OLIVIA Y EUGENIO

OliviaEl título alude a la obra de teatro protagonizada por Concha Velasco y dirigida por José Carlos Plaza. Un monólogo infumable y del que sólo cabe subrayar, en positivo, el esfuerzo de la actriz durante la larga hora y media, memorizando sin error ni titubeo la sucesión de tópicos y simplezas cuando no graves errores conceptuales. Y no hay más, como podrá comprobar quien asista a la representación.

Es de no creer que la Velasco, afecta no hace mucho de un linfoma como ella misma declaró y del que afortunadamente parece totalmente recuperada, se haya prestado a referirse de ese modo pesimista y sesgado al cancer de mama que padece en la ficción y que, a falta de matices, podría inducir a creer que cualquier proceso maligno y antes de ser incluso tratado, como se apunta, desemboca en un camino sin esperanza. Olivia 3Parece mentira que se presente al hijo, afecto de un síndrome de Down, reiterando cuatro simplezas con el único objetivo de provocar la sonrisa del espectador o que el suicidio proyectado, llevándose al chico por delante en un final que se adivina desde los primeros compases -así como el arrepentimiento en el último minuto-, se justifique con cuatro reflexiones superficiales que no convencen a nadie. Así lo pude comprobar, junto a todo lo anterior, tras comentar a la salida el espectáculo con algunos conocidos.

Olivia 1Se trata de una obra lamentable; de las que, en palabras de Lobo Antunes, hacen doler el culo y, en consecuencia, absolutamente prescindible. Afortunadamente, hay mejores opciones en el teatro para el disfrute. Y ni lección de vida, como afirma el director en el folleto, ni valor alguno digno de tal nombre. Desde luego, si «Olivia y Eugenio» es «La obra que siempre permanecerá más cerca de mi corazón», como indica, procuraré evitar en el futuro vérmelas de nuevo con ese director. ¡Valiente bodrio!

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PARA MI AMIGA VIRTUAL, SI PUDIERA LEERME

Hará cosa de un año que nos descubrimos a través de Internet y empezamos a escribirnos, ¿recuerdas? Desde la distancia y sin conocer del otro mas que opiniones sobre temas dispares, fuimos estableciendo nexos, complicidades y hurgando en las divergencias. Criticabas la posición de mis comas en algún que otro post, y yo te rebatía -pese a tu condición de profesional en ese ámbito- tomando a un tiempo buena nota. Después, supimos de nuestras respectivas familias, yo de tu enfermedad y los mensajes se fueron espaciando. Estabas mal, me decías de una analgesia insuficiente, te aconsejé como mejor supe e intuyendo lo precario de tu estado, sugerí que fueras tú quien estableciese la frecuencia de unos mails a los que puntualmente respondería.

duelo 1Sólo eres un nombre; un puñado de frases y, sin embargo, me duele tu ausencia desde que esa amistad, nacida de las palabras, se ha quedado sin ellas. Porque ahora estás junto a mi sin romperme el silencio; sin saber siquiera si sigues aún ahí como promesa de sintonía….

Vivir quiero conmigo, decía Fray Luis de León. De hacer mía la frase, en ese conmigo está el adivinarte en algún lugar y, seguramente, sonriendo. duelo 3Te has convertido, Cristina, en luciérnaga de mi memoria y en la causa de un duelo que acaba por doler. Por eso, necesito el indicio de que puedes volver. Sin que por leerme te sientas obligada a ello. No sé cómo conseguirlo ni cómo hacerte llegar, sin romper mi promesa, que sigues alumbrando el ingobernable deseo de saber, en secreto y una vez más, de ti.

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MAL QUE NOS PESE, PEOR QUE LOS PERROS

Tras el anterior post, quedé con la sensación de haber cargado en exceso las tintas sobre los contras del que llaman mejor amigo del hombre.  Como suele ser la regla, no hay blancos o negros sino grises, y no me refiero a policías, como los llamábamos tiempo atrás, sino a responsabilidades compartidas. Siquiera en cuanto a la suciedad callejera se refiere. suciedad 4Que no es todo caca perruna, vamos, y que nuestro entorno convertido en exponente de sordidez cuando no, simple y llanamente, de guarrería, es más bien resultado del comportamiento humano. Aunque sea más fácil cargar la culpa sobre quien sea: patronos, obreros, gobernantes, gobernados o, en este caso, animales de compañía.

Y es que siempre alivia más señalar al otro que asumir la parte alicuota de responsabilidad. No obstante, también yo he escupido algún que otro chicle -de esos que terminan en pegotes negros y resistentes a la manguera- sobre la acera, o arrojado colillas en el pasado. Y no diré más de no ser a coro. Lo que queda a la mañana siguiente de cualquier botellón no es prueba fehaciente de insumisión, indignación o crítica velada a la Casta opresora, sino evidencia de lo que nos falta para hacer agradable la interacción con los otros, con los que no estuvieron esa noche; nuestras carencias en solidaridad y reciprocidad. Porque no estar solos, aunque a veces lo prefiriésemos, debería incluir más respeto para con quienes paseen por ahí horas después. Sin otro remedio que hacerlo entre los restos.

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No sé si Oscar Wilde tenía razón al afirmar que nada de cuanto merece saberse puede ser enseñado. Tal vez, a su juicio, los modales y la consideración por la otredad surjan por generación espontánea aunque, visto lo visto, no lo parece. suciedad 1Puesto a contextualizar, las cagaditas me parecen en comparación pecata minuta y quería dejar constancia, aunque a los mejores amigos, los de cuatro patas, se les de una higa cuanto yo pueda decir. Lo mismo que a tanto cerdo como anda suelto, sin nadie a su lado que le haga patente su condición. Y, por añadidura, de amigo del hombre, poco. Me temo.

