Gran parte de los seguros médicos privados no están cubriendo el pago de fármacos de probada eficacia para el tratamiento de algunos tipos de cáncer, en ocasiones la mejor alternativa, aduciendo como única razón –más bien excusa- que son de administración oral.
Sin embargo, el paciente tiene la percepción, al contratar su póliza de seguro, de que ésta financiará cualquier tratamiento oncológico, lo cual dista de ser cierto, y algunos de los más novedosos y eficaces son excluidos por el mero hecho de presentarse en comprimidos y no para su aplicación intravenosa, como sucede con la mayoría.
La moderna oncología tiende al tratamiento personalizado y ello ha supuesto en los últimos años, entre otros avances, un aumento en el número de agentes anticancerosos de contrastada actividad, algunos de los cuales son activos por vía oral y, por ello, de cómoda administración. Tal es el caso de los inhibidores de la tirosina-quinasa para el cáncer de pulmón, inhibidores de BRAF en el melanoma maligno, inhibidores de MTOR en determinados subtipos de cáncer de mama… Por todo ello, es inadmisible que no se incluyan entre las opciones terapéuticas disponibles tras haber sido aprobados por la Agencia Europea del Medicamento, la Agencia Española y, en consecuencia, estar comercializados en nuestro país.
Es de justicia reclamar que los Colegios de Médicos, así como las sociedades oncológicas, desde la de Oncología Médica -SEOM, que agrupa a los especialistas en cáncer- a la Española Contra el Cáncer (AECC), formada por voluntarios, se posicionen explícitamente al respecto y denuncien la situación discriminatoria que han de soportar los enfermos oncológicos cubiertos por seguros privados, con relación a los tratados en el sistema público de salud. Porque no todo vale en aras del negocio, cuando de enfermos se trata, y es una situación que está pidiendo a gritos la oportuna demanda legal que podría interponer, desde una Asociación, a cualquiera de los afectados por el despropósito. Más bien estafa.


















