DUDAS SOBRE ENCUESTAS, PREDICCIONES Y CONTAJES

                    Dentro de 20 años, ¿comprobaremos que estaban en lo cierto quienes nos dijeron cuántos centímetros subirá el nivel del mar en dicho periodo, el porcentaje de deshielo en el Ártico o cuál será la reducción de la masificación turística tras las eventuales medidas que se adopten? Predicciones algunas con cierto respaldo, otras menos y para muestra el botón de las recientes elecciones en Francia: iba a arrasar una ultraderecha (la Agrupación Nacional de Le Pen) que finalmente ha quedado en tercer lugar; error parecido al que ha tenido repetidamente y en nuestro país Tezanos, el Presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas, cuando determinaba lo que iba a suceder aquí tras las votaciones en cuestión. En estos días debe estar dando saltos de alegría tras demostrarse que en cualquier lado cuecen habas.

                    Las discrepancias se hacen incluso mayores cuando se informa sobre la asistencia a manifestaciones de toda laya y dependiendo de quién cuantifique su número. Los medios oficiales, sea policía municipal o Delegación de Gobierno, suelen hacerlo contando los participantes durante un minuto y multiplicando por la duración de la recua o, como alternativa, calculando la extensión ocupada y multiplicando (índice de densidad) por ¿2? ¿4? personas/m2. Sin embargo, quienes han organizado la  salida a las calles se inclinan por el aumento y es que, cuantos más, mayor el éxito. En consecuencia, suelen cifrar el número a conveniencia y siempre por encima, de modo que multiplicar por tres y pico parece ser la regla, con independencia de la reivindicación y sea contra la masificación turística o en favor del pueblo palestino. Como ejemplos:

– En favor del orgullo LGTBI en Madrid: 300.000 el Ayuntamiento vs un millón los promotores.

Por la independencia en Barcelona (año 2012): 600.000 el Gobierno vs 2 millones.

                Como puede deducirse, se trata de triplicar o reducir a un tercio según quién lo manifieste: con intención de objetividad o en aras de la perseguida simbología. En cualquier caso y volviendo a lo expuesto en el título, es frecuente confundir encuestas con augurios, conjeturas por sobre las evidencias y opiniones contaminando las estadísticas. En resumen: ¿información contrastable? Pues no sabría decirles, más allá de multiplicar o dividir si de multitudes y cifras se trata.

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ESTUDIAR OTRO IDIOMA: ¿CUÁL Y POR QUÉ?

                   A más de facilitar la comunicación en otros países, ejercita la memoria y es ahora el motivo, llegado a la tercera edad por no decir la cuarta, de que me empeñe diariamente en un objetivo con ese fin y sin final.

                        Puede intentarse con cualquiera de ellos y por ello dudé, meses atrás, en la elección. Pensé inicialmente en alguno que me fuera totalmente desconocido y con buen número de hablantes, así que me vino el chino a la cabeza, aunque lo descarté al poco de visitar una tienda de los tales y escuchar el diálogo entre ellos. Jamás lograría enhebrar tres frases, de modo que de nuevo he vuelto a decidirme por el inglés como ha ocurrido otra media docena de veces en el pasado y, aunque nunca haya superado – siendo optimista – el nivel intermedio, por lo menos me sale un yes o perhaps con cierta soltura, así que, con la mejor voluntad, sigo en la brecha media hora diaria y sin desánimo pese a que mi mujer es capaz de expresarse y entender prácticamente lo mismo que yo, tras haber asistido unos meses a clase hará como cuarenta años.

                    Es la desazón consiguiente, al percatarme de lo anterior, la que me induce a continuar erre que erre (no me atrevería a pronunciarlo en inglés), procurando memorizar palabras inusuales para poner en evidencia los avances siquiera frente a mí mismo,  aunque las olvide al poco y únicamente consigan robarme el sueño en su persecución, así que eso de que si una cosa no hay es el olvido, como afirmara Borges, no pasa de falacia. Y tan inseguro ahora frente al ocasional angloparlante como lo estuve cuando años atrás, ejerciendo de moderador en una mesa redonda, sólo se me ocurrió, al empezar el turno de preguntas, dejar el asiento y esconderme tras la cortina del fondo al sospechar que alguien, de entre la audiencia, podría dirigirse a mí como si fuese Gustav Young (por el nombre). Y espero pudieran disculparme si evitase pronunciar, frente a ustedes, el nombre del personaje en alta voz.

