Es posible que dudar sea un modo de definirse. Y escribo lo de «posible» para redundar en la hipótesis. Naturalmente que la comprensión admite grados. Y también la perplejidad, aunque si la segunda aumenta sin dejar resquicio para un rayo de luz que ilumine muchos de los temas en candelero, uno puede terminar por preguntarse si no sería mejor abonar algunos prejuicios; seguridades sin refrendo alguno pero que puedan evitar, siquiera de vez en cuando, la sensación de estar un día tras otro a medio camino entre la ignorancia y la estupidez.
Ejemplos hasta decir basta y empezaré por un Brexit con el que llevo muchos meses sin saber por dónde cogerlo. No alcanzo a entender por qué un segundo referendum, de haberlo, pudiera plantearse de modo más objetivo que el primero respecto a pros y contras de una eventual salida de la U.E; cuál es el motivo de que Theresa May, con dimisión anunciada para hoy, haya sido tan contestada por los tories de su propio partido como por los laboristas, ni si mayoritariamente se está por una ruptura con Bruselas consensuada, a las bravas (como también pide Trump) o nada de lo anterior.
A no ser que mis dubitaciones sean compartidas por una mayoría de parlamentarios británicos y, en tal caso, ¿qué diablos han venido haciendo hasta aquí? A resultas de todo ello y más, cabría preguntarse (otra duda: ¡lo que faltaba!): ¿para entender el fondo de cualquier asunto hay que estar implicado, o las conclusiones son más fáciles en la posición de mero espectador? Sin embargo y habitualmente, se diría que, sea como fuere, la confusión no termina por aclararse.
¿Cuáles son los condicionantes por los que políticos de cualquier color incumplen un abrumador porcentaje de sus promesas? ¿Por qué, tras las últimas medidas adoptadas, va a retrasarse todavía más la expulsión de los okupas? ¿No debería emplearse igual rasero con Maduro, el venezolano, que con Ortega en Nicaragua? Y por no hacer el post interminable, cabría preguntarse desde la mera vocal. ¿A que viene lo de Unidas Podemos, siendo «Unidos» un término inclusivo? Quizá subyace la intención de contentarlas… ¿A ellas, o a las «Formaciones políticas»? Porque si se trata de lo que puedan los ciudadanos, en todo caso debiera ser Unidas/os. O viceversa. Sólo me queda el consuelo de suponer que Kundera dio en el clavo cuando subrayó que la incertidumbre es la única certeza. Pero no saber a qué carta quedarse, y cada vez con mayor frecuencia conforme se envejece, ¡qué quieren que les diga! A veces le entran a uno ganas de mirar sólo hacia adentro y, aun así, hasta los propios entresijos de la identidad terminan por aparecer disfrazados entre chicha y limoná, de modo que -no sé si a ustedes les pasa algo parecido-, ¿dónde se me habrá escondido la lucidez, si alguna vez anduvo cerca?
La exhumación de los restos del Dictador fue aprobada el 24 de agosto del pasado año por Real Decreto Ley, con lo que el Valle de los Caídos quedaría desde entonces como lugar de homenaje en exclusiva a las víctimas de la Guerra Civil. Cierto es que, con la noticia, se exhumaba a un tiempo la pesadilla que acompaña a su memoria y, mientras dure en el alero por seguirse hablando de él sin agujero que lo silencie para siempre jamás, revive también el sombrío pasado que amenaza con sobrevolarnos hasta el próximo 10 de junio, fecha en que el Ejecutivo se propone culminar el proceso.
El nieto del dictador, Francis, tildó la decisión de “Oportunista, cobarde y revanchista”, como no podía ser de otro modo viniendo de él y, en octubre, presentaron alegaciones reclamando la anulación del decreto por inconstitucional, aunque en su fuero interno estuvieran sin duda convencidos de que caer desde el alero a una tumba todavía por concretar, iba a ser sólo cuestión de tiempo.
Por fin, parece que el cementerio de Mingorrubio, en la cripta de El Pardo y junto a los restos de su mujer, Carmen Polo, será la definitiva ubicación y así, podrían disiparse las polémicas: el Valle de los Caídos bajo un soplo de aire fresco y la momia, o lo que haya quedado de ella, en lugar menos hiriente para la sensibilidad de muchos. Sin embargo, y dadas las repetidas dilaciones, aún habrá que ver.
Desde las más variadas instancias nos machacan, un día tras otro, con la necesidad de cobrar cabal conciencia. Para no irse a dormir con mala conciencia, aunque lo cierto es que de preocuparnos por todo lo que nos llega y firmar las mil y una reivindicaciones que recibimos, las veinticuatro horas se nos harían cortas.

Podría deducirse que el compromiso no suele ser nunca absoluto, máxime si hay centenares de cuestiones a las que subordinarse. Cabrá confiar en que las contradicciones, como alguien afirmó, nos haga productivos. Cosa distinta será averiguar en qué, y si encogerse de hombros nos convierte en definitivamente reprobables e indignos a ojos de los vecinos o, por encontrar algún alivio, nos iguala a ellos. Aunque lo nieguen.
«La izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas». Así lo escribía con sorna el poeta Nicanor Parra y le sobraba razón. Convendrá recordar la famosa advertencia, Cosas veredes, Sancho, si pudiesen todos disimular sus respectivas cesiones ideológicas para hacerse con el santo y la limosna en línea con Nicanor. Propiciando el contento, en la actual coyuntura, de banqueros y empresarios. Sin embargo, a día de hoy no parece una opción bien vista por una mayoria de votantes del Partido ganador; C´s ha rechazado explícitamente la connivencia, que podría poner en solfa su objetivo de sustituir al PP en el liderazgo de la derecha (parece factible con Casado escorado hacia el aznarismo voxiano con armas y bagajes). Y, de otra parte, la presión del ególatra Iglesias, capaz de tocar él solo el piano a cuatro manos como hacen algunos y un agudo observador apuntase tiempo atrás, contribuye asimismo a apartar a Rivera de un eventual ensamblaje que quiere en exclusiva para él pese a andar huído tras el batacazo.
incluso mejorar su posición y, de alcanzar consensos con unos u otros en temas socialmente relevantes , se haga patente aquello de que sin contrarios no hay progreso: de la formación política y también de su persona, demostrándose una vez más que con manos duchas y a más de comer truchas, alguien puede encaramarse a la cima partiendo de la nada.
En la actual correlación de fuerzas y tras los comicios del 26M, apuntar alto puede significar, para el PSOE, gobernar en solitario y aprovechar ruido y discordias para el propio engorde. Es posible que en las victorias obtenidas no haya primado su capacidad de seducción sino más bien el lamentable espectáculo ofrecido por los otros pero, sea como fuere, tienen ahora la oportunidad de, desde esa minoría crecida, demostrar que más vale solos que en malas compañías. En mi opinión una buena decisión, la de un gobierno en España a la portuguesa, de entre las posibles. Ahora, a esperar y ver.
Tras conocer algunas de las críticas al dueño de Inditex y fundador de Zara, Amancio Ortega, por su donación para la compra de instrumental por parte de la sanidad pública, no puedo por menos que hacerme eco del filósofo Rubert de Ventós cuando afirmó que en el otro mundo se pagan los pecados y en este las tonterías, lo que ocurriría (en perjuicio de los enfermos) de rechazar su dinero como ha propuesto recientemente y entre otros el podemita Iglesias. Nada hay más complejo que la realidad, y por eso es frecuente mezclar el culo con las témporas (prejuicios frente a eficacia y oportunidad). Sobre todo cuando no se conoce