EL ARTE SIN DOMEÑAR

              Si lo que reclama el arte es nuestra atención, bastará con que la dejemos suelta y libre de ataduras para que nos lo muestre en una panoplia capaz de transgredir cualquier limitación. Y es que dejando a nuestra vista vagar sin trabas, podrán seducirnos espectáculos y situaciones que no habrán requerido de pluma, martillo o pincel.

                     Esa sonrisa que nadie podría plasmar, a pocos metros el amoroso abrazo entre dos desconocidos, la sorpresa en la cara de un niño y para qué decir al mirar más allá o hacia lo alto: perfiles montañosos rizando un horizonte que tal vez se tiña de colores varios al atardecer, nubes cambiantes, arcoiris tras el temporal, sombrillas de colores nacidas del subsuelo o, bajo el azul, las cambiantes formas que dibujan esas bandadas de pájaros en ordenado vuelo hacia quién sabe qué lugar.

                 De ser cierto que, como sentenciara Heidegger, el arte no es cuestión de estética sino de verdad, ésta se revela en hechos o situaciones ajenas a intenciones y propósitos, sin adscripción a modas, escuelas y, sobre todo, libres de la mediatización del mercado. Todo puede se arte (Duchamp), pero en mi opinión – como simple espectador sin formación específica al respecto – no todo lo es, y si lo que se propone el artista es alimentar la imaginación, sin manipulación o intermediarios que dirijan el placer, no hay como dejar que nos invada lo que no tuvo autor ni será objeto de exposición en espera de beneficios: arte para la industria.

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SOLEDADES

                      Decía Marlow, en la novela El corazón de las tinieblas, que vivimos igual que soñamos: solos. Tras recordar su afirmación, no puedo por menos que dedicar este rato a escribir sobre una soledad que, buscada o impuesta, llega a impregnar muchos tramos de nuestro tránsito hacia el obligado final que podrá ser también dual: solos o en compañía. Entretanto, se antoja obvio distinguir entre el retiro interior o la incomunicación con nuestros semejantes y, en ambos casos, a veces por elección u otras debido a situaciones ajenas a la propia voluntad. Pero antes de seguir con el tema quiero subrayar que, en mi opinión, cualquiera podría meter la cuchara en parecidas divagaciones con igual autoridad o experiencia que la mía.

                      Rodeados de silencio y únicamente en compañía de uno mismo, es más fácil el viaje por la memoria, la construcción de ensoñaciones varias e incluso el explorarse en busca de las esencias que pudieran definirnos. La experiencia introspectiva tiene desde la antigüedad valoraciones dispares, y podrá ser asumida por las contrapartidas que ofrece, o suponer castigo cuando no es meta elegida sino accidente. En esa línea, cabe ensalzarla (“Cuando estoy solo, no estoy solo, estoy conmigo mismo”, puntualizaba Octavio Paz. “La soledad que uno busca no se llama soledad”, reza el epitafio en la tumba del poeta Pedro Garfias) o, por el contrario, denostar de la misma y así se constata en palabras de Malraux: “El peor sufrimiento está en la soledad que lo acompaña”, o al advertir Nietzsche que “Nadie enseña a soportar la soledad”.

                     Por lo demás, más allá de nuestra voluntad en uno u otro sentido: recluirnos para pensar y pensarnos o preferir la socialización, siquiera de vez en cuando, por ganas de trascendernos, lo cierto es que se viene comprobando un entorno cada vez menos proclive a las supuestamente enriquecedoras relaciones interpersonales, con el resultado de que el aislamiento sería cada vez con mayor frecuencia una experiencia inevitable, y la tecnología viene jugando un creciente papel en las barreras que nos separan de los otros. Horas frente a las pantallas de ordenadores en casa o la oficina y móviles por doquier, al punto de que los conocidos ya no te ven ni saludan y, cuando reunidos, cada quien a lo suyo. Eso si no te cruzas con esos de auriculares y que se diría hablando solos. Las pelis en TV, a los cines poco y, los desplazamientos, en las tradicionales cáscaras de cuatro ruedas o a toda velocidad y con el patinete por las aceras.

                  Ya nadie ladra al silencio en la España vaciada, pero el incremento poblacional de las ciudades sólo ha resultado en compendio de ruidos en vez de voces amigas, y cuando tranquilidad, la de los “no lugares”, cada vez más numerosos. Llegados aquí, para qué decir cuando en la tercera edad los deseados cuidadores/as sean suplantados por robots, como se anuncia. La soledad se va imponiendo, pese a quien pese, y nos coloca en la tesitura de tener que decantarse por la alternativa que ya propuso Aristóteles: para vivir solo, hay que ser un animal o un dios. De llevar razón el antiguo filósofo y tal como andan las cosas, lo vamos a tener crudo si no mudamos en dioses o bestias a no tardar.

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ASÍ ES

              -Desde las guerras antiguas a las que propiciaron los americanos en más de una ocasión o la de Putin hoy, verdades y mentiras respecto a ellas siempre se han transformado en puntos de vista. Y hay más: los partidos políticos, en perpetua pugna, están cuajados de iguales defectos que los denunciados; el cambio climático es sobre todo tema de discurso, que no motivo para la actuación y, en general, las protestas suelen obedecer al propio interés: reparen en las recientes huelgas francesas por la prolongación de la edad laboral, o el malestar de los empresarios por acá, cuando se propugnaba aumentar el SMI en cuatro perras.

