ADOLESCENTES: ¿ADÓNDE IR SI NO HAY COLE?

                    Parece que a los chavales, por copiar la frase de Lezama Lima en su novela Paradiso, les ha llegado el momento de saborear el tedio en estado puro. Me refiero a épocas de vacaciones como la actual, cuando deseos y recursos para la distracción se juntan en el consabido quiero y no puedo. En casa de los padres, un grupo de amigos/as con ganas de jolgorio y quizá alguna que otra novieta/e de por medio, no parece el mejor escenario si hubiera de repetirse en días sucesivos, y la carencia de fondos veta muchas de las posibles alternativas. Con diez o quince euros a la semana, que es lo que reciben muchos de ellos si todo pinta bien, según he sabido, McDonalds o cine por una vez y se acabó, porque frecuentar la terraza de un bar para la charleta se hace imposible sin unas monedas en el bolsillo y, hasta pasados los 16, no hay trabajillo remunerado al que poder acceder.

                      Con esos mimbres, la mayoría de hang out, que diría un angloparlante. A pasar el rato merodeando en cualquier parque si acaso lo hay en las inmediaciones, sentados en un banco y, por la noche, cuidado con poner la música demasiado alta por aquello de no molestar al vecindario. “¿Qué podemos hacer esta tardepueden preguntarse -, o el fin de semana?”. “Pues lo mismo de siempre a no ser que a alguno se le ocurra otra cosa, y yo estoy de paseítos hasta la gorra”.

                 Claro que habrá excepciones, y aficiones que procuren actividades más placenteras pero, para buena parte de ellos, el cierre de los patios de recreo y alejamiento de los amigos durante semanas/meses, dibuja un panorama cuando menos inquietante, de lo cual se deduce que los poderes públicos deberían financiar alternativas para una situación con tantos implicados. En el pasado, recuerdo el cine forum, o una OJE en la que, a pesar de no estar ideológicamente con la Falange franquista, podía accederse sin cortapisas a un local – con billar y futbolín – donde se encontraban muchos de los compañeros. ¿No podrían habilitarse, hoy en día, espacios gratuitos para el juego, piano, guitarra o la mera tertulia? Y bebidas sin alcohol a precio de coste. Locales infrautilizados y propiedad de los Ayuntamientos los hay en la mayoría de ciudades hasta dar vergüenza, y priorizar el bienestar de ese amplio colectivo cuando cierran las escuelas, señores alcaldes, no es una cuestión menor.

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About Gustavo Catalán

Licenciado y Doctor en medicina. Especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión durante 21 años, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador en la revista de Los Ángeles "Palabra abierta" y otros medios digitales. Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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6 Responses to ADOLESCENTES: ¿ADÓNDE IR SI NO HAY COLE?

  1. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Me encanta y totalmente de acuerdo, ya que ha bastado un día de vacaciones para comprobar que cuando no saben que hacer o donde ir siempre hay algún lumbreras que tiene ideas brillantes como vaciar papeleras en parques infantiles o romper las instalaciones, entre otras brillantes y destructivas ideas. No quiero decir que nosotros hayamos sido unos santos a su edad, pero entre liarla parda entre nosotros mismos o cargarnos mobiliario y fastidiar al resto de personal……., está claro que hay otro tipo de evolución en lo que a diversión o aburrimiento se refiere.

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  2. También suceden cosas así…

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  3. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    ¿y los juegos de caja? catan, Carcassonne, aventureros del tren, dixit, take 5, entre otros. El tema es que implica que se junten en la casa de alguien y eso hoy no es lo mismo que antes. Capaz son 4 o 5 a la vez…..pan con manteca y chocolatada para todos?

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  4. El texto expresa una crítica social hacia el abandono de los jóvenes durante las vacaciones, donde el tedio y la falta de recursos económicos limitan su desarrollo social y personal. Además, invita a reflexionar sobre el deber de los gobiernos locales de habilitar espacios gratuitos y accesibles para ellos, apelando a una nostalgia por tiempos en que se ofrecían más oportunidades de encuentro y ocio colectivo.

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