Si, como dijo alguien, vivir es ver volver, en mi caso tengo la existencia bien apuntalada porque los días de entonces suelen revivir sin el menor esfuerzo y aureolados de placentera añoranza. He vuelto a la ciudad ampurdanesa desde mis ulteriores residencias en numerosas ocasiones porque allí quedaron, a más de mis años mozos, padres y hermana hasta su final. Pero hoy quiero subrayar que en cada regreso a la Figueres de mi juventud, la visita al Instituto Ramón Muntaner ha sido una obligación impuesta por la nostalgia de aquel mundo de ayer que permanece igual, al visitarlo décadas después, que cuando me regresa desde la distancia regalándome la dicha de un pasado que guardo con mimo.
No sé cuanto habrá de cierto en que, como escribiera Max Aub, el hombre es de donde hace el bachillerato, pero algo debe ocurrir porque yo me siento atado al lugar y rejuvenezco con su recuerdo. No es sólo el edificio, sino aprendizajes, sensaciones y emociones vividas en él y algunas por primera vez. Sus dos patios interiores para los recreos por separado chicos y chicas, y la discriminación continuaba en clase: ellas en las filas delanteras y nosotros detrás, aunque pugnábamos por ocupar la primera de las que nos correspondían y poder así poner la palma de la mano sobre algún asiento de la última que ocupaban nuestras amigas, esperando que alguna se sentara sobre ella inadvertidamente y el roce de su nalga premiase la mañana. ¡Encantadoras todas! (y no me refiero, con perdón, a los traseros). Montserrat Fortunet, Carmen Castelló, Adela Garrido, Luisa Romero, Teresa Llistosella… Con alguna he seguido en contacto Internet mediante, y otra, por seguir con las emociones primeras, me despertó por entonces la testosterona cuando en la oscuridad del cine Edison y a media peli, me atreví a acariciar su rodilla por primera y última vez.
Yo, el 2º por la izquierda Yo, el 1º por la izquierda
Siguiendo con las nuevas sensaciones en aquellos años de la Enseñanza media, supe de la envidia al conocer que uno, Guillén Ordaz, disponía en su casa de cuarto propio para los deberes. Aprendí de las rimas con “Toscano, enano, en tu culo un gusano” y, para el estimulante compañerismo, toda una plétora: con Carlos Cuadras llegué a compartir un piso en Barcelona cuando ya acabadas nuestras respectivas carreras, y me vuelven, a poco que lo piense, Carlos Frigola, Xambó, Merino y los Barahona, Modesto Moral, Ruiz Solanes, Viarnés, Iglesias Noguera, Fontdecaba e Insa Auladell… Por lo demás, permanecen en la memoria los profes de entonces y sus singularidades: pude sobrellevar las matemáticas con el Sr. Cuadras gracias a las clases particulares que impartía; el Sr. Serra, de filosofía, me descubrió un día la represión franquista que sufrió, expulsado de la Universidad, mientras tomábamos un café al que me invitó junto a la Rambla, y la egolatría invadió mi conciencia (por primera vez, que no la última) cuando el Sr. Santaló, de literatura, me instó a dar una charla en clase sobre tribus y fauna de la Amazonia, lugar donde yo proyectaba irme a vivir en cuanto pudiese.
Al terminar el Preu, me decanté por la medicina debido en alguna medida a los modos del Sr. Álvarez, el de Ciencias Naturales, y no quiero dejarme en el tintero a otros enseñantes con buena sintonía: Bastons, Compte, Guillamet, Casulleras o Rodeja…, aunque junto a este último y a pesar de ambos, el dibujo siempre fue un castigo para mí. Con esta última evocación termino unas líneas escritas a propósito de la comida que van a celebrar este mes en Figueres algunos de mis compis de entonces y a la que por circunstancias varias no podré asistir. Vaya, con este post de mis imborrables vivencias en el Instituto, muchas compartidas con ellos/as, un abrazo a todos.



Diría que en ambas fotos donde sales, has confundido «Derecha» con «izquierda». En la primera foto al menos, eres el segundo por la izquierda.
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Sí: lo corrijo…
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Qué fortuna guardar recuerdos tan bonitos de la infancia y de la juventud, eso es impagable!!!
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Pues sí…
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Crónica emotiva fel bachillerato que por largo denso y variado ha forjado muestra personalidad.
Excelente descripción de los profesores y humor mezclado con ternura relatando los compañeros. Las relaciones entre chicos y chicas son distintas a las que yo viví habiendo solo chicos en el aula y en el patio. Pero llegó el preu y el alumnado femenino hixo acto de presencia . Algunas chicas mencionadas no las conocí. La más recordada (por ti y tambien por mi) es Adela, tesoro de simpatía y risa contagiosa. Tambien era famosa por su simpatía Rosa Ma.
Gracias por tu escrito, un recordatorio de unis años adolesdentes y felices.
C arles
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¡Qué años los de entonces…!
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Tinc un record llunyà de l’institut de Figueres on vaig fer l’exàmen de el que llavors es deia la revàlida de 4rt de batxillerat. És possible que coincidíssim aquell any perquè tenim més o menys la mateixa edat
Juli Rifà
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Juli: segur que varem fer l, exàmen junts. Quí pogués tornar enrera…
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