da de sobra con lo que nos paga Osakidetza. ¿Cuánto? preguntó un hijo. Más de lo que necesitamos pero menos de lo que nos merecemos. Un fuerte abrazo Ramón
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Me gusta tu comentario, Ramón, aunque no te identifico. Supongo que vives en Euzkadi, ¿no?
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Perdón. No suelo ir de anónimo y me he despistado al enviar el comentario. Soy Ramón Barceló, profe en la UPV/EHU y oncólogo médico añoso en el Hospital de Basurto. No te suelo decir cosas, pero te leo con asiduidad y disfruto con tu blog. Gran mérito, quedan pocos ya. Aunque igual un día resurgen, como los vinilos.
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Ramón: muchas gracias por leer los post. ¡Ojalá hubiera más como tú! Podríamos escuchar vinilos en alguna reunión… Un abrazo, colega.
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Pues yo, como Ramón, solo juego y, repartido, un décimo de lotería de Navidad…por eso que no ocurra que toque a mi alrededor.
Está claro que dependiendo de la cantidad, que sería mi caso, te habría respondido sin grandes sueños e ilusiones, obviamente.
Pero me alegra muchísimo, cuando he visto noticias cuando tocan millones en zonas humildes, y lógico que sus propósitos sean muchos de los que has escrito.
Felices Fiestas y besazossssss
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A ver si hay suerte… Buenas fiestas, a pasarlo bien y la ingesta con moderación. Hablaré de eso la semana próxima. Besos.
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Muy buen escrito,pues la verdad con tantos millones ,no sé que haria,quizás como soy muy amante de los animales,poner una especia de residencia para perritos abandonados,y cuidarlos como se merecen.No sé de momento no me lo planteo,ya veremos si cae algo.Le deseo muy felices fiestas D.Gustavo,y que el año que entrará nos deleite con sus maravillosos post.Un abrazo,soy Cati Colom.
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Gracias por todo Cati, y a pasarlo bien. Un abrazo.
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