ESA ENTRAÑABLE ANCIANIDAD…

Una vejez a la que todos, si hay suerte, estamos abocados, así que conviene andarse con ojo cuando se opina sobre ciertas desviaciones psicológicas de lo que hemos dado en llamar “normal”. Solemos asumir que la ecuanimidad o la paciencia forman parte habitual del talante a cierta edad, pero también es posible que llevara razón un personaje de “La condición humana”, la novela de Malraux, cuando aseguraba que en todo ser humano habita un paranoico (¿Un para qué?, leí hace poco que preguntaba Gómez de la Serna) que puede hacerse evidente cuando escuchamos las obsesiones de algún que otro abuelo/a.

El miedo a caer en la pobreza extrema puede ser una de ellas, aunque conocí de cerca a una abuelita que sólo lo fingía, vejez 4y con tal recurso -“Soy una pobre viejecita que no tiene ni para… ¡Y con lo que me gustaría a mí…”- conseguía que algún que otro procer, tras recibir su carta, le enviase unos quesos o una caja de vino que hacían las delicias de sus allegados. En el polo opuesto, un amigo mío se ha visto obligado a fabricar euros falsos que entrega a su madre para que ésta, incapaz de distinguirlos, entregue al cura de su parroquia unas cantidades que, cuando eran auténticas, debieron hacer las delicias de la curia. Ha pactado con el sacerdote que los guarde y él irá de vez en cuando para cambiárselos por dinero real, aunque en cantidad propia de una limosna y no de subvención. Creo además que ha ido disminuyendo la proporción, y si antes era de mil a uno, deben andar ahora por los diez mil.

Y ahí no acaba la cosa. Sé de otra a quien sus cuidadoras (cualquiera de ellas según le dé, porque la acusación se ha dirigido a más de una, con despido incluído) hurtan la ropa para, según asegura, venderla o enviarla a sus países de origen, y a ella se la cambian por camisas o faldas que recogen en los contenedores de basura. basuraNunca se ha objetivado tal cosa y algunas de las prendas desaparecidas sólo han existido en su imaginación, pero ni siquiera apelando al castigo divino por falso testimonio (el octavo mandamiento, creo recordar, y la susodicha es de misa diaria), ha modificado su actitud. Igual sucede con otra que incrimina en hechos parecidos a su propia hija, médico por más señas. De todo lo anterior podría deducirse que Chateaubriand llevaba razon al afirmar que niños y viejos son pueriles y crueles, aunque en el segundo caso podría suceder que les patine alguna neurona o, aún más lamentable, que utilicen esos recursos para tener compañía.vejez 6 Siquiera para revisar de vez en cuando su fondo de armario. Sea como fuere, poco que hacer. Se me ocurre, por quitar a las muchachas semejante agobio, aconsejar que las presuntas robadas deriven su indignación hacia políticos y banqueros, causantes de la pobreza y un semillero de latrocinios sin sombra de duda, a diferencia de lo que ocurre con ellas. robo 1Pero me temo que no funcionará. Contestarán, como si lo oyese, que eso lo sabe cualquiera pero que con esos sujetos la Justicia mira hacia otro lado. Que no es la solución para recuperar su chaquetón de garras de astracán, vamos. ¡Pues buenas son las ancianitas/os!

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Acerca de Gustavo Catalán

Doctor en medicina y especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador, en "Punto de Mira", del diario digital "ReInformación Balear". Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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4 respuestas a ESA ENTRAÑABLE ANCIANIDAD…

  1. Rosita Gonzalez dijo:

    ¡¡MUY BUENO¡¡ Date: Thu, 8 May 2014 06:40:28 +0000 To: rosita.uy@hotmail.com

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  2. drlopezvega dijo:

    Sesgos profesionales (y también personales, como se verá) me hacen desconfiar de una visión excesivamente “amorosa” de la senectud. Mientras la cosa se ciñe a lo de siempre, achaque por acá, achaque por allá, compensados por la “experiencia” que todo lo pule, y el tiempo transcurre con esa languidez inefable de las películas de Hollywood… En fin, la cosa tiene un pase.

    Sin embargo, cuando el rollo acaba en el saco “residencia”, se jodió Triana.

    Mi suegro es un ex guardia civil con el que he jugado horas al dominó. Fuimos una pareja más que estimable, a rachas invicta e invencible. El puto Alzheimer se lo ha llevado a la residencia. Pues bien, lo siento en el alma, seré un cobarde, un cabrón, un hijoputa, seré lo que se me diga o quizá más, pero no puedo ir. Digo “no puedo” y créaseme si digo que me pongo enfermo, en la más extensa acepción del término. No es la ancianidad, no es una cuestión de cronología: es la absoluta imposibilidad de afrontar la decrepitud. La decrepitud me vence y no oigo los violines de Hollywood y el esófago se me atasca de vinagres.

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  3. Mónica dijo:

    Me he acordado de ¿Qué fue de Baby Jane?.
    La película, las actrices y las peculiaridades del rodaje.
    En la línea de “entrañable ancianidad”…

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