Que disponemos de un cerebro evolucionado, vaya, aunque parece que algunos de quienes nos discursean o diseñan la propaganda no lo tengan tan claro a juzgar por el contenido de sus mensajes. Por manido, dejaré a un lado los que hemos venido escuchando durante la campaña electoral, pero, ¿qué me dicen del Rey o del Papa, puestos a mirar hacia lo alto? Afortunadamente al Sumo Hacedor no se le oye, y mucho mejor si la calidad de los alegatos, como parece evidente, guarda relación inversa con la preeminencia de los autores.
La vacuidad de la disertación real sólo puede obedecer a esa convicción que parecen albergar quienes se la escriben: que para contentar a todos, mejor pasar de puntillas sobre la realidad y, por supuesto, solución ninguna. En cuanto al Pontífice, ¿ustedes creen que con la que está cayendo, desde los escenarios de violencia a la generalizada rapiña de los menos sobre los más, cabe apelar a la voluntariosa misericordia urbi et orbi como remedio?
Y es que por esos pringosos derroteros se despachó, aunque no precisó si era misericordia humana, subordinada a intereses mil, o acaso la divina; ésa que no reza con nosotros desde que adoptamos la posición erecta. Concluyo dando la razón a Oscar Wilde cuando afirmó que es el estilo y no la sinceridad lo que cuenta, y que si alguno de quienes cito hubiera seguido el consejo de forjar en el yunque de la verdad su lengua, a día de hoy no podría articular palabra por haber quedado sin ella.
No obstante, muchos más que los citados próceres nos toman también por descerebrados. Baste con escuchar por teléfono a esos de Gesa-Endesa ofreciendo bajarte el precio de la luz. ¿Quién se negaría? Y, en consecuencia, ¿ por qué gastar en llamadas? A no ser que haya gato encerrado. No me extrañaría que, a no tardar, los Bancos adopten estrategias parecidas respecto a préstamos e hipotecas. Y a ver por dónde nos la cuelan. O, por poner un ejemplo más, el mayor exponente de democracia participativa ha sido, por estos lares, organizar un referendo para decidir si se cambian de lugar unas mesas de los bares del Paseo.
En resumen: nonadas, no sea que las neuronas de los ciudadanos fuesen a convertirse en un problema. Por eso, a poco que puedan, el eco mediático para los del ninguneo, mezclado con prolijos análisis , en horas de máxima audiencia, sobre la liga de fútbol y, como broche, transmisión del partido entre la Ponferradina y los de Navalcarnero, por un decir. La deducción de todo ello es obvia: saben perfectamente que los sesos, cuanto menos se utilicen, mejor para sus intereses. De ahí la estrategia global y, el próximo año, más Papa y más Rey para entender el mundo un poco menos.




















