HIJO: LOS HOMBRES NO LLORAN

     Las lágrimas no te servirán de nada, hijo, y esto tienes que aprenderlo antes de hacerte mayor. Es por tu bien: hazme caso. Aparte de mojarte la cara, ¿qué sacarás con ellas? Escozor en los ojos y el cuerpo perderá un líquido que necesita; parecerás otro arrugando la frente, los labios y, al final, ¿qué? Para el susto, los enfados o la añoranza de lo que sea hay mejores cosas que hacer. Es como cagarse de miedo: ¿te gustaría que te pasara o dijeran eso de ti? Y es que uno puede emocionarse sin tener que sacar algo afuera, por los ojos o el trasero. Cuando algo te da asco, ¿llegas a vomitar? ¿O te das cabezazos contra la pared si una cosa sale mal? Pues con los lloros, tres cuartos de lo mismo.

Conforme crecía, el padre siguió en las mismas aunque cambiando un algo su argumentación. Lo que nos ocurre –le recomendaba-, bueno o malo, es más útil pasarlo por la cabeza que por el corazón. Y todos albergamos sentimientos, ¡faltaría más!, pero su exhibición no los refuerza y lo único que consigue es poner en evidencia una debilidad que podemos vencer, si acaso aparece, evitando que se compadezcan de nosotros al vernos sollozar. ¿Mantener las apariencias? ¡Claro que sí! Conviene para andar por la vida con la cabeza alta, y ser capaz de hacerlo dará la medida de tu fortaleza.

Unos años después, el aleccionado retoño se independizó y abandonó la casa familiar. Con ello terminaron los debates, planes compartidos… Desde entonces, como al padre le había ocurrido con sus progenitores, los encuentros esporádicos se harían cada vez menos frecuentes y, para el ausente, el inicio de una nueva vida a compartir con otros. En todo eso pensaba el hombre la mañana en que su hijo se despidió de él. Las horas se le hacían interminables y, por necesidad de hallar distracción y alivio a tan honda tristeza, aquella misma tarde se fue al cine. Al salir, tiró el pañuelo empapado a la papelera del vestíbulo. Pero para sus enrojecidos ojos, todavía empañados, no encontró solución.

Acerca de Gustavo Catalán

Licenciado y Doctor en medicina. Especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión durante 21 años, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador en la revista de Los Ángeles "Palabra abierta" y otros medios digitales. Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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6 respuestas a HIJO: LOS HOMBRES NO LLORAN

  1. Rosario Ferrà dijo:

    Quien no puede llorar, reir, enfadarse, sentir……¿como puede decir que vive?
    Un abrazo

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  2. Pilar Bonilla dijo:

    Indudablemente un avance digno ha sido cambiar ese estereotipo tan manido de nuestras generaciones pasadas. Mi padre, era de lágrima fácil sin contener sus lágrimas, por lo que en casa no oíamos esa manida expresión, aunque no fuese exclusivo del hombre utilizarla.

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  3. Anónimo dijo:

    Soy de lágrima facil y llorar me ha ayudado mucho en según que tiempos.Un saludo.

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  4. Cati Colom Llado dijo:

    Soy de lágrima facil,llorar me ha ayudado mucho .Un saludo.

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  5. Ignacio Catalan dijo:

    Como salida de compromiso a esa educación muchos hemos optado por llorar sin que nos vean, a la vez que transmitimos a nuestros hijos que sí pueden hacerlo. Contradicciones….

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  6. De las palabras a los hechos, a veces todo un abismo…

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