DULCES SOLLOZOS MUSICALES

“Yo también escribí algo el otro día. Si quieres te lo mando…”. Tras leer la página remitida por mi nieto Gustau Catalán, de 13 años, se me ha hecho evidente que la madurez debe implicar también admitir que, quienes nos siguen, atesoran habilidades que para mí hubiese querido a su edad y, si me apuran, incluso décadas después. He sentido a un tiempo pasmo y orgullo por el relato que les adjunto.

 

 Dulces Sollozos Musicales

La escena musical estaba dominada por ritmos y melodías rígidas y encasilladas en los géneros establecidos durante los siglos pasados. Lo que ahora conocemos como música clásica era lo que en aquel momento se escuchaba en los locales de ocio y salas de conciertos, no dejando lugar a otros géneros musicales que aparecieron posteriormente, durante principios del siglo XX, y entre los cuales se encuentra el que hoy se tratará.

Corría el año 1924 y Nueva Orleans, una ciudad entonces pequeña, fue siendo escenario de grandes intercambios comerciales y ofertas financieras que hicieron que ésta se convirtiera en un centro de atracción turística. Por ello, se empezaron a abrir locales de ocio y salas de conciertos donde los turistas iban a pasar el rato emborrachándose y apostando mucho dinero. Es allí cuando aparece un hombre crucial en la historia moderna. ¿Su nombre? Cómo no: el gran Buddy Cornish.

Era un hombre alto y flaco, de carácter introvertido que se reflejaba en sus ojos negros. A causa de no ser bien tratado por la cultura racista americana de los años veinte, se ganaba la vida como barbero, cerca del centro pero, por las noches, un prodigio de la trompeta. Dado el aumento de la demanda en los locales, se le dio una oportunidad como trompetista en algunos conciertos nocturnos junto a su grupo.

Sin exagerar, se podría decir que la gente quedó anonadada al comprobar el talento innato que tenía Buddy con la trompeta. La manera en que la hacía sonar recordaba mucho a lamentos humanos, como si aquel instrumento cobrara vida y en vez de ser tocado por él, la trompeta lo guiara. Todo el mundo, tanto blancos como negros, hombres o mujeres, clientes y dueños, estuvieron de acuerdo en que aquello no era normal. Era una de esas veces en las que si desperdicias una oportunidad, puedes lamentarlo el resto de tus días. Sin duda, ésta no se la iban a perder.

Fueron pasando los meses y Buddy cada vez tenía más trabajo, más conciertos y más importancia dentro del mundo de la música. Tanto era así, que llegó a crear un estilo muy particular que fue bautizado como Jazz. Buddy lo había conseguido, había conseguido convertirse en una estrella, dejar su trabajo en la barbería y disfrutar de la música, ganando un nivel de importancia nunca antes visto en América y ganando también cantidades de dinero inimaginables para un hombre negro, dado el racismo que lo rodeaba. Pero aquí se distinguen dos tipos de personas: las que pueden convivir con la fama y la presión y las que se descarrilan montaña abajo.

Cuando ya tenía su trabajo y su figura asentados en el país, empezó a beber y a consumir otro tipo de sustancias, se volvió mujeriego, empezó a apostar cantidades desorbitadas de dinero en los casinos y sus compañeros más cercanos decían que si te fijabas muy bien, cuando estaba aislado comenzaba a hablar solo y a delirar. Esto no fue a menos. En sus conciertos de trompeta, cada vez se le podía observar más ausente y distante, con una mirada vacía, como si de un fantasma se tratara, que solo se podía comunicar cuando soplaba a través de la trompeta.

Empezó a dejar de asistir con tanta frecuencia como antes a los ensayos y al parecer le costaba retener información y pensar con lógica en el momento oportuno, como había sabido hacer en tiempos pasados. A pesar de recibir ayuda psicológica, se volvió alguien violento con los suyos y de vez en cuando agredía a alguna bailarina de los bares o se peleaba en las calles sin importarle quién era.

Pasó algo más de un año con este comportamiento hasta que en uno de sus frenéticos conciertos, en medio de un solo de trompeta y mientras tocaba, se desplomó. Todo el mundo acudió a su rescate, pero nada había por hacer. Le esperaba un final triste y abrupto. Desde aquel momento pasó, de ser una estrella, a una leyenda. Para muchos, un barbero al que se le subió la fama y murió de sobredosis y, para otros, un hombre que rompió estereotipos, un virtuoso, el inventor del Jazz y alguien merecedor de estar en la memoria colectiva durante mucho tiempo.

Hay quien dice que muy de vez en cuando, cuando los garitos oscuros cierran a medianoche, quizás puedas escuchar los dulces y a la vez amargos lamentos de su trompeta, que desea ser oída y recordada entre el calor de las masas….

Acerca de Gustavo Catalán

Licenciado y Doctor en medicina. Especialista en oncología (cáncer de mama). Columnista de opinión durante 21 años, los domingos, en "Diario de Mallorca". Colaborador en la revista de Los Ángeles "Palabra abierta" y otros medios digitales. Escritor. Blog: "Contar es vivir (te)" en: gustavocatalan.wordpress.com
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14 respuestas a DULCES SOLLOZOS MUSICALES

  1. Toni Frau dijo:

    Gustavo, me has introducido en una sala de conciertos de Nueva Orleans, he escuchado una trompeta , he sentido la mùsica tenerla frente a mi.
    Gracias por tu estupendo relato.
    Toni Frau.

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  2. Nos ha introducido a ambos mi nieto, así que gracias a él. Y a ti por tu amable opinión. Un abrazo

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  3. Rosario Ferrà dijo:

    Muy buen relato sobre como la fama mal digerida puede destrozar la vida de un artista brillante. Una historia escrita con mucha madurez.

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  4. Yo también lo creo así. ¡Y a esa edad…! Un abrazo

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  5. Pilar Bonilla dijo:

    Ya comentamos en otra ocasión qué, tu nieto con tan corta edad, ya demostraba unos mimbres de lo que no me extraña sientas Orgullo, con mayúscula, porque con este Dulces Sollozos Musicales (¡qué gran título y hermoso! ), demuestra un talento enorme. Dale nuestra enhorabuena y que te comparta otros relatos más. Besssss

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  6. Se lo diré de tu parte. Y espero me deje algún otro… Un abrazo

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  7. Sin alguna palabra amable, ¿para qué seguir?

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    • Pilar Bonilla dijo:

      Creo que los que os dedicáis a la escritura, cómo otras artes, siempre que haya quienes disfruten con vuestras obras es ese estímulo que mencionaba. La amabilidad no es nuestra razón, sencillamente es un reconocimiento y gratitud.

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  8. Cati Colom Llado dijo:

    Enhorabuena,me a encantado,me a parecido escuchar incluso la trompeta en una sala a media luz,espectacular escrito,la verdad he disfrutado de leerlo.Será un gran escritor como su abuelo,seguro!!!!.

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  9. Que bonito!! Y qué bonita la escritura uniendo generaciones ☺️

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