El dibujante Máximo San Juan falleció hace dos días a consecuencia de una parada cardiorespiratoria. Eso es lo que escuché, lo que leí y, como otras muchas veces, me digo si no es acaso lo que llevan aparejadas todas las muertes, con lo que queda sin determinar la causa. No me queda nada claro si uno termina de vivir cuando deja de respirar y su corazón de latir, o bien sucede al revés y es tras exhalar el último suspiro -como indica la propia frase- cuando todo se detiene. En cualquier caso, la noticia no aporta nada al respecto y es que, en cuanto al morir y sus porqués, los periodistas no se distinguen por su claridad.
Lo de llegar al final después de «Una larga y cruel enfermedad», es el pan nuestro de cada día, al igual que «Tras una prolongada lucha…» que, por lo general, consiste en cumplir los protocolos terapéuticos con ansiedad y variable conciencia del desenlace. En suma: el tratamiento mediático no suministra información sino eufemismos que, a más de inútiles si se trata de precisar el motivo del óbito, contribuyen a afianzar estereotipos sociales falsos y cimentan creencias sin base científica.
Lo de «parada cardiorespiratoria» no pasa de obviedad, y la prolongada y terrible dolencia pretende eludir siempre la palabra cáncer, cuyas connotaciones de enfermedad fatal e irremediable en el imaginario colectivo se afianzan merced a esas lamentables perífrasis. Evitar llamar a las cosas por su nombre revela, a más de una deficiente formación, que quien así dice o escribe participa de ese sentir colectivo acientifico y ajeno a las evidencias.
Porque el cáncer es tan «terrible» como pueda serlo cualquier enfermedad cronificada y su pronóstico, globalmente (no se trata de una sola enfermedad, porque hay más de doscientos cánceres con distinto origen, evolución y tratamiento), es hoy mejor que el de otros muchos padecimientos y en ningún caso castigo o afección que deba ser silenciada por vergonzante.
Así pues, si las funciones vitales de Máximo se detuvieron y el periodista es pulcro en su oficio, nombre la enfermedad o, de ignorarla, mejor calladito tras decir que ha muerto. Sin más. En cuanto a los cánceres de tal o cual tipo, convendría evitar las adjetivaciones, porque lo terrible es vernos obligados a contemplar, a estas alturas, talante y mediocridad de algunos profesionales a quienes muchos de sus lectores u oyentes superan en objetividad y sentido común.














