La comunicación entre nosotros no es únicamente verbal o gestual sino que, en el día a día, sonidos varios trasmiten opiniones, estados de ánimo o sensaciones. A ese respecto, creo que seguimos cerca de nuestra primitiva animalidad, tampoco superada, como venimos comprobando -Putin o Netanyahu mediante- en otros comportamientos.
Ahí tenemos el “¡Ah!” de la comprensión o el “¡Oh!” de la sorpresa, “Brrr” para traducir el cabreo, un “Chsss” pidiendo silencio y resoplidos varios, largos o explosivos, para expresar hastío. “Jo” para obviar el taco, un sordo ronquido como anticipo de agresión, el “Uuff” de cansancio, “Pssse” para el desprecio o la lengua tintineando tras los dientes como manifestación de desacuerdo. Sin embargo, mi observación de hoy ha surgido porque, desde hace un tiempo, me viene llamando la atención, sea en TV o por la radio, ese “Mmmm” con que la mayoría responden al ser preguntados por su opinión sobre el alimento que les han ofrecido para probar. Desde chefs a un comensal cualquiera, y sea periodista el interrogado, político o pastor de cabras, la alabanza por el sabor se traducirá indefectiblemente en el consabido “Mmmm”.
¿Por qué la dichosa eme prolongada, en lugar de batir palmas o expresar con palabras su sensación? Quizá porque no puedan encontrar las adecuadas para una absoluta satisfacción y creen que la verbalización se quedaría corta frente a ese “Mmmm”. Mmmáxime si, encima, unas facciones cuasi orgásmicas lo acompañan. En cualquier caso y vista la generalización del sonidito, a partir de ahora estaré atento a cualquier otro con que ampliar el listado. ¿Qué les parece? ¿Se sienten llamados a lo mismo? Y por favor, no vayan a responderme con un “Mmmm” como si les hubiera dado a probar mi ocurrencia. Aunque el “Pssse” o un resoplido serían sin duda peor interpretados.



wow!! 81LA TERAPÉUTICA MUNDIAL, POSPUESTA SINE DIE
Me gustaMe gusta