Así decía tiempo atrás el entrenador Van Gaal en un dictamen que ni pintado para las noticias con que la prensa nos abruma a diario, al punto de que los ocasionales atisbos de esperanza quedan asfixiados bajo el aluvión de desastres ocurridos o por venir.
No se trata de falsedades o hipótesis descabelladas, pero la elección de lo presumible u ocurrido precisaría de mayor equilibrio, siquiera para no sumir al común de los lectores en la depresión y el insomnio. Día tras día parece que, como sugiriese Max Weber, cabalguemos irremediablemente hacia la destrucción sin posibilidades de parada o retorno, y los autores de las páginas (un calco de “El caso”, ¿recuerdan?) se diría que sólo se hallan a gusto en los entierros o el anticipo de los mismos.
Lejos de pretender confundir las puestas de sol con los amaneceres, pero la tendenciosidad, sesgos en el filtrado de lo acontecido o cualquiera que sea la explicación para salpimentar de horror la mayoría de páginas, nos tienen a más de uno hasta la gorra.
Si es en verano, y más allá de los muertos por la canícula, una catastrófica sequía y su efecto sobre los embalses, la producción de miel en un brete así como el aceite, las ciudades hechas unos zorros (el parque inmobiliario de Baleares, el más envejecido) o, por lo que hace a hoteles y bares, los usuarios han gastado mucho menos de lo previsto con la consiguiente merma de beneficios. Después, se inicia una vuelta al cole que ha sido la más cara de los últimos años y encima en España hay más alumnos repetidores que en el resto de la Unión Europea. Y tras Educación, la Sanidad: desciende la satisfacción de la ciudadanía respecto a la pública, no se vacuna lo suficiente, foco de gripe aviar en Valladolid, los hospitales sin camas y falta de personal en todos los centros. Por lo demás, se augura en su conjunto un invierno complicado (?) y, con las lluvias, caída de árboles, ahogos, roturas varias o el daño que produjo el granizo en la cabeza de una niña.
Más allá, centenares de miles a punto de morir de hambre en Somalia, en este país uno de cada tres niños en riesgo de pobreza, Putin no va a ceder, los talibanes en sus trece y, globalmente, el cambio climático no hay quien lo pare; cualquier año de estos un probable tsunami catastrófico en el Mediterráneo, la contaminación del aire es responsable de siete millones de muertes al año, los suicidios han aumentado un 2% en los últimos 6 meses (¿tiene valor estadístico?) y un continuo de violaciones, choques, robos, políticos a la greña y con acusaciones de mutuas mentiras, precios disparados, agresiones varias y cadáveres por doquier o, de referirse a medidas de consuelo y/o sucesos de buen augurio, para unos pocos o a buenas horas.
En resumen, a tenor de las noticias y en palabras de Campoamor, el cielo nunca es cielo ni es azul. Y no se trata de obviar hechos o predicciones para inclinar la balanza hacia el lado que gustaría, pero dificultar el optimismo a tal extremo da que pensar. ¿Será que las noticias alentadoras requieren de otro talante, mayor esfuerzo para su exposición o venden menos?




