                  Un ejercicio neuronal para mantenerlas vivas, sí, aunque podría haber otra razón que me haya impelido a volver una vez más a ese idioma en lugar de decantarme por el portugués o el italiano, quizá más accesibles dada mi torpeza idiomática, y es que, cuando me meto en los phrasal verbs, de estar lloviendo a cántaros me viene el got-on, el pick-on me sabe a Mojo Picón canario, con el catch-up recuerdo el cachopo de mi amigo asturiano, y repetir put-in o put-on hasta la saciedad, para que no caigan en saco roto, es por supuesto un sonriente estímulo adicional. Máxime si los relaciono al pensar en el líder ruso.

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ESCRIBIR: ENTORNO, HORARIO Y OTRAS COSTUMBRES

                   Hábitos o extravagancias que al parecer, según he leído, precisan/ban algunos para seguir en sus trece o incluso más: darle durante 14 horas diarias en el caso de Balzac, toda la mañana y sin comer (Ondantje), o sólo por las tardes Miyamoto. También los/las hay y ha habido que, en lugar de silla, de pie frente al atril en el caso de Faulkner, Ovejero, Hemingway, Nabokov… Y otros no pueden vestirse de cualquier manera. Alguno ha de ir de negro (Mario Bellatín) para escribir o con la blusa recién planchada (Patricia Highsmith); Rimbaud sin asearse, Keats con la mejor ropa de que dispusiera, o necesitado de un chaleco rojo (Gautier) so pena de seguir contemplando sine die la página en blanco.

                       Cuando yo me pongo a redactar – con pobres resultados las más de las veces -, suelo plantearme en ocasiones si convendría imitar en algo – ya que no en habilidad – a algunos de los consagrados. De ahí la curiosidad por los modos y ambientes que ciertos de entre ellos elegían o siguen haciendo. Kafka trabajaba en penumbra, Fleur Jaeggy precisa de una pared desnuda a su espalda o, para evitar los ruidos, Proust tenía su habitación de trabajo forrada de corcho. Cuando ya en situación, a mano con lápiz o pluma y, todavía alguno, mojando en el tintero que, como alguien dijo, es o era en en su época algo así como una metafórica vagina para el escritor. Por lo que hace al soporte de las palabras, he de averiguar si tendría mejor inspiración de emplear como Proust cuadernos rayados, con tapas de colores (Luís Mateo Díez), utilizase papelitos para el borrador (Pessoa, Robert Walser…) o, por contra, rollos de papel (Kerouac, Ginsberg) que, de fracasar el proyecto, podría emplear en el excusado.

               Si ya sentado frente a la mesa, ¿cervecita con unas almendras? O, tras el tiempo de concentración, ¿a lavarse las manos (Thomas Mann) en una palangana con agua de violetas? Podría deducirse, de todo lo anterior y más en el tintero (ahora sin connotación erótica), que escribir y a un tiempo hacérselo mirar sería oportuno para muchos. Una buena decisión para saber del cerebro más allá de su perseguida capacidad creativa y que a buena parte de los referidos debe/debía impedirles dormir. Efecto indudable de neurosis varias.

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ZOÉ VALDÉS Y SUS, A MENUDO INFUMABLES, POSTS

                  La cubana Zoé Valdés (La Habana, 1959), se exilió a Francia en 1995 y vive entre París y Barcelona tras conseguir la nacionalidad española en 1997. Es novelista, poeta y guionista de cine, siendo de justicia, antes de ponerla de vuelta y media, subrayar sus éxitos literarios. Es autora de más de 15 novelas tras la primera, “Sangre azul” (1987), finalista del Premio Planeta con “Te di la vida entera” (1996), Premio Azorín en 2013 por “La mujer que llora”… Sin embargo, su visceral oposición al régimen de su país (aunque solapada cuando cobraba del Gobierno de allá, antes de marcharse) y el radical extremismo de ultraderecha que manifiesta en muchos de sus comentarios, hacen de ella un ejemplo de maniqueo fanatismo cargado de prejuicios que terminan por poner en solfa su equilibrio mental a ojos de terceros.

