¡La que se ha armado! Incluso policías por las inmediaciones pidiendo la identificación, y nuestros políticos escandalizados de una ligereza, falta de perspectiva y puerilidad, que pone en peligro la «Marca España», o Balear, de la cual dependemos. Algunos tertulianos abundaban ayer en esa misma opinión que, en lo que a mí respecta, no comparto.
Vuelven los críticos de la contestación con el sartriano «Aunque sea cierto, no hay que hablar de ello». Matar al mensajero es el recurso fácil y, no obstante, los desmadres medioambientales están ahí. La importación de basura europea no se ha frustrado -momentáneamente- por una reflexión sobre el impacto que pudiera tener, y las recalificaciones de suelo, o las hoteleras que se prevén, son responsabilidad exclusiva de quienes ahora defienden la necesidad de cuidar nuestra proyección exterior.
Me ha gustado que puedan aplicarse a los disidentes los versos quevedianos: «No he de callar /por más que con el dedo /silencio avises o amenaces miedo…». Porque se pretende, una vez más, el pacto de silencio a que nos tienen acostumbrados. Continuar con la hipocresía y, el que venga detrás, que arree. Pero algunos han hecho público su desacuerdo y, siquiera esta vez y en mi criterio, les sobra razón. Porque no es tirar piedras sobre el propio tejado, sino sobre el que quieren seguir apuntalando los mandamases. Y tiene goteras. Demasiadas como para seguir en lo mismo. Ojalá aprendiesen que la verdad que han proclamado en esta ocasión los ecologistas es algo más que un punto de vista. La «Marca balear» gozaría de mejores expectativas en el futuro.

