CORRUPCIONES, CORRUPTELAS, TRAMPILLAS Y ENGAÑIFAS

trampa 5Aquí y más allá, por no circunscribirme al terruño, todo es denostar de los sinvergüenzas (siempre los otros), hacerse cruces por tanta paja en ojos ajenos y, desde la tertulia de café a la que ha tenido lugar en Sede Parlamentaria -como gustan decir- sobre el Estado de la Nación, presentarse uno mismo como encarnación de la pureza, sobre lo cual albergo serias reticencias. Y es que debiéramos adecuar la frase con que empieza Pascual Duarte, de Cela, a los tiempos que corren y el modo que tenemos de sobrellevarlos. “Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo”, confesaba Pascual, ¿recuerdan? Pues en nuestro caso -y me perdonará quien se sienta concernido sin causa, pero de verdad y sin hipocresías, ¿eh?-, no es que seamos malos aunque andemos sobrados de motivos, pero alguna que otra trampilla, pues sí.

trampa 4Trampillas que, en nuestras circunstancias, no dan para más a diferencia de lo que sucede con los corruptos de tomo y lomo, pero al amparo de parecidas máscaras. ¿Han escuchado ustedes el debate de los Padres de la Patria? Habrán observado que cualquiera de ellos, como nosotros, se cree legitimado para dar lecciones. Y ahora, tras ponerlos de vuelta y media, examinémonos sin pasar por alto los Ivas impagados, reparaciones en negro y engañifas varias al fisco. trampa 8Al poco, tal vez podamos rebajar un algo el modo despectivo con que solemos juzgar al otro. Todavía recuerdo que, por evitar una multa de tráfico por parte de la Guardia Civil -y lo conseguí-, afirmé, orgulloso y mirando a los ojos del número, que yo era hijo del Cuerpo. Tal como suena. Y no me refería al cuerpo místico o al de mi madre. En otra ocasión (o un par de veces) pillé la propina que había dejado un cliente en la mesa vecina. Para comprar el periódico sin tener que cambiar. Y, desde luego, las colas sanitarias para lo que sea no forman parte, por mor del oficio, de mis problemas. Que entro por la puerta de atrás, vaya.trampa 6Nada grave, quiero creer,  si comparamos con otros asuntos, pero en fin… Y tampoco abundaré en eso de que todo hombre inteligente sueña con ser un gangster, que decía Camus en su novela “La caída”. Mas que nada porque, de atenerse a la sugerencia y con inteligencia normalita, sólo puede aspirarse a delincuencia de medio pelo como he relatado. Pero echo la vista atrás, a través del blog, y me contemplo poniendo a Tomasso Dibenedetti a bajar de un burro hace una semana, o erigiéndome en martillo de corruptos (sin capacidad alguna para hacerles un chichón, pero ese es otro asunto) y, en cualquier pausa para el café, me digo si acaso rebajar el tono de las invectivas y la propensión a rasgarse las vestiduras, no sería más justo con base en un historial que, de ser utilizado en mi contra, negaré. Como suelen hacer los maestros. Claro que si en Sede Parlamentaria pensaran lo mismo y se contemplaran de vez en cuando sin tapujos, igual cambiaba algo. Que buena falta nos hace a todos.

Acerca de Gustavo Catalán

Doctor en medicina y especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador, en "Punto de Mira", del diario digital "ReInformación Balear". Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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5 respuestas a CORRUPCIONES, CORRUPTELAS, TRAMPILLAS Y ENGAÑIFAS

  1. drlopezvega dijo:

    En esto de flagelarse hay auténticos maestros que configuran el populoso sindicato de “psicoanalistas argentinos”. Por desgracia, sus tratamientos resultan penosamente largos, caros e ineficaces. ¡Mucho mejor confesarse aquí!

    Francamente, no he sido propenso a infligir putadas a propio intento, y en materia de dineros puedo afirmar con rotunda sinceridad que nunca he robado, salvo aquella vez que…

    Me alojaba en un hotel lujoso clavado entre los rabiosos neones de Times Square. Avanzado el ocaso, después de un agotador pata-tour por Central Park, sin cenar, tomé el ascensor para derrumbarme en la piltra sin el menor decoro. Me precedió una familia compuesta de pareja cejijunta y 4 churumbeles embadurnados de pizza. Saludo, “Good evening”, pero como si le hablara a mi difunta abuela. Por el camino, hasta el piso 34, uno de los macacos derrama mayonesa sobre mi zapato. Nadie se disculpa. Jovial, me dirijo a los papás, “Don´t worry; healthy kids”, pero siguen mudos y cejijuntos. Bajamos todos en la planta 34. Ellos ocupan 2 habitaciones situadas varios metros antes que la mía. Mientras les rebaso, les dirijo un desesperado “It was a pleasure”. Caca. Nothing. Bien. Wait a minute, please.

    Memoricé el número de cuarto de los papás. 3428. Después de churrar, lavarme los morros y cambiarme de polo y calcetines, regresé hasta el restaurante del hotel. “Have you got any place for one?” “Sure, Sir. Are you among our guests?” “Yeah, room thirty four-twenty eight”. “Mister Lewis… And your wife?”. “Her terrific headache”.

    Y me pegué una bigotada de tres pares de cojones, empezando con un monstruoso tenderloin del más delicado brontosaurio que puede proporcionar la raza Black Angus, y regándolo todo con un Zinfandel californiano que todavía perfuma alguna de mis noches. Ni aunque me maten confieso a cuánto ascendió la cuenta, que rubriqué exquisitamente con una gotita del gin-tonic que hizo de postre. Nunca un gin-tonic fue más chispeante, refrescante y carminativo. Strong educational therapy.

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  2. Mónica dijo:

    ¡Me niego a rebajar mi tono de crítica, por muchas picardías que haya cometido!.
    Y las que me quedan por cometer. No soy una profesional de la corrupción. Es pura Picaresca Nacional.

    La corrupción extendida en este país surge en su mayoría de NUESTROS REPRESENTANTES en el Parlamento. Sí, los que nos representan a todos. Corruptos profesionales. Así, cualquier consecuencia derivada de sus actos corruptos, lo es a gran escala, y constituye un ENGAÑO a quienes representan.
    Aquí está lo inmoral, lo condenable, lo vergonzoso, lo innoble.

    Es la diferencia con nuestras pequeñeces (…)
    Y lo de no pagar el IVA (y quedarme más ancha que larga) sepan que surge del principio de acción – reacción.

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  3. Anónimo dijo:

    De acuerdo en que nadie, sinceramente, puede arrojar la primera piedra a los corruptos so pretexto de una honestidad propia absoluta. De acuerdo en que todos hemos cometido -y seguramente seguiremos cometiendo- alguna que otra pillería (por cierto, desternillante la del Dr. López Vega). No obstante, en mi opinión, existe una diferencia substancial entre nuestras raterías y las que nos sirven a toda hora en los medios de comunicación: que en estos casos se trata de meter la mano, cuando no la pala, en el dinero público por quienes son formalmente responsables de su custodia y recta administración. En tales casos, me siento perfectamente legitimado para arrojar la primera y todas las piedras que hagan falta.

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  4. No me duelen prendas al reconocer que llevas razón.

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