Por fin, el consorte de las trapisondas ha ingresado esta mañana, sobre las 08h., en la cárcel de Brieva (Ávila).
Sorprende su elección de una ciudad que no se cuenta entre las mejor comunicadas para que la Infanta Cristina pueda visitarlo con la asiduidad que sin duda dictaría su ciego amor. Tal vez Iñaki la haya preferido por pura españolidad con el consiguiente rechazo de Cataluña a diferencia de Torres, su mentor, o quizá la mayor tranquilidad del lugar y su clima invernal más frío y parecido al de Suiza hayan influido en la decisión aunque, puestos a lucubrar, no pueda soslayar una peculiaridad de Brieva que inspiraría el fondo del asunto.
Pudiera ocurrir que el ex-duque empalmado, según su propia caracterización en el pasado, sólo haya sido interferido por ese «ex» en lo referente al título nobiliario y, de seguir empalmado a la menor oportunidad (en erección, para los menos familiarizados con el culto lenguaje del delincuente), permanecer en una prisión de mujeres con un único y despoblado módulo masculino, cual es el caso de Brieva, podría parecerle un buen escenario para disminuir, a la mínima oportunidad, su necesidad de alivio. Bajo esta perspectiva, cabe suponer que la mayor dificultad para las conexiones con Ginebra sean para el susodicho cuestión menor y, de ser el caso, sólo cabe desearle suerte. Siquiera por lo que hace a su proclamada y orgullosa congestión genital.
Como supongo saben todos ustedes, se trata del proceso a la infanta Cristina y su marido Urdangarín, iniciado allá por 2012 y bajo las acusaciones de prevaricación, malversación de fondos públicos y tráfico de influencias. En el ínterin y a la espera de una sentencia que hemos conocido hace pocos días, ambos han seguido en Suiza, obligado él a comunicar cualquier desplazamiento fuera de la Unión Europea (aunque Suiza no pertenezca a la misma) y conservando el pasaporte. Una tolerancia sin nada que ver con la aplicada a otros, en prisión cautelar desde hace meses y, a diferencia del cuñado del Rey, con juicio aún pendiente. Finalmente, 5 años y 10 meses de cárcel, que no llegan al doble de los que cayeron por la misma época al ladrón -plebeyo- de una bicicleta.
Por lo que hace a ella, y como responsable civil a título lucrativo, 137.000 euritos de multa y a otra cosa. Era titular de la mitad de Aizoon, una sociedad creada por el matrimonio para ingresar los dineros de sucesivos fraudes -sobre los 6 millones entre 2004 y 2007- y que Cristina manejaba a su antojo aunque ignorase la ilícita procedencia porque era todo amor, ciega confianza y ejemplo de ignorante candidez.
Ya he comentado en alguna ocasión mi nulo interés por ese deporte y debido a motivos varios: millones de personas abducidas por veintidos indivíduos persiguiendo una pelota no me parece un espectáculo que justifique hacerse con nuestro tiempo… Tiene algo de azaroso, mucho de reiterativo, no estimula precisamente la imaginación y si encima consideramos el dinero que mueve y ganan los implicados, es incluso ofensivo para con una sociedad manifiestamente mejorable en cuanto a empleos y salarios se refiere.

Hace pocas semanas escribía, en mi columna de prensa semanal, sobre la imperiosa necesidad de que una mayor y mejor educación sanitaria contribuya a eliminar en la población prejuicios y falsas creencias que pueden poner en grave riesgo su salud o, caso de enfermedad, comprometer las posibilidades de curación. Me refería con especial énfasis a las reticencias de un amplio colectivo respecto a las vacunas, lo que no sólo puede dañar a sus propios hijos sino facilitar un contagio del entorno que habría sido evitable. Asimismo, denunciaba la publicidad de lo que han dado en llamar «Medicinas alternativas», sin base científica alguna y que nunca han demostrado los beneficiosos efectos que se pregonan.
Pues bien: como si las citadas reflexiones hubiesen ejercido el efecto contrario al pretendido, leí al poco, por parte de otro colaborador habitual y en el mismo periódico, un cúmulo de falsedades sobre el tema que es necesario, desde ese medio y también en el blog, desvelar en lo que tienen de desconocimiento cuando no simple estupidez. Porque la mentira no es un punto de vista ni puede ser sustrato de digresiones sin el menor fundamento.
Naturalmente que se han producido fiascos y errores por falta, la mayoría de veces, de un seguimiento clínico más prolongado en los ensayos correspondientes. Sin embargo, el aumento en la esperanza de vida no es resultado del azar, y si hoy en día puede curarse la hepatitis C o se ha duplicado la supervivencia media de muchos cánceres, es debido a unos avances farmacológicos financiados en buena parte por multinacionales. ¿Que éstas promueven enfermedades y entran en contubernio con los médicos para ampliar su negocio? ¡Venga ya! La inversión económica busca obviamente el beneficio cuando acierta, pero sin ella estaríamos aún frente a letales epidemias de viruela o polio, sin anestésicos ni quimioterapias antineoplásicas, inermes frente a un sinfín de procesos infecciosos… Todo innecesario porque ahí está la homeopatía y la medicina ortodoxa es fruto de interesadas connivencias, afirma el imbécil a quien me refería al comienzo, cuando lo triste es que el infortunio de algunos enfermos, potencialmente curables, obedezca a que hicieron caso de una pandilla de indocumentados disfrazados de visionarios en posesión de la verdad. Lo cierto es que, en ocasiones y frente a según qué o quién, la censura se echa de menos.
Absolutamente lego en materia de leyes, leo sin embargo de sucesos varios: desde declaraciones ofensivas para terceros, a incitaciones al odio cuando no al puro asesinato o acciones dirigidas a amargar la vida de desconocidos y me digo si acaso, más acá de la cárcel -que por cierto y en cuanto a su función rehabilitadora deja bastante que desear-, no podrían arbitrarse acciones que disuadiesen a los autores y sus eventuales émulos en el futuro.
Hay que poner el punto final a una justicia con demasiados agujeros negros, tardía y anacrónica. A modo de ejemplos, animar a acabar con la vida de algún puto guardia civil como ha hecho el rapero Valtonyc, ejercer de hacker y poner palos en las ruedas de quienes pueden emplear las redes para algo más que el entretenimiento, abundar en la mentira -publicidad engañosa- , protagonizar un falso aviso de bomba, simular que hay virus Ébola en un bote de gel o incitar a la xenofobia, seguramente no son comportamientos de los que deba seguirse causa penal y privación de libertad, pero ser incorporados a un archivo que sirva para agravar el castigo en caso de reincidencia y entretanto un buen zasca al bolsillo de los tales, quizá fueran contrapartidas a tener en cuenta frente a graciosos, inoportunos o descerebrados.