Así lo afirmó Machado, y es que se puede decir una cosa, la contraria, al derecho o del revés y cualquiera de ellas ser aceptada e incluso considerarse todo un hallazgo siempre que se elija semblante, tono y momento. Máxime si la sentencia proviene de según quién, y de los políticos al uso tenemos ejemplos hasta decir basta. En sus propuestas, cualquier dislate tiene por objetivo el bienestar colectivo, aunque para confirmar la bondad de sus ocurrencias, demasiadas veces contradictorias, nunca se efectúen comprobaciones en la llamada Fase III, como ocurre en cualquier ensayo clínico antes de dar por bueno el invento.
Pero no son sólo ellos, como vengo advirtiendo a partir de otras contundentes afirmaciones, y sobre arte o el hecho de escribir, por poner un par de ejemplos, las hay de variado pelaje y proferidas por algunos de merecida fama.
Respecto al primero, María Zambrano apostaba por el arte como un medio de conocimiento, convierte en real la realidad (Eudora Welty) y es, para Robert Browning, la única manera posible de decir la verdad. Pero entonces, ¿cómo es posible que en el arte no haya nada que entender (Jean Baudrillard), que todo pueda ser arte (Duchamp) o el intento de analizar cualquier obra artística (Bachelard) sea un modo de aniquilarla?
Y de pasar al escritor, a sus motivaciones y horizontes, tres cuartos de lo mismo. Según Elías Canetti se escribe para pensar, para aclararnos (Muñoz Rojas), escribir es ser (Cees Nooteboom) o “Uno sólo puede ser él mismo contando historias” (Ohran Pamuk). No obstante, para no cejar en la confusión, “Quien escribe no es quien existe” (Barthes), y “Escribes o vives” (Pessoa) porque, al decir de Gonzalo Suarez, “Escribir es matar la vida”, en línea con Séneca muchos siglos atrás cuando aducía que “Envejecernos en las letras es disparate”.
¿En qué quedamos? Y para ocurrencias sin cuento sobre la mismas cuestiones pero dándose de bofetadas basta con darse una vuelta por Internet, de no ser que recurramos a obviedades menos permeables a demagogias varias: que la tierra es redonda o la ciencia útil. Y aún así, porque los hay que defienden lo contrario e incluso son entrevistados para una mejor difusión. No queda sino asumir, a tenor de todo lo expuesto, que también la mentira (a veces indistinguible) es un respetable punto de vista y que, en palabras de Wallace Stevens, a la larga la verdad no importa. O sí, asegurarán otros para abundar en lo hasta aquí comentado.



