                   Apoya a Le Pen en Francia y es explícita admiradora de Abascal, al extremo de que en 2023 fue candidata por VOX a las listas del Senado. No obstante, en su absoluto derecho y nada que objetar de no ser por muchos de sus comentarios en ZoePost.com, blog que recibo a través de Linkedln y del que es fundadora y directora. En ellos subraya demasiadas veces una parcialidad que la define y hace de su pensamiento, sin matices, puro veneno. Como ejemplos, aquí van unas cuantas frases extraídas de sus recientes alegatos: “Esquemas perjudiciales y manipulativos como el socialismo…”, “A muerte con Díaz Canel, el cubano”, “… política contra el presidente argentino Javier Milei” (reprobable en su opinión, ¡cómo no!), “Donald Trump, un patriota, un humanista, un pacificador” (¡Toma ya!), y, siguiendo en su defensa, “El sistema judicial, un arma desleal contra Donald Trump” o «Biden está campana, de la cabeza a los pies» (no así, al parecer, su candidato favorito).

                  Podrán deducir de sus aficiones a ciertos espectáculos porque “Las Ventas, la plaza de toros hasta la bandera”, y por seguir en nuestro país, “El Congreso aprobará la ley de amnistía sin certeza ni control sobre su aplicación” (¿Cómo se habrá enterado?), “El golpe de Estado que perpetúa en España Pedro Sánchez…” o “La mujer del felón que está destrozando España”. Tales son sus contundentes afirmaciones de aquí y allende los mares, así que a no tardar la eliminaré de mi pantalla para siempre, lo que espero sea un alivio para ambos.

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PARA CUIDAR LA CABEZA EN LA VEJEZ, ¡VIAGRA!

                  La enfermedad de Alzheimer (EA) es la demencia más frecuente en la tercera edad y, hasta ahora, sin tratamiento efectivo más allá de alivios sintomáticos que no suelen evitar la progresión. Pues bien: el pasado mes de marzo se publicaba un estudio que, para buena cantidad de varones, supondrá un auténtico bombazo de alegría. Resulta que la administración de Sildenafilo (Viagra), reduciría la prevalencia de la EA entre un 30 al 54% respecto a dos grupos control que recibieron otros fármacos (Espironolactona, Bumetanida…), lo que significa, para los menos avezados en la terminología sanitaria, que tomar Viagra evitaría en muchos la dolencia.

                       La Viagra actuaría, en cuanto a la prevención del Alzheimer, disminuyendo los niveles de proteínas neurotóxicas para las células cerebrales pero, encima, es de sobras conocido su efecto sobre la disfunción eréctil, facilitando la erección del pene, así que los tratados de ese modo podrían olvidarse de repetir la frase con que se lamentaba el Cavaliere en el libro El amante del volcán, de Susan Sontag. “A mi edad, no espero ya el éxtasis”. Pues bien: el éxtasis susodicho parece casi asegurado con el descubrimiento, aunque a los posibles candidatos al tratamiento les quede por saber la frecuencia de administración que, de ser semanal o incluso menor, puede convertirlos en adictos durante el resto de su vida porque ¡ahí es nada!: evitar el marasmo mental y, encima, ¡dispuestos a todo!

                     Parece evidente que, así como hay ensayos terapéuticos con medicamentos que muchos quisieran evitar por sus efectos colaterales, éste en concreto puede inducir a pensar en los tratados que es lamentable el tiempo que se ha tardado en la ocurrencia. No me extrañaría que, próximamente, se evidencie la formación de colas para ser incluidos en nuevos estudios al respecto que confirmen los resultados antedichos, al tiempo que se compruebe cómo aumentan los que acuden a su médico fingiendo síntomas – despistes, dificultades de concentración – que podrían atribuirse al inicio de EA. E incluso habrá quien se plantee la conveniencia de probar el fármaco en casos de resfriado, artrosis o dificultades para conciliar el sueño; malestares también, hasta la fecha, sin consenso terapéutico. ¿Y si funcionara la Viagra? Además, caso de que no fuera así, ¡ahí me las den todas!

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