Vamos a disponer un cojín para que la ternura se siente como de costumbre junto a nosotros, los padres. Que así eramos antes de casarnos. Pero sin nostalgias a excepción de la foto ni vuelos al pasado, que son inequívocos signos de vejez interior. Las ataduras del ayer emergerán tal vez, solapadas, junto a esos hijos adultos que ya no precisan de atenciones empalagosas, y nuestra antigua comunión con ellos servirá únicamente para hacer inteligible el presente. Esta noche e instalados en él, comprenderlo en sus múltiples facetas supondrá dialogar sin dar nada por sentado ni pretender de ellos un flujo parejo. Que los juicios sean divergentes o las filias dispares, será prueba inequívoca de que ya no hay cordón umbilical que canalice la transferencia y eso es crecer; fue nuestro objetivo y la empatía será brote nuevo en un árbol que ya no precisa del mismo tutor; una sintonía, cuando aparezca, que no se fomenta por la avidez en comprobarla.
Echar, si es posible, una mano a sus proyectos aunque quizá no sean los que nosotros habríamos diseñado. Y, en cualquier caso, escuchar. De eso se trata, creo. Sin enterrar nuestra historia común pero en la consciencia de que es superflua cuando los interlocutores adultos, y eso son hoy nuestros hijos, no la requieran. Con ellos aunque, a diferencia de antaño, quizá nos falten datos para opinar con justeza. Y construir con esos mimbres la relación que mejor se acomode a sus necesidades.
Quisiera que entendiesen el post, hoy, como una reflexión que aspira a ser compartida, y estar prestos a lanzarse, como dijera Baudelaire, a lo que va siendo desconocido para encontrar lo nuevo. ¿Difícil ser padres? Siempre un aprendizaje y, en cualquier caso, ¡qué les voy a contar que ustedes no sepan! También un ejercicio estimulante, aunque no me extraña que los jóvenes retrasen la procreación y es que, entre otras dificultades, nunca se está seguro de acertar con tu papel, de modo que hagamos lo que nos salga del corazón y contemos con su benevolencia, porque nunca fuimos perfectos. Y ellos lo saben. Entretanto, tengan la absoluta certeza que con buen ánimo y dos copas, todo resulta de lo mejor y un nuevo hito para el recuerdo, así que feliz Nochebuena y, si es junto a los hijos, ni les cuento del placer.
Jo Gustavo! Me encanta tu foto! Estais muy guapos. Por los 70s ¿no? Aunque no te veo muy patilludo…
Me gusta tu mensaje.
Mi hijo se marchó ayer, por trabajo, y hoy tengo un mal día. Que está dentro de una mala temporada. Así que, esta Navidad, que pase…
Buenas Fiestas.
Un abrazo.
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Los setenta, sí… Patillas no, pero tenía pantalones de pana. Si puedo hacer algo para alegrarte estos días, ya sabes donde me tienes. Un abrazo fuerte
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