En nuestra relación con los medios, analógicos o digitales, nos hemos convertido en eso: carne de mercado ya que, como subrayara Tony Judt, el dinero se ha convertido en el único criterio moral y hacerse con él, utilizando cualquier herramienta para engatusarnos y fomentar ventas y consiguientes ganancias, es la regla sin que medie acuerdo alguno. Potenciales clientes todos nosotros y la información, por cualquier vía, el mejor instrumento para introducir con ella una propaganda que favorezca siquiera potencialmente el bolsillo del emisor.
No hay programa de radio o TV que no se emita trufado de anuncios aunque ello suponga interrumpir la noticia o el discurrir de la película en el momento menos oportuno, pero la manipulación no conoce fronteras y se ha hecho también con unas redes sociales en las que se presume privacidad. Violan la intimidad del usuario con ofertas no solicitadas, pueden aparecer en el contador de pasos o la pantalla del ordenador y se escucha a cualquiera – lo que debería ser delito punible – desde la Alexa o a través del móvil, pues sólo así se explica que tras una conversación con la pareja sobre la posible compra de unas sandalias, aparezcan en nuestro teléfono unos cuantos modelos de las mismas. Y si planeamos un futuro viaje, al poco recibamos alternativas turísticas a la comentada en privado.
Es a todas luces inadmisible que, para evitar esas y otras intromisiones, haya que evitar hablar frente a esos aparatos, apagar los mismos y quién sabe si también deberíamos hacerlo con la nevera o el microondas, pues cualquiera sabe…
Pero es posible que en el futuro los mercaderes, convenientemente aleccionados, puedan ir incluso más allá; les sea posible acceder a los pensamientos no verbalizados, examinar en aras de sus negocios nuestros silencios y cristalizar en ofertas varias las lucubraciones que nos asalten en duermevela y con la boca cerrada. Sin pudor ni barreras que valgan porque es sabido que los posibles beneficios anulan los principios, y no sirve de consuelo saber, porque así se constata cuando se aborda el tema con quien sea, que cualquier hijo de vecino está en las mismas. ¿También aquí la amnistía – del espionaje – para una mejor convivencia? Pues aviados estamos de no lograrse un ulterior referendum. Aunque, para este caso, fuera precisa también la alianza con Puigdemont.





















