¡HASTA LA CORONILLA!, PERO ¿DE QUIÉN?

País 3Desde primera hora, y no es la primera vez, el hospital andaba con problemas informáticos. Cosas del sistema operativo, como ellos dicen con la mirada perdida. Que no podía accederse al historial clínico de los enfermos, vaya, y cuando he llamado a los encargados, me han indicado por todo consuelo que están en ello, aunque la solución definitiva dependa de instancias superiores. ¡Átame esa mosca por el rabo!, que decíamos antes. Supongo que su contestación, literalmente trasmitida, ha de tranquilizar mucho a quienes vienen a la consulta desde pueblos lejanos, y asumirán como una obviedad que deberán volver otro día porque se trata de “instancias superiores”. Que inspiran mucho respeto.

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En la farmacia de la esquina tampoco tenían esa loción para la dermatitis y habrá que esperar a que se la sirvan. Mañana o pasado. Después, la estrecha calle por la que debía pasar con el coche estaba bloqueada por una furgoneta de la que descargaban paquetes y, tras hacer sonar la bocina -sólo dos segundos-, obtuve por toda respuesta un gesto que, traducido, vendría a decir algo así como “¡Qué coño pasa?”. País 5Al poco, la máquina del aparcamiento no admitía las monedas y hube de llamar al de la garita, que me sacó de dudas con su diagnóstico experto: “A veces no funciona”. Afortunadamente y cuando en el supermercado éramos ya una veintena en la cola, sí funcionó el altavoz. “Señorita Paulina, acuda a caja, por favor”. Yo hubiese añadido, espoleado por todo lo anterior, un conminatorio “Cagando leches”, y por no decirlo su compañera, cuando llegó la añorada Paulina ya sólo tenía a dos por delante para conseguir pagar. Pero a tal extremo había llegado mi exasperación a lo largo de esa aciaga mañana de ayer, que no pude contenerme y exclamé: “¡Así no llegaremos a ningún sitio!”, mientras sacaba de la cesta los cuatro paquetes.

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Me miró con extrañeza (no Paulina, sino quien la había llamado hacía ya media hora larga) y no le faltaba razón. Olvidé precisar de dónde partíamos para llegar, quiénes eran los que estábamos en camino y tampoco el destino pretendido. Además, ¡mira que aguantamos a los de las tarjetas negras sin decir oste ni moste, o a sus compinches anunciar ahora una bajada de impuestos por ver si nos pillan el voto…! Tan eunucos nos hemos vuelto, que sólo damos (siquiera algunos) rienda suelta a la indignación acumulada frente a las minucias. Y así nos luce el pelo. No obstante, también es cierto que no se pierde todo por el mismo lado. Y no voy a seguir porque me veo recriminando de nuevo a la boticaria. O a Paulinita por su pachorra. ¡Hay que ver cómo somos cuando nos levantamos con mal pie! Aunque creo que pisé con el derecho y había empezado el desayuno de buen humor…

 

Acerca de Gustavo Catalán

Doctor en medicina y especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador, en "Punto de Mira", del diario digital "ReInformación Balear". Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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4 respuestas a ¡HASTA LA CORONILLA!, PERO ¿DE QUIÉN?

  1. Mónica dijo:

    Ja, ja! Relatas algo que creo nos es común al quienes a veces lo sufrimos.

    Yo tengo la teoría de que poco a poco, al ir dándome cuenta de los cachitos de situación tocapelotas que me están ocurriendo, yo, que me había levantado feliz y con ganas de adelantar quehaceres ese día, por el acumulo de pequeñas circunstancias que me entorpecen o retrasan, me voy enfadando.
    Hasta que llega un momento donde el mosqueo, ya voy creyendo que altera mi comportamiento de tal forma que provoca que el desastre llame al desastre, y se den más situaciones absurdo-surrealistas el instante mismo en que te fastidian.

    El otro día mandé, literalmente y en voz alta, a tomar por culo (delante de toda la oficina y con dignidad) a un encargado de la agenda tributaria.
    Me fui sin conseguir nada (eso que iba con todo a punto y con cita previa), enfadada, y con improperio por delante.

    Pero no hay mal que por bien no venga, tras un rato de autocontrol, me compré tu libro en la plaza de los patines.

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  2. Si por el cabreo terminaste por comprar el libro, ¡¡bien por la Agencia Tributaria!! Ahora sólo falta que me des tu opinión tras leerlo, si te animas a ello. Y sin andarte por las ramas, ¿eh? Aguantaré cualquier cosa y es que, tras los ordenadores, el aparcamiento y Paulinita, he terminado por hacer callo.

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  3. drlopezvega dijo:

    Hay una película titulada ´”Un día de furia”, protagonizada por un Michael Douglas que empieza medio loco y acaba desquiciado total. No le ataca el cáncer, no, simplemente se le van acumulando esos “pequeños” avatares de las sociedades complejas en ciudades gigantescas y…

    ¿Quién no tiene cada vez más MOTIVOS y más DÍAS para sacar la llave inglesa y resolver el asunto por la directa? Visto el percal, se diría razonable limitar la posesión de armas de fuego, máxime porque yo sé dispararlas. Sin embargo, creo que no abogaría por una ley que limitase el tamaño de mi llave inglesa.

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  4. Menos mal que, esa mañana, no disponía de llave inglesa…

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