Como sabemos todos, es ineludible el pensar aunque nunca nos parezca suficiente con todo un mundo en derredor por descubrir. Y por si no bastara con tantos estímulos que nos sobrepasan, mucho de lo que entra se va, aunque nos pese. No me refiero al pensamiento, muchas veces a su aire y de difícil control, sino a ideas, emociones o conclusiones trabajadas que quisiéramos trenzar para hacer con ellas una madeja inasequible al deterioro o, más allá, inmune al olvido. Suelen permanecer, si se trata de reflexiones, cuando existen contradicciones y andan a la greña pero, alcanzada la paz entre ellas, el tiempo puede apagarlas hasta desaparecer bajo nuevos aluviones que se sobreponen a las antiguas o las descontextualizan al perder sus asideros: los referentes que las mantenían.
De ahí los esfuerzos, quizá baldíos, con que intentamos mantenerlas: nemotecnias o revitalizaciones en la duermevela de ese almacén que puede estar lleno como ocurre en ocasiones con el parking de vehículos o los armarios.
Ya no hay más espacio o lo guardado debería ser interpretado a tenor de nuevas circunstancias, así que sólo cabe el Make room, que diría un angloparlante: haced sitio , aunque si uno tuviera que acordarse de todo tal vez explotaría porque, como escribiera Nietzsche, sin olvido no hay manera de vivir.
Bien es cierto que ciertas ideas pueden ser eliminadas para curarse en salud, porque las hay impostadas, fruto de manipulación interesada y ajena a nuestra voluntad, metidas con calzador o crecidas a expensas de otras con mayor respaldo. Sin embargo, los límites de la memoria ejercen de disparadero para el desaliento, máxime tras el resignado “Sí, ya lo había pensado. ¿Cómo era?”.
El caso es que a veces me digo que ojalá, a diferencia del armario ropero, pudiese archivar sin límite alguno, en una especie de Google neuronal. Pero no creo que vaya a ser posible ni siquiera con las nuevas tecnologías, así que sería oportuno concluir que a lo vivido o hecho, pecho; mejor en el cómodo lecho para correr la cortina sobre la desmemoria y durante estas fiestas, como paliativo, lecho…na. Aunque no deja de preocuparme que, en lugar de ideas para afianzar la presente digresión, sólo se me ocurran ripios traídos por los pelos.


Gracias! Feliz año!
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Igualmente, Birgitta. Y a por los 100 siguientes.
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Bastante cierto
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No me puedo imaginar tener la facultad del no olvido. De hecho, cómo dices, por querer tener un cierto equilibrio, de forma voluntaria he optado por no «archivar» información que considero innecesaria.
Un tema para una buena tertulia más larga que un sencillo comentario.
Y magnífico cómo lo has desarrollado.
Feliz Año. Y un abrazo laaaargoooo
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Y que los reyes sean generosos contigo. Un abrazo
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Well, cuando hay una familia extensa y con unos cuantos infantes, los mayores nos conformamos con un amigo invisible…pero muy divertida la noche.:)
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