José Luis Sampedro

Algunas pérdidas se sienten más. Y no me refiero a los seres queridos, sino a esos/as que, aun cuando personalmente desconocidos, han llenado un espacio de nuestras propias vidas. Es, para mí, el caso del escritor J. L. Sampedro, fallecido hace pocos días.

Hace un par de años fue invitado a venir al hospital en el que yo trabajaba, para charlar sobre lo que le apeteciese. y el Gerente me invitó a presentarlo. Sin embargo, y tras su aceptación inicial, pospuso el acto por cuestión de salud. En el ínterin, repasé su biografía y lo que de él había leído, aunque era su novela, «La sonrisa etrusca», la que iba a centrar mis palabras.

Tal vez por oncólogo, nunca olvidé a aquel viejo de nombre Salvatore: un  antiguo partisano enfermo de cáncer y que se encariña con el nieto, Brunnetino, que fue también su nombre de guerra. La enfermedad no acabaría con él hasta el día en que el niño le llama, por fin, nonno (abuelo). Hoy se me ocurre que si Brunnetino no hubiese balbuceado esa palabra, aún tendríamos al anciano luchador, a ese hombre honesto, entre nosotros. Porque mientras esperaba el día de su venida, Sampedro era para mí el nonno de su novela.

Ya no podré preguntarle si, en alguna medida, estaba en lo cierto. Y bien que lo lamento.

PD: este post fue publicado en 2013. Ignoro por qué aparece fuera de lugar. Los comentarios adjuntos aluden al siguiente, que trata de la concesión del Premio Cervantes al escritor Juan Goytisolo.

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RESTOS: LOS DE CERVANTES Y OTROS MUCHOS

cervantes 5Miguel de Cervantes fue sepultado en el antiguo templo de las Trinitarias de Madrid, cumpliendo así su deseo, el 23 de abril de 1616. Pues bien: transcurridos cuatro siglos se ha decidido, con cargo al Ayuntamiento de la capital, iniciar la búsqueda de sus restos. Este verano se detuvo el proceso aunque al parecer se reanudará en breve, con un costo que calculan superará los cien mil euros cuando finalice el rastreo. La justificación, en palabras de Fernando de Pardo, historiador encargado, entre otros, de hallar el emplazamiento, estriba en tratarse de «Un personaje mundial» del que «Podemos localizar los restos y ponerles una lápida encima». Ignoro lo que opinarán ustedes, pero a mí se me antojan pobres explicaciones para justificar un esfuerzo -también económico- sin más objetivo que reunir, en el mejor de los casos, unos fragmentos que se ubicarían a pocos metros de donde estén, pertenecientes a alguien sin descendencia y cuya pervivencia histórica no precisa del mármol. Máxime cuando otras búsquedas (y éstas sí, a petición de los deudos muchas veces) han sido orilladas con argumentos cuestionados incluso por el Comité de Derechos Humanos de la ONU.

Cervantes 6Me refiero, como suponen, a esos más de 80.000 asesinados en los tiempos sombríos del franquismo, enterrados en lugares impropios, en fosas comunes e ignoradas y cuya localización y sepultura, con nombres y apellidos, sería de estricta justicia siquiera post mortem. Y un lenitivo para sus familiares. Sin embargo, la Ley de Amnistía, promulgada en 1977, sigue vigente; la de Memoria Histórica no ha servido para rescatarlos del anonimato con que los cubrieron y, como broche de la sinrazón, bastará recordar la implacable persecución al Juez Garzón desde 2008 (cuando se declaró competente para investigar las desapariciones durante la Dictadura) a 2012, año en que, una vez absuelto del delito de prevaricación que se le imputaba por instruir la apertura de 19 fosas, fue condenado a 11 años de inhabilitación a propósito del caso Gürtel; evidente excusa para quitárselo de encima.Cervantes 4Frente a semejante escenario, buscar lo que quede -poco o nada tras 400 años- de Cervantes mientras las víctimas de la represión (también personajes mundiales por lo que atestiguan) siguen en cualquier cuneta, Cervantes 3me parece un escarnio hacia ellos y una afrenta para quienes no comulgamos con olvidos interesados. Así pues, y de buscar a Don Miguel, ello debiera ocurrir después de dar cumplida satisfacción a un imperativo ético que el Ayuntamiento de Madrid -como otros muchos y amparados por el Congreso- se viene pasando por el forro.

 

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LA DUQUESA DE ALBA. Y CONDESA, Y MARQUESA…

DuquesaEs frecuente basar la opinión que alguien nos merece, en estereotipos alejados de la objetividad. No soy ajeno a esos prejuicios y, cuando se trata de personajes públicos con relevancia social y/o mediática (ambas suelen ir de la mano), demasiadas veces solemos encasillarlos con independencia de su historia personal.

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El reciente fallecimiento de la duquesa de Alba -entre otras decenas de títulos y grandezas-, sirve como ejemplo de lo que antecede. La condición noble (me refiero a ducados, marquesados…), así como las resonancias históricas de su linaje, han contribuido a definirla más allá de su valía, cultura y talante. Se trataba de alguien a quien bastaban los marchamos de nacimiento para brillar en sociedad sin necesidad de esfuerzo adicional (en otros casos se precisa de determinación, aunque ser famoso tampoco es difícil; basta con que uno dé muerte a su portera, que decía Camus) y, sin embargo, más allá de comportamientos que no podían por menos que llamar la atención, atesoraba cualidades sobresalientes.