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PERROS Y PERROFLAUTAS

Un perro puede ser entrañable compañía, disfrutar con él lo indecible -mucho más que con algunos humanos- y convertirse en amigo del alma. Me han acompañado desde la infancia y con ello quiero subrayar que entiendo a los dueños, algunos de los cuales tuvieron a gala convivir con un can y que éste pasara a la posteridad al rebufo de su fama; así, el galgo afgano de Picasso, el chow-chow de Freud… Argos fue el perro que dejó Ulises en Ítaca y, por no seguir, Cipión y Berganza eran los perros dialogantes en la novela de Cervantes.

Perros 12Sin embargo, nos estamos pasando un pelín (lo del pelín, por remedar a Rafa Nadal). Máxime considerando que de tales amores pueden derivarse molestias para unos terceros que, con toda legitimidad, pueden ser ajenos a dichas querencias. Leí el otro día, y la noticia ocupaba toda la página del diario, de un perrito al que habían atado y se había ahogado a causa de la cuerda mal colocada en su cuello. Una pena, claro que sí, pero las decenas de ahogados ese mismo día en el mar, en este caso sirios de dos patas, creo recordar, sólo merecieron una esquina del periódico, al igual que el degollado por el Estado Islámico. Por lo demás y muertos aparte, pasarte la noche en vela por mor de los ladridos del perrito de al lado , merecería de alguna compensación si acaso el bozal se considera una medida inaceptable.

perros 4perros 7En mis paseos por las calles de un por lo demás delicioso pueblo, Esporles, abstraído y pensando en las musarañas hasta que las circunstancias inspiraron estas líneas, me volvió a la realidad -y no es la primera vez- una mierda en mis zapatillas y, cuando en el rato siguiente me dio por observar la conducta de quienes (una plétora) sacan a sus amados chuchos de paseo, pues una de dos: o recogen los excrementos -una obligación por cierto que, de serles impuesta en otras circunstancias, considerarían inaceptable humillación-, o bien miran en derredor y, de no haber testigos cerca, pueden dejarlos en su lugar para que los paseantes no fueran a creer que todo el monte -o acera- es orégano. Y de ir a alguna playa, convendrá estar ojo avizor, no sea que en vez de pisar la caca nos sentemos sobre ella. perros 13¿Qué quiero significar con todo ello? Pues que aunque nadie sepa lo que es bueno, sí lo que sería mejor. Lo dijo Canetti y, en esa línea, lo mejor sería que cada quién apechugase con sus filias y sus derivaciones: con mierdecillas, ladridos o lametones, pero sin imponerlas al vecino que, indefectiblemente y si el can anda suelto, habrá de oir: «¡Tranquilo! No muerde…». ¿Y si se equivoca? Porque en ese caso, no habría guante ni bolsita que lo remediasen.

 

 

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EL NÚMERO REDONDO: ENTRE ATRACCIÓN Y RECHAZO

No deja de sorprender el efecto paradójico que tiene el número redondo (siquiera por los ceros) según la actividad o esfera que consideremos. Entre nosotros, tendemos al redondeo cuando de cifras se trata. «¿Cuánto ganas? Pues unos…equis mil». «¿De qué época me estás hablando? Pues allá por los setenta…». En cambio, para vender, se huye de los ceros finales como de la peste mientras que estos, por el contrario, se convierten en referente cuando se trata de la bolsa y sus altibajos.

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¡Oh, vosotros, hipócritas, quienes fijáis los precios…!». Y no porque la táctica nos venga de nuevas, sino porque seguís en las mismas: con esa engañifa de tres al cuarto que encima va a colar. Supongo que nos considerais, a los destinatarios del viejo truco, un calco de quienes votan a su Partido pase lo que pase, y pensáis de nosotros lo mismo que los jerifaltes: «Total, a los cuatro días se olvidarán del escándalo y volverán a caer». Pero vamos a los precios. Una docena de huevos a 2.99, viajar al destino soñado por doscientos noventa y ocho numero 7o cómprese un coche, con cuatro años de garantía (o tres años y 366 días, sugerirá en el futuro y en parecida línea cualquier avispado), por 9.999.  Y debe funcionar el decimal, de modo que aquella seguridad del Lord inglés y magnate de prensa cuando afirmaba que la propaganda que parece propaganda es propaganda de tercera, pues será en su tierra porque, lo que es por estos pagos, se sigue creyendo que dos céntimos serán suficientes para convertir la manipulación en negocio. Y debe ser así; si no al 100%, al 99,9.

numero 5Sin embargo, en cuanto a la Bolsa, al IBEX, todo lo contrario. Echen un vistazo en la prensa diaria al titular que resume su evolución y podrán advertir que, en ese caso, el número redondo es la clave de la información. Descender por debajo de, o abandonar la cota tal, se refiere invariablemente a número y ceros. Igual sucede en las euforias: se ha sobrepasado la barrera de… alcanzado finalmente los… numero 12Y quien manejase los números del IBEX al modo de un colmado y sus rebajas, terminaría en él, para cambiar los 11.000, o los 10.000 (siempre una cota psicológica, afirman) por los 2.99 de las sardinetas. Para terminar, y si me apuran, admitiré que no es tema que dé para mucho más, pero cuando se está de convencionalismos hasta la gorra, apetece airearlos. Por sacudirlos, a la espera de una rebaja en los céntimos  o la  superación de los 12000, caso de creer que por ahí vendrá el bienestar. De una fracción, en tratándose de gente y no de pasta virtual.

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