A MÁS DE LA AGENDA, LOS IMPREVISTOS

La cotidianidad, fuente sin duda de agradables ratos, trae también momentos que te prometes intentar evitar en lo por venir. ¡Porque mira que sabías del calor agobiante y, sin embargo, saliste en plena canícula! a 1O, por seguir en el barrio, he mencionado en alguna ocasión lo que para los nervios del más templado puede suponer ir precedido, en la cola del supermercado y al disponerse a pagar, por la omnipresente anciana que, entre rebuscar en el monedero, recoger del suelo los euros caídos y ordenar en su bolsa lo adquirido, conseguirá que nos den las tantas. Y ya ni les cuento si, de vuelta a casa, a uno se le ocurre consultar la agenda y aparece según qué. En abril iba siendo tiempo de empezar con los papeles para la declaración de Hacienda; la misma penitencia un año tras otro pese a que un filósofo aconsejara siglos atrás no recorrer dos veces el mismo camino, lo que sin duda debiera ser una obligación exigida a los de la agencia tributaria. ¡Qué alivio en llegado julio! Aunque no será óbice para que, en cualquiera de los meses siguientes, aparezca otro fatídico emplazamiento: la cita con el dentista, por un decir, y es entonces cuando, de hacer caso al consejo de Stendhal (“Cuando las cosas vienen mal dadas, hay que dedicarse a la lectura”), nos leeríamos el Quijote de una sentada y, si me apuran, un par de veces con tal de retrasar la visita.a 2

Anotaciones y recordatorios para amargarnos el día y que las nuevas tecnologías –si acaso ustedes abandonaron el papel para programarse mediante teclado- es posible que subrayen con un aviso acústico en las horas previas y, de paso, hurten la tranquilidad por anticipado. Y de no ser el soniquete, ya se encargará cualquier verdugo en función de secretario/a, sea en el despacho odontológico o la Asesoría fiscal, de advertirnos que si una cosa no hay es el olvido cuando de tocar los cataplines se trata. Ni olvido ni perdón, remedando al Conde de Montecristo, mientras a la salida consignamos el siguiente encuentro previsto; con unos billetes menos y, quizá también, una muela de menos.

Entre que el agua caliente no funciona y a saber tú el porqué, una luz roja junto al cuentakilómetros del coche, las llaves que no aparecen o el aviso de correos pese a no esperar envío alguno, las pejigueras anotadas a meses vista brindan por lo menos la oportunidad de prepararse, aunque concluir de lo anterior que todo lo que no mata nos hará más fuertes puede deberse a que, en tiempos del autor de semejante aserto, ser ciudadano y contribuyente no eran condiciones inseparables, los dientes se dejaban a su albur y nadie, en el entorno próximo, se traía de Tailandia la pomada milagrosa. Les cuento.a 10

El pequeño recipiente contenía una sustancia gelatinosa de la que, tras el vistazo a unas líneas de caracteres incomprensibles, no fue posible saber más de lo que contó a su vuelta quien nos la regaló. “Extraordinaria –aseguró-. Frotas con ella el sitio que duela y mejoras en cuestión de minutos. Me la han recomendado y lo cierto es que…”. Total: soy totalmente reacio a potingues sin respaldo científico pero, siendo de uso externo, sólo cabría esperar un nulo efecto sin nocividad y, por probar… a 11Con la mano bien untada, la apliqué sobre la espalda de mi mujer y a continuación sobre mi propio hombro, no fuera a ser que, contradiciendo el inicial escepticismo, produjese al poco algún beneficio. Entretanto, fui al lavabo para hacer aguas menores según se dice y, como es regla entre varones, sosteniendo con la mano el excretor adminículo.

a 4 Fue al volver cuando la maldita pomada comenzó a hacerse notar. Un insoportable escozor en el hombro que tal vez anticipaba la ulterior analgesia, y en salva sea la parte sin anticipo que valga. Quemazón del pene como merecida consecuencia de haber caído en la medicina alternativa sin lavado ulterior de la mano, aunque las normas higiénicas aconsejen agua y jabón, máxime en tiempos de coronavirus. Eso me dije, y más, mientras rascaba como un poseso y no precisamente allá por el húmero. Un mal rato y sólo habría faltado, tras los compulsivos enjuagues con agua fría, consultar la agenda -mientras resistía como mejor podía- para toparme con una nueva cita en el dentista. Por eso el título y es que, entre apuntes y sobresaltos de nuevo cuño, la monotonía es a veces bendición. Y no sólo para la cabeza, de interponerse un remedio tailandés.

 

Acerca de Gustavo Catalán

Licenciado y Doctor en medicina. Especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión durante 21 años, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador en la revista de Los Ángeles "Palabra abierta" y otros medios digitales. Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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6 respuestas a A MÁS DE LA AGENDA, LOS IMPREVISTOS

  1. Cati Colom Llado dijo:

    Ooh,es que a veces, quizás muchas veces,todo te salga contradictorio,y alguna que otra temporadita nos caiga todoooo.Dentista, declaración, pero lo más ocurrente que me ha dado la risita ha sido lo del célebre ungüento maravilloso del que habla.Porque no pensar D.Gustavo en pleno confinamiento a lavarse las manos antes de ir a hacer sus necesidades y tener luego que dar saltitos de desesperación como un chiquillo je je.Otra vez,nada de milagrosos ungüentos ,medicina tradicional.Un gran saludo y un maravilloso dia.

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  2. La medicina ortodoxa, siempre, siquiera para prevenir escozores…Un abrazo.

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  3. Pilar Bonilla dijo:

    Qué los imprevistos u obligaciones sigan siendo cómo cuentas! incluida la anécdota con lo que aparenta es el famoso ojo de tigre, o sucedáneo, y qué a mi me han hecho probarlo en ocasiones momentáneas y sí he sentido un alivio no curativo, lógicamente. Es qué te pasaría lo mismo si hubiera sido el vick vaporub, el mentol un componente, qué también tiene, te hubiera ocasionado la misma reacción…Hay que ver, no lavarte las manos.

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  4. En lo sucesivo, las cremas con guantes…

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  5. Cati Gallardo dijo:

    A parte del comentario del dentista, que me escaqueo alargando la cita a mi estimado dentista que se vuelve loco cada vez que voy, por mi rechazo debido a una mala experiencia soy la peor de sus pacientes, menos mal que la amitad que tenemos a nivel de ser compañera de su esposa ( pediatra) tal vez no me atenderia y yo lo entiendo, le temo mucho, no soy muy adipta a visitas medicas, extrictamente las que son muy necesarias…
    Y admirado Gustavo hoy me reido a gusto imaginandome la situacion de tu momento y el resultado de ese milagroso enguento, que tantss molestia desperto, me reido como hacia tiempo no lo hacia que tú aigas en eso me sorprende, y entre la ” cremita” milagrosa y la anciana en la cola del super, ha dido genial me has arrancado un buén rato de sonrisa, lo cual es muy beneficioso comenzar el dia con esa parte, y te aseguro que es algo a recordar cuando me aseguren que tal o cual crema es un acierto me acordaré con sana sonrisa de tú accidentada experiencia…y no tocar ni por asomo ciertas partes de la anatomia con alta sensibilidad..
    .
    Es genial poder sonreir, de vez en cuando
    Un abrazo, mi admiración por tú sentido del humor….

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  6. Yo no sonreía cuando me sucedió, así que no te deseo que pases por una experiencia similar. Un abrazo.

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