No deja de ser curioso -explicable a veces u otras, sencillamente, una pesadez- que de perseguir un resultado, la conclusión sobre los asuntos más dispares, haya que tragarse unas cuantas páginas con prolegómenos y divagaciones en muchas ocasiones absolutamente prescindibles cuando uno sabe lo que quiere para llegar, en el mejor de los casos, a lo que se pretendía de inicio. Tras comprobarlo durante años, saber de la afirmación de Flaubert, «La ambición de concluir es una idiotez», me obliga a deducir en su descargo que debió referirse seguramente a su estado de ánimo cuando escribía y, en líneas generales, a esas digresiones sin otra finalidad que morderse la cola para llenar páginas porque, en otro caso, me gustaría tenerlo ahora delante para decirle cuatro cosas que incluyesen la sensación de agobio, la impaciencia y el aburrimiento.
De refistolear en una base de datos, lo buscado suele aparecer al final; en mi experiencia es casi la regla, lo que me ha inducido con frecuencia a empezar por la última línea y seguir hacia atrás.
No es prisa -que a veces también-, sino el prurito por no caer de nuevo en la pejiguera que conozco. Y si se trata de un artículo científico, el colofón va invariablemente precedido de introducción, material y método, discusión… Un interminable camino en absoluto fuera de lugar, pero, ¿por qué no empezar explicando en pocas palabras lo que se ha deducido y seguir con el proceso para llegar a ello? La tentación de saltar a la última página asalta también en algunas novelas y, todo lo anterior, por no hablar de esas argumentaciones prolijas, para justificar la postura o determinada opinión, cuajadas de «Por tanto», «Evidentemente» o «Lo que pretendo decir» que, por cierto, a veces importa una higa porque puede ser pura banalidad y más de lo mismo. Y si piensan en el discurso político habitual, no andarán errados.
Concluyo (aunque para ser consecuente debiera haber empezado por aquí) que revertir las exposiciones sería muchas veces un alivio y, en esa línea, ojalá pudiésemos encontrar de una vez el punto que, al decir de Borges, resume el Universo.
Una quimera, supongo, así que, puestos a aceptar que las cosas son así, sólo espero que en nuestras vidas se siga la misma tónica y la conclusión sea el cúlmen de un largo y fructífero recorrido que nos explique. Empezando por la introducción y hasta unos resultados y el sumario final con el que sentirse en paz, antes de cerrar las tapas.

















