La necesidad recaudatoria puede transformarse, cuando pasa a ser afán y prima por sobre cualquier otra consideración, en un agravio más. Hace unos meses me refería en la prensa al latrocinio que supone, tras aparcar en la vía publica y en zona sujeta a pago, no respetar el derecho a disponer del espacio por el tiempo que has abonado, impidiendo que puedas cederlo a un tercero si lo abandonas antes de lo previsto. Ello supone cobrar dos veces por la misma prestación y será todo lo legal que quieran, pero se me antoja una pasada.
Tres cuartos de lo mismo sucede con la obligatoriedad de pasar la Inspección técnica de Vehículos (ITV) previo pago, que varía entre distintas Comunidades Autónomas y sea cual sea el estado del coche o motocicleta. ¿A qué vienen esos más de 50 euros y por qué no es gratuita? Me parece bien la medida y acepto que deban subsanarse a costa del propietario las deficiencias detectadas y en un plazo que, de no cumplirse, supondría una multa por el eventual riesgo para terceros que implicaría circular en malas condiciones. Pero si tienes el vehículo hecho un pincel, ¿cómo se justifica un impuesto más, que se suma al de Circulación, Seguro Obligatorio y otros?

Priorizar el gasto público y adecuarlo a las necesidades, es una asignatura pendiente y sin visos de mejora. Porque ya está bien de recaudar para gastarlo en la adquisición y mantenimiento de edificios superfluos, abandonar otros que podrían ser reutilizados con una exigua inversión, incrementar sueldos y primas de tanto chupóptero de la cosa pública o rescatar Bancos gestionados por delincuentes, ciertos o presuntos. A costa de nuestros bolsillos, naturalmente. Y emplear su imaginación, casi exclusivamente, en buscar nuevos modos de expolio. ¿Por qué no es la I.T.V un requisito obligatorio pero gratuito salvo error u omisión, al igual que ocurre, pongo por caso, con la Declaración de Hacienda? Pero toda sugerencia es inútil cuando se trata de exprimir, y sólo cabe el recurso a la pataleta. Siquiera hasta aquí.
