              ¿Otros ejemplos? Comerciantes y compañías de aviación se pasan por el forro la contención de precios para productos básicos o los descuentos caso de residentes insulares; el derecho a la vivienda es una falacia, y si un okupa echa el ojo a tu piso, estás listo. Para más ilusiones frustradas, la asistencia sanitaria si acaso se consigue la cita antes de unos meses, o la de una muerte digna si hay quien se preste a allanar ese camino. Las buenas relaciones se sobreponen a la igualdad de oportunidades, y se sigue echando en falta un comité que establezca un orden de prioridades para el gasto público…

               Muchos gerentes no han demostrado su eficacia en la gestión antes de ser digitados. En este país, el último Ministro de Cultura no pasó del bachillerato, la de Sanidad, dimitida meses atrás, no conocía del tema antes de ser nombrada, quizá el de centro de ética de no sé qué, esté procesado, o tal vez el/la de medio ambiente se haya construido una casa ilegal… Todo ello puede ser de dominio público, pero siguen, seguirán y, lo que es más sorprendente, el país funciona lo mismo con unos u otros.

                Al viejo que lo cuenta le dicen que está chocho. ”¡Siempre quejándote! ¡Nos tienes hartos! Y luego a vueltas con tu reuma y que has de levantarte cuatro veces por la noche para hacer pipí. Para ti más importante un váter cerca que la corrupción o el padecer social, ¿no? Pues menudo juez… Además, ¿no estás cobrando un dineral de pensión, de por vida, tras haberte metido en política menos de diez años, que es lo único que has hecho parecido a trabajar?”.

                   -Pues claro. Pero no os hacía una crítica de cómo funcionan las cosas, sino una crónica. Son intercambiables. Es lo que hacemos todos según por dónde sople el viento… ¿O es que aún no os habéis enterado?

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OBVIEDADES EN ALUVIÓN

Durante un coloquio o en cualquier discurseo, y en las pasadas semanas han menudeado por mor de las elecciones, cada cual es muy libre de expresarse como quiera o mejor sepa, repetirse, acudir a los tópicos si no se le ocurre nada mejor, poner el énfasis en lo archisabido… Pero cuando se trata de informar o ser alguien preguntado sobre aquello que se supone conoce bien, y a eso me refiero hoy, el lector u oyente agradecería que se evitaran a ser posible unas obviedades que dicen poco del autor y provocan el hastío del receptor, a no ser que se indigne al suponer que lo toman por estúpido. Quizá haya algo de eso y de ahí el nulo empacho en salirse con sandeces o unas verdades que, por obvias, no precisan del subrayado.A modo de ejemplos, he aquí la transcripción literal de algunas afirmaciones recientes en radio o prensa y que no pude resistirme a anotar:

Los expertos advierten que hace falta más vivienda asequible (titular de primera página en un periódico).

Se precisan más recursos en sanidad.

La inflación preocupa al Gobierno pero mucho más a los ciudadanos (baste con saber del bolsillo de unos y otros).

Si suben los precios, será más difícil para muchos llegar a fin de mes (sin comentarios).

De aumentar la sequía, se agravará el problema.

– Hemos trabajado para el bienestar de la gente (declaraciones de una alcaldesa, extensivas a cualquier político).

Salimos a ganar. Todos los jugadores están para aportar (ocurrencias de algunos entrenadores de fútbol).

Como podrá apreciarse, y en vez de orillar lo evidente, se transcribe por si se nos hubiera ido el santo al cielo. Espero que ayer no le ocurriese a nadie frente a la urna y deba arrepentirse cuando ya sea tarde. Y por cierto: volviendo al título, confío en que puedan disculpar las obviedades del post.

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INQUIETANTE: EL AFÁN POR EJERCER DE GESTOR

                    Una plétora de principiantes, sin formación específica ni cualificación adecuada, aspiran a gestionar lo que salga en lugar de hincar el pico. Tomar los cargos sin las cargas, que dijera Gracián, para una administración carente de ideas previas, lo que es posible debido a la permisividad de gremios profesionales, organismos e instituciones públicas cuyo objetivo no es garantizar la idoneidad del elegido sino asegurarse su fidelidad y dependencia. En esa línea, se alude a “la vocación” como justificante de la asignación, al “talante”; se utilizará un lenguaje ajeno al análisis, y la muchas veces deleznable práctica del nombrado, a diferencia de otros trabajos, no pondrá en riesgo su continuidad.

                      Con objetivos genéricos y en demasiadas ocasiones sin explicitar, se antoja utópico poder evaluar con justeza los resultados (encima, puede transcurrir mucho tiempo entre la actividad del gestor y sus consecuencias) , aunque de ello no se derivará una disminución de los incentivos económicos que el puesto lleve aparejados. Y ello porque en esas lides se acostumbra a ser juez y parte, amén de que, entre otras lindezas, se argumentará que las relaciones causa/efecto distan de ser unívocas y podrían atribuirse a cualquier contingencia.

                     El caso es que, probablemente, María Zambrano no se refería a los gestores cuando apuntó que a fuerza de errores se aprende a pensar. Baste con observar ayuntamientos, consejerías, algún que otro hospital o ministerio, para refrendar lo que en su día escribiera Muñoz Molina respecto a los méritos en muchas de las actividades políticas, inseparables de la gestión: analfabetismo y desvergüenza. En consecuencia, ¿serían deseables unos requisitos mínimos para ejercer de gestor? ¿Examen y período de prueba? Pues ahí queda eso, aunque con toda seguridad no servirá de nada y seguiremos en las mismas tras las elecciones por llegar.

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