La Asociación de mujeres afectas de cáncer de mama en Mallorca (AUBA), organizó ayer una jornada de sensibilización («Vivir, a pesar del cáncer») a la que fui invitado para impartir una charla titulada «Buscando un nuevo horizonte». Hice un repaso de los últimos avances en cuanto a diagnóstico y tratamiento; un «nuevo horizonte» desde la perspectiva profesional aunque, a medida que avanzaba la reunión, sucesivas intervenciones y más tarde en el coloquio, fui advirtiendo -nada nuevo, aunque convenga revivirlo de vez en cuando- que ese horizonte es el que dibujaban una admirables mujeres, capaces de sobreponerse y emplear su tiempo en ayudar a aquellas, por lo reciente del diagnóstico, aún en doloroso proceso de adaptación.
Las palabras de una psicoanalista venezolana, Mariela Michelena, con una mastectomía bilateral y autora del libro Anoche soñé que tenía pechos, no tenían desperdicio y permearon a una audiencia en sintonía con aquella transpiración de realismo trufado de buen humor. «Tengo cáncer y ¡algo más!», se titulaba una ponencia en la que eximió a las afectadas de falsas culpas y las indujo -por lo que pude comprobar, llovía sobre mojado- a sobreponerse para seguir adelante como sugería el título del evento.
Después, una colección de pensamientos surgidos de las propias asociadas que, para clausurar el acto, bailaron sobre el escenario al tiempo que sostenían una cuerda rosa:
una maroma que estiraban entre todas para arrastrar con ella a las más necesitadas de manos amigas; de ejemplos próximos para enfrentar las turbulencias de lo por venir. Cuando me fui, llevé conmigo mucho más de lo que había aportado: un regalo, no por esperado, menos estimulante. Para gente así, vale la pena seguir. Contra el cáncer y pese al cáncer. Como ellas hacen.















