La reclamación de indemnización suscrita por la Asociación de Víctimas de la Talidomida en España (AVITE), creada en 2003, fue desestimada ayer por parte del Tribunal Supremo, aduciendo la prescripción jurídica de los hechos tras más de cincuenta años e indicando que la demanda debió, en todo caso, efectuarse al cumplir los afectados su mayoría de edad. Para quienes desconozcan los hechos, convendrá precisar que el fármaco se usó durante un quinquenio (1958-1963) para prevenir las náuseas durante el primer trimestre del embarazo, y fue retirado tras comprobarse sus efectos teratogénicos (miles de niños nacieron con malformaciones en sus miembros, cuando no sin ellos). La Talidomida, no obstante, se sigue empleando actualmente para el tratamiento de algunas enfermedades: Lepra, Lupus, Mieloma…

¿Cómo pudo ocurrir? La compañía farmacéutica alemana Grünenthal (fabricante de medicamentos ampliamente utilizados: Adolonta, Tramadol, Transtec…), en aquella época y como sucedía en la mayoría de casos, no evaluó adecuadamente la toxicidad del producto mediante ensayos con prolongado seguimiento y antes de su comercialización.
Las prisas por amortizar la inversión y conseguir beneficios estuvieron en la base del drama que hoy se intenta evitar merced a una estricta regulación del proceso investigador en sus distintas fases preclínicas y clínicas, aunque no por ello pueda asegurarse que los efectos positivos o eventuales perjuicios a largo plazo, se objetivan sin sombra alguna de duda. Así, no es infrecuente constatar cómo se pone el énfasis en todo lo que pueda fomentar la prescripción médica (las ventas): la buena tolerancia del producto, pongamos por caso, si resulta que el objetivo principal (aumento de la supervivencia, control de los síntomas…) se revela poco claro.
Sin embargo, y en el caso de la Talidomida, el desastre fue de tal magnitud que no puedo por menos que discrepar del fallo legal. Quizá muchos de los afectados, y dado el tiempo transcurrido, no puedan probar que su madre tomó las nefastas pastillas, pero sus secuelas hablan por sí mismas y si no reclamaron antes (los afectados en Alemania fueron indemnizados allá por los setenta), ello no exculpa a Grünenthal. Sería algo parecido a volver la cara frente a los torturados en Auschwitz porque ha pasado demasiado tiempo. O perdonar al Dr. Mengele porque no era consciente del mal causado y actuó con su mejor intención. Tal vez sean parangones impropios, pero al enterarme de lo sucedido, me han venido a la cabeza. Leo hoy que AVITE se propone recurrir al Tribunal Constitucional y al de Estrasburgo. Espero de todo corazón que, en uno u otro, les vaya mejor.
















