EL GIN-TÓNIC DE JUAN JOSÉ MILLÁS

MillásHace unos días, el popular escritor y articulista reconocía que el latiguillo que incluye en muchos de sus escritos periodísticos no había sido, hasta ayer mismo, otra cosa que un recurso literario sin correspondencia alguna con sus prácticas vespertinas. Quienes acostumbren a leerlo, siquiera de vez en cuando, saben de su gin-tonic de media tarde en cualquier bar: “Estaba con mi gin-tonic cuando escuché en la mesa de al lado…”. Un modo, decía, de construir el relato a caballo entre realidad y ficción. Hasta que decidió pedirlo al camarero y, de paso, fumarse un Cámel, hábito el del tabaco que también había abandonado tiempo atrás.
Millás 3
Ignoro si mentía antes o ahora lo cual, y tratándose de un escritor, no pasa de cuestión menor e importa poco para mi reflexión. En ciertos momentos presentes o pasados, según parece, se ha dejado llevar por la voluptuosidad: ha caído en algún vicio (de los aceptados socialmente, se entiende) y ello, en mi criterio, lo humaniza. Y es que nunca se inventa, como alguien afirmó, si no es urgido por la necesidad. Como cuando se escribe, vamos, y él lo sabrá bien, así que aprecio cierta coherencia entre el oficio y el gin con que lo acompaña siquiera en su imaginación. millás 4Cuando no sabes bien quién eres -sugería Claudio Magris- te pones a escribir; a beber un par de gin-tonic a media tarde o ambas cosas a la vez, podríamos añadir.

El mencionado escritor vuelve a poner en candelero eso de que es el estilo, y no la sinceridad, lo que cuenta. Asunto éste que, para nuestra desgracia, los políticos han asumido como su regla de oro. Millás 5Pero aquí se trata de alguien que no va a dirigirnos la vida sino adornarla con sus ocurrencias, así que no creo que a nadie le importe si lo saborea o es ahora cuando lo sueña. En cualquier caso y ante la duda, ¡disfrútalo, Millás!, sea en tu boca o en la memoria, que poco importa si con él de por medio nos sigues deleitando. Por cierto, leí hace años que uno debe desconfiar de alguien que presuma de no tener vicio alguno. Estoy de acuerdo y la apreciación, por lo que a mí respecta, ha funcionado. En su caso, es evidente.

Acerca de Gustavo Catalán

Doctor en medicina y especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador, en "Punto de Mira", del diario digital "ReInformación Balear". Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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2 respuestas a EL GIN-TÓNIC DE JUAN JOSÉ MILLÁS

  1. drlopezvega dijo:

    Concuerdo en que el gin-tonic, seguramente, será como los botines blancos de Valle Inclán o los guantes amarillos de Umbral, un rasgo de vanidad/estilismo.

    Lo que ya no es de recibo es tachar al gin-tonic de “vicio”. Es una bebida refrescante, digestiva, euforizante… Sin duda algo más cercano al medicamento -incluso al bálsamo de Fierabrás- que el vinazo o la cazalla de nuestros abuelos posguerreros.

    Como los medicamentos están en franca evolución, yo he hecho alguna incursión en el vodka-tonic. Excelente.

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  2. Me emplazo a probar el vodka-tonic. Y no como vicio sino pura terapia, a ver si me quito los clichés de encima de una puñetera vez.

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