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Alguien llano como era ella, desinhibido, con demostrada capacidad para beber la vida a grandes sorbos y con una alegría que según cuentan se contagiaba, se eleva por encima de sus blasones para convertirse en persona, más allá del personaje, que requiere ser valorada con parecidos baremos a los que utilizamos para con quienes no han rehuido el esfuerzo y han evitado las máscaras porque no quieren ni tienen por qué mudarse en otro/a. Duquesa 2Y claro que es fácil ser modesto desde la celebridad, pero tengo la impresión de que, en ella, una cierta espontaneidad que no perseguía la lisonja, le era consustancial y no impostura. ¿Simpleza? No lo creo; pasotismo, quizá, propio de quien está de vuelta. Por todo ello, su desaparición es una pena. Entre otras cosas, porque a muchos nos caía bien.

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REUNIDOS PARA HABLAR DE MI LIBRO

LibroComo Umbral en su día, también yo fui a hablar de mi libro con esa inquietud que provocan las dudas sobre la utilidad del acto y las ganas de estar a la altura de lo que quizá esperan (si acaso, te dices un rato antes, hay auditorio que permita presumir expectativas en alguien).

2 Presentación libro 2014

No llevaba papel escrito alguno, pero sí un esquema mental de los temas a tratar hasta ese final que debería compendiar la intención de lo hecho y abriría el debate. En situaciones parecidas, uno suele cumplir como mejor sabe y, de terminar con bien, la satisfacción se mezcla con el alivio. ¡Se acabó y no ha resultado del todo mal! Es lo máximo a que uno aspira y así me ha venido ocurriendo otras veces. Sin embargo, en esta ocasión -es la primera vez en que he hablado en público de mis sentimientos, tras haberlos relatado por escrito- y conforme seguía, Libro 12mayor era la sensación, gratificante sensación, de poder mostrarme sin dobleces ni pretender otra cosa que contar (no enseñar, es decir, sin magisterio alguno), con absoluta sinceridad, fortalezas y debilidades; la amalgama, en suma, de la que todos estamos hechos.

La enfermedad modifica la perspectiva de cualquiera, y analizar los altibajos del ánimo durante su evolución, me hermanó con los oyentes como nunca antes. Transitar de nuevo, pasados los años y ya recobrado, por los miedos y esperanzas de entonces, es ejercicio que pretende trasmitir a los demás tu forma de ser y reaccionar pero, sobre todo, te recuerda la importancia de un vivir que es siempre regalo. La ansiedad amplificada en los insomnios de entonces y los modos de sobrellevarla (en mi caso, con libreta y boli), la persecución de verdades huidizas o amores a los que proteger más allá del propio dolor fueron, hace unos días, remembranzas que me acercaron de nuevo a la felicidad de la convalecencia. Libro 18Y los asistentes, en silencio y luego con sus preguntas, contribuyeron a hacer de ese atardecer otra aurora más de las muchas que he podido disfrutar desde aquellos días. Sé que no volverá a repetirse la magia de ese encuentro; la íntima sensación de estar en sintonía con tantos desconocidos, pero me fui con ella a la cama y todavía me sobrevuela.

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TITO Y LA SONRISA

Tito en Son LlàtzerAlbertito, mi nieto de 16 meses, debió ingresar en el hospital un par de días. Un proceso banal, aunque precisó de sueroterapia y allí, de aquella guisa, tuve que abrazarlo. Como si fuese mi otro yo; como si en el tiempo transcurrido desde mi propio ingreso, unos años atrás, me hubiera encogido hasta parecer él: en el mismo escenario, los paseos acompañado del artilugio con ruedas para mantener en alto el frasco de marras y, para completar la semejanza, la dichosa batita abierta por detrás y atada con unos lazos que no consiguen mantener el culo de quien sea a buen recaudo.

Pero, a diferencia de entonces, no cabía el recurso de esconder la ansiedad hablando del tiempo. Ahora se transparentaba en los ojos de sus padres, en los nuestros… Y cada lágrima de Tito cubría con hilos de tristeza nuestras almas, así que conseguir una sonrisa del pequeño -ni les cuento de la risa- era objetivo prioritario y todos, sin excepción, nos hubiésemos cambiado por él. Estoy seguro que cualquiera de ustedes, si ha pasado por la experiencia de acompañar a un niño en semejante trance, entenderá lo que quiero decir.

Tito 9

Fue entonces cuando comprendí el valor de La Sonrisa Médica, una ONG fundada en Mallorca (y la primera en España), hace precisamente ahora 20 años, por mi buen amigo Miguel Borrás. Si he de ser sincero, debo confesar que en el pasado fui bastante escéptico respecto a su utilidad y, cuando los veía por los pasillos del hospital, el jolgorio, disfraces y ademanes me parecían incluso impropios del lugar. TitoSin embargo, la pasada semana habría dado lo que fuese por verlos aparecer: narices rojas, musiquilla pegadiza y unas habilidades con que el enfermero aspirino o la doctora cirereta deben conseguir lo que nosotros perseguíamos con suerte dispar. Y es que por la risa de un niño, por alegrar su carita, hay ocasiones en que uno estaría dispuesto a todo. Por eso, y después de acompañar a Tito en el hospital, vaya este post por ellos; por esa Sonrisa Médica de la que, porque siga viva en previsión de que volviese a sucedernos algo parecido en el futuro, o a cualquiera de ustedes, pienso hacerme socio. Y si quienes esto lean tienen hijos o nietos en edad de merecerla sabrán, como yo, lo que valen unas risas por sobre la adversidad.

 

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