La posibilidad de prospecciones petrolíferas en aguas de las islas Baleares muestra, de forma paradigmática, tanto la hipocresía que puede subyacer en los discursos como la tendencia a hablar de la feria según le vaya a uno en ella y, lo que tal vez sea más preocupante, que la honestidad de las opiniones no está reñida con un conocimiento insuficiente, lo cual les resta contundencia.
En cuanto a lo primero, la hipocresía, baste con echar un vistazo al PP para comprobar una vez más que los compromisos no suelen ser totales. Ni siquiera compromisos, aunque quieran pasar por tales.
Su programa electoral es buena muestra de ello. Respecto a las prospecciones, el Presidente de la Comunidad Autónoma (PP), se manifestó contra los sondeos e incluso asistió a una manifestación pero, pocos días después, los cinco diputados por Baleares en Madrid votaron a su favor y, en Alemania, la representante del mismo Partido intentó quitar hierro a lo que podría ser motivo de una espantada turística afirmando que, en estas aguas, se buscará gas pero no petróleo (?). Por lo que hace a opiniones no ya cambiantes sino surgidas del interés, puede adivinarse, sin necesidad de escucharlos, la posición de distintos sectores sobre el asunto; cómo orientarán la lengua con relación a sus bolsillos. Hoteleros y restauradores, contra unas prospecciones que podrían afectar negativamente el flujo turístico hacia las islas, e igual los pescadores aunque por otras razones. Pero seguramente los taxistas estarán a favor -si su coche no es eléctrico- ante la posibilidad de que el precio de los carburantes pudiera descender.
Cuestión distinta es que el «hotelero ecologista» no tenga empacho en utilizar su jet privado con el dispendio energético consiguiente. En cuanto al resto, los de a pie, tal vez seamos más vehementes hablando de lo cercano que al juzgar iguales o peores agresiones ambientales pero lejos de nosotros.Y es que se habla de una manera pero se vive de otra, como ya señalara en su día Séneca.
Sin embargo, tras asumir las propias contradicciones, éstas no debieran ser óbice para la toma de posición siquiera de boquilla, lo cual supone, para quienes abdicamos de las creencias hace ya mucho tiempo, disponer de datos. Estamos faltos de información, de precisiones cuantitativas, en el balance de riesgos y beneficios, para apostar sin lugar a dudas.
Ésta debiera ser la misión de quienes saben del tema y no han hecho, de la ideología o el bolsillo, alimento de sus argumentos. Así estamos muchos; en espera de la objetividad y a sabiendas de que, en ocasiones, las opciones alternativas, atractivas por distintos motivos, no son mutuamente conciliables. A día de hoy echamos en falta, en pocas palabras, juicios expertos. Más allá del cliché. Veremos.

















