Me refiero a esas sus propuestas cogidas por los pelos, inconsistentes, fruto del correprisas electoral y que, la mayoría de veces, caerán en el olvido tras los comicios. Si las de más enjundia se archivan a la mínima de cambio, no es de extrañar que las de relleno duren lo que la propaganda. Y para ejemplos, las que en los últimos días han llamado mi atención; tal vez un preludio de las que seguirán en el mes que resta hasta un 24 de mayo que será alegría de unos y, para otros, llanto y crujir de dientes.
El Presidente de la Comunidad Balear, J.R. Bauzà (PP), ha propuesto retirar el aforamiento a los altos cargos políticos por mor de esa justicia igual para todos con que, en cuanto alguno de su cuerda es pillado a contrapié (el caso Rato ha sido la guinda), se llenan la boca. Aunque se resistan a hacer pública esa lista de más de setecientos que blanquearon sus dineros merced a una amnistía ad hoc y entre los que podría figurar algún que otro amiguete de igual carné que el suyo. Sin embargo, no tienen que inquietarse: ninguno va a perder su condición de aforado porque se precisaría un consenso parlamentario con más votos que los de su Partido y ya no es tiempo de reunir a la cámara como bien sabe el avispado. Pero presumirá de haberlo intentado, que es de lo que se trata.
Y por abundar en las naderías por si acaso venden, José Antonio Monago, el Presidente del Gobierno extremeño (PP), recientemente contra las cuerdas por el amor a una mujer (canaria y los viajes a costa del contribuyente), como reza la canción, promete construir guarderías gratuitas para los bebés de los empleados públicos.
¿Y qué pasa con los retoñitos de desempleados, públicos o privados, desahuciados o los de inmigrantes ilegales? Pero por si acaso el envite no calara lo suficiente, dará 25 euros al mes a toda mujer extremeña mayor de 75 años y con bajos ingresos (la solución económica para ellas, sin duda), por cuestión «De memoria histórica y en compensación por su papel durante la Guerra Civil, sin libertad ni igualdad…». Quizá, dado lo exiguo de la cantidad, podría hacerla efectiva sin excesivos apuros si volviese a gobernar, aunque ignoro de qué podrían servir a esas ancianas los 80 céntimos diarios. Sin duda menos útiles de lo que son a día de hoy para el amoroso Monago, cuya memoria histórica sólo alcanza a ellas y, encima, va a salirle más barata que buscar a algún que otro asesinado por el franquismo y olvidado en cualquier cuneta. Pero no hay que echar nada de lo anterior en saco roto; quizá las ocurrencias delicuescentes sirvan sobre todo para perfilar a sus autores y, aunque sólo fuera por eso, conviene anotarlas.














