ENFADOS SIN REMISIÓN

depreMuchos de ustedes habrán conocido a alguno/a (a partir de aquí, ya no precisaré sobre miembros/as) que encarna, sin empanadilla de por medio, el estereotipo a que quiero referirme; ése que anda siempre a caballo entre el enfado y el lamento por no ser percibido como desearía, verse obligado a soportar lo indecible (el aludido no podría explicarlo, por confuso, de ser interrogado al respecto) y estar falto de respuestas acordes a sus merecimientos. Nada que ver con el caracter depresivo que alimenta la tristeza, sino con el talante de alguien para quien las interacciones, cualesquiera que sean, excitan su malestar y, en consecuencia, día tras día revela su enojo con palabras o gestos. Un desacuerdo con todos que se anticipa incluso al porvenir porque, como decía Mefistófeles en el Fausto, si se acaban unos problemas surgirán otros para amargarle la existencia y hacer patente que su copa, para los demás, está siempre medio vacía.depre 3

depre 5Haga lo que haga, nunca es apreciada su valía por mala voluntad, envidia o estupidez, de lo que se seguirá por su parte, si no el odio, cuando menos la desconfianza frente a todo y todos: el sistema, las circunstancias o esa oculta conspiración para anularlo. El arquetipo que me ocupa es una víctima que conoce con anticipación su inevitable fracaso a resultas de la incomprensión, la ajena torpeza o, en ocasiones, una constelación de factores que terminarán en contubernio para oscurecerlo o relegarlo. Como decía el pintor Liebermann refiriéndose a él mismo, ése a quien describo es también incapaz de comer todo lo que le gustaría vomitar y, por resumirlo, sólo se encuentra a gusto en los entierros.depre 7

Pero no fuesen a creer que se trata de un personaje de ficción, porque conozco de sus larvados desconsuelos que discurren en paralelo al esfuerzo repetido y que anticipará otros tantos fracasos. Nunca hay relativización por su parte, sino -y es mi provisional diagnóstico- egotismo sin eco. Y ahí radica el problema, agravado al no poder reconocer (se vendría abajo) que el descontento no es por los demás y él es quien gesta su propia decepción, cronificada por la inadaptación de que pretende hacer gala. Tengan por seguro que me gustaría echarle una mano, aunque intuyo que, en vez de servirle de ayuda, propiciaría un nuevo enfado y a saber tú por qué. Mejor dicho: enfado por seguir en la idea de que nadie le entiende. Y eso es lo que el mundo se pierde.

 

 

 

 

Acerca de Gustavo Catalán

Doctor en medicina y especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador, en "Punto de Mira", del diario digital "ReInformación Balear". Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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3 respuestas a ENFADOS SIN REMISIÓN

  1. Pilar Bonilla dijo:

    También conozco personajes como los que describes. Victimismo por falta de autoestima principalmente. Ahora, que incluyas en este tipo de personas a estos dos no lo acabo de comprender. Y en cuanto a echarles una mano, es obvio que no la quieren. Besotesssss.

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  2. No les entendemos en sus altas miras; hen de luchar contra la incomprensión, todo lo que dicen de ellos lo etiquetan de demagógico, no se les valora como merecen… Pero bueno: hay muchos otros donde elegir. Y ahora, esperar a mañana y ver lo que nos preparan.

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    • drlopezvega dijo:

      De acuerdo, salvo quizás en los ejemplos humanos que sirven de colofón.

      Rajoy, un ‘semperflotans’ empírica y metafísicamente insumergible, ha hecho carrera de ponerse de perfil, incluso ponerse de raya al medio. Jamás un destello de inteligencia, aunque dicen que es muy listo porque sacó unas duras oposiciones de jovencito. (Yo sospecho, a tenor de su árbol genealógico, que en esas oposiciones hubo cierto favoritismo enchufoide, pero a lo mejor es cosa mía.)

      De ahí en adelante, todo ha sido nada (con apariencia de nada), para seguir en la nada (con certeza de nada). La nada más conspicua y reiterada, de cargo en cargo, para retornar a la casilla de salida, es decir la nada. Aguanta, rezonga, niega pero sí, hace pero no, afirma pero no, aguarda pero sí, recula, amaga, y vuelta a empezar, mientras el tiempo pasa y los enemigos se le van muriendo de aburrimiento o de asco.

      Mantenerse impertérrito es su bandera y no dice gran cosa ni toma decisiones drásticas (ni de las otras tampoco). También podríamos decir que amagar es su fe y profiere sensateces y nunca ejecuta salvo si la prudencia lo dicta. Un gallego inmarcesible, irrefutable e irrecuperable, que sobrevive en medio de la mediocridad y la cobardía, mintiendo no ya con descaro, sino con la frigidez de la cera.

      Puigdemont, el pobre, sí ha mostrado su verdadero calado intelectual, nulo, y su fibra honda: una calmidad. Este sí que es un tonto profundo y autosatisfecho, pero al menos está obcecado y en su obcecación se envalentona e hispe. Ahí va, el hombre, tocando la corneta hacia un precipicio que su mente obtusa convierte en Campos de Almíbar Catalán-Rosicler.

      Este moisés de gerona (minúsculas, por favor) se erige en Majestad y habla a Felipe VI de tú, como el soldado que no se cuadra ante un general porque así, entre colegas, no es necesario. Lo increíble es que semejante bufón -que obviamente no vale ni para delegado de curso en bachillerato- tenga en vilo a media Europa. Que siga recitando su monólogo esquizoide solo por la inacción morbosa del otro pájaro. ¡No les veo iguales!

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