LA REALEZA EN LA PLAZA DE TOROS

realeza 9El pasado jueves 3 de agosto, la infanta Elena y sus hijos asistieron -por enésima vez; en otras ocasiones junto al rey emérito…- a otra corrida. Sin el menor recato, como muestran las fotografías publicadas, y con cara de satisfacción frente a un espectáculo que concita una amplia repulsa social y ha sido ya vetado en algunas Comunidades Autónomas con respaldo mayoritario. Diez años atrás y según una encuesta Gallup, el 72% de la población manifestaba su nulo interés cuando no el desacuerdo con ese peculiar “Bien de interés cultural” con explícita tortura. Y el porcentaje va a más aunque los defensores de la tal “Fiesta” retuerzan los hechos a su gusto o conveniencia.realeza 4

Sin embargo, no es mi intención hoy avivar la polémica, sino invitar a preguntarse por la oportunidad de que la familia real se alinee a las claras con los taurinos; una posición que sin duda concitará el repudio de un sector y, por lo mismo, un comportamiento inconveniente y a todas luces innecesario. realeza 1Porque si bien es cierto que cada quien es muy libre de conducir su sensibilidad por los derroteros que estime y siempre que ello no lleve aparejado limitar las alternativas elegidas por otros, no lo es menos que la exhibición pública de filias o fobias demanda un exquisito cuidado, máxime cuando se es objeto de especial atención en virtud de la posición social que se ocupa. Y siquiera por no dar tres cuartos al pregonero, había en el caso de la Infanta mejores opciones para refrendar la cultura: bien fuese visitando una biblioteca, bien argumentando en favor de la reducción del IVA -si acaso supiera de qué va la cosa- para artes otras que la de la masacre.

realeza 7Y si para cualquiera el saber cuándo y dónde aparecer es del todo aconsejable, para la Infanta y familia sería incluso exigible y, de no dar la talla como parece, los hay que querríamos poder decirles a la cara que ahí está la puerta. Es lo que a muchos se nos ocurre frente a la palmaria evidencia de una estupidez que preside las holganzas de quienes debieran, si no dan para más, buscar las oportunas asesorías. Porque incluso para seguir comiendo la sopa boba, discreción y sensatez son requisitos que debieran ser obligatorios.

Acerca de Gustavo Catalán

Licenciado y Doctor en medicina. Especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión durante 21 años, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador en la revista digital de Los Ángeles "Palabra abierta". Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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3 respuestas a LA REALEZA EN LA PLAZA DE TOROS

  1. Zèfir dijo:

    De acuerdo en decirles “Ahí está la puerta”. Y no solo por asistir a ese circo sangriento.

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  2. Mónica dijo:

    Más que aconsejable, opino que sería exigible, no solo que cualquier miembro de la -extensa- Famiia Real no asistiese a espectáculos y eventos que causan rechazo en cualquier sector de la sociedad de su país (toros, fotos con elefantes y fauna africana… ¡torturas y masacres!).

    Deberían potenciar, mediante su presencia o promoción directa, la CULTURA (la “buena”), pues hace mucha falta porque que está menguando llamativamente, y no conviene que entre todos, gobierno e instituciones, la dejen en caída libre.
    Ya-les-va-le

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  3. drlopezvega dijo:

    Se me antoja que articulista y comentaristas van -más allá de los toros- a cuestionar la institución monárquica. Están en su derecho de proclamarse republicanos, claro, pero hay algo que me chirría: la ‘exigencia’ de que la realeza se comporte con estricta ‘neutralidad’. Que no vaya a los toros (ofenden), que no se digan católicos (ofenden), que no hablen, respiren ni se muevan (ofenden).

    Pareciera que la piel del republicano sea extremadamente sensible a toda comezón. (Muchos se dicen también ateos, pero curiosamente les irrita sobremanera lo que diga el Papa.) Yo debo de ser coriáceo, porque me importan un pepino el del solideo y los de la corona. Están ahí, según dicen ejerciendo su función, y antes de derrocarlos habría que asegurarse de que no tengan peores sucesores.

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