DE LIBROS Y SUS SOLAPAS

egolatra 11No voy a debatir sobre lo que ha escrito determinado autor sino que me centraré en su biografía; ésa que, resumida (mucho más de lo que él querría) suele aparecer en la solapa y por lo general glosa la siempre brillante trayectoria del susodicho. En demasiadas ocasiones tiene el aire de una loa mortuoria, aunque ampliada porque el papel da para más que el mármol de una lápida o el encuadre de la esquela, y se me antoja patético ese intento del protagonista -vivo, en este caso, y un vivales- por aportar valor añadido a la novela, al ensayo, mediante la redacción de un memorial que haga justicia a su egolatría.

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Supongo que la mayoría estamos de acuerdo en que la biografía de los autores está en sus obras (Octavio Paz) y que quien escribe no es quien és excepto si quiere contar su vida -y cabría dirimir cuánto hay de ficción en las autobiografías-. Por lo demás, tampoco la formación profesional o esos éxitos que las solapas subrayan, se relacionan necesariamente con la calidad de la obra que tenemos entre manos y/o su capacidad para sintonizar con el lector. egolatra 3No obstante, ahí está con frecuencia la solapa de currículum engolado, pretendiendo avalar la excelencia de unas páginas que habrían de convencer sin su concurso porque, a la postre, el contenido de la solapa sólo da razón, en demasiadas ocasiones, a Céline cuando afirmaba que cualquier tonto del culo se mira en el espejo y ve a Júpiter.

Tal vez sea cierto que los escritores suelen tener un ego tan sensible que cualquier refuerzo le aprovecha, pero me ha dado por pensar que la vanidad que traduce una solapa, el engreimiento de pavo real, puede causar en el eventual lector un efecto contrario al pretendido. egolatra 7¿No tendría más gancho dejarse de gaitas que nada aportan? Podría decirse, por ejemplo: “Mediocre como la mayoría, pero voluntarioso en su trabajo y con ganas de mejorar”. ¡Pues no señor!: premios y publicaciones por un tubo, y tantas maravillas que cualquiera supondría que el glosado ha vivido dos veces. Aunque también podría ser que, de tan extendida la solapa laudatoria, el editor diera con la puerta en las narices a quien se atreviese a certificar que hace lo que buenamente puede. Sin embargo, no creo que se trate de una estrategia. En todo eso y algunas cosas más pensaba, tras leer la solapa del libro que he publicitado en el post anterior. Les aseguro que, de haber un siguiente, no volverá a ocurrir.

Acerca de Gustavo Catalán

Doctor en medicina y especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador, en "Punto de Mira", del diario digital "ReInformación Balear". Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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6 respuestas a DE LIBROS Y SUS SOLAPAS

  1. drlopezvega dijo:

    Llego de un viaje breve, escuchando en el coche al grupo “Musica Mundi”, del que formaba parte una paciente mía, incomprensiblemete arrebatada de este mundo por un dios diríase que engarrado con la belleza, la fortaleza moral y la dulzura.

    Escucho una canción conmovedora: “I shall not live in vain”. No habré de vivir en vano. No renunciaré a dejar constancia de lo que pensaba o aceleraba mi corazón. Por más que el olvido y el polvo y la humedad y los ratones y los mohos y la ingratitud y la corrosión de los decenios se abalancen sobre mí, no renunciaré a dejar testimonio de mi desgarrada fugacidad.

    Perdónese, en consecuencia, esa mínima concesión a la vanidad. Vana será la reseña, quizá, pero nunca vacuo el espíritu que la alienta. Bienvenido sea lo que lo ayude a anidar más allá del último meridiano.

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  2. Bueno: si es una concesión mínima, perdonado.

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  3. Mónica dijo:

    Tienes razón en que si una solapa refleja vanidad bruta, como la que describes, puede causar una mala impresión en algunos lectores.
    Que se piense algo así como ”uf, demasiados títulos y piropeo, seguro que es un fiasco”.

    Yo preferiría algún breve comentario sobre la obra, o sobre la trayectoria del autor, de carácter neutro y sin exageradas descriptivas. Y debe ser sutil, pues también pienso que ha de dejar entrever un leve rastro de vanidad, que todos necesitamos, y que puede hacer interesante al autor. Yo misma llevo tiempo aprendiendo a ser vanidosa, por eso lo entiendo así.

    Por mi parte no suelo leer la solapa hasta el final del libro, y algunas veces se me pasa hacerlo.

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  4. Eso que apuntas, lo de “llevo tiempo aprendiendo a ser vanidosa”, me ha gustado mucho. Tanto, que me está pidiendo un relatillo. Ya lo iré madurando y no dudes de que te lo pasaré.

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  5. zèfir dijo:

    La vanidad… enfermedad insidiosa donde las haya. Una ilusión sobre la importancia de la persona o de la obra, que, las más de las veces, es inmerecida y, en cualquier caso innecesaria. La vanidad es, además, la enemiga que acecha a la verdad, porque, en el debate, nos hace preferir llevar la razón a tenerla, como atinadamente señalaba Schopenhauer.

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  6. No puedo por menos que decir: ¡SÍ! Y coincidir con un desconocido me lleva a creer que aún es posible sembrar para algo diferente.

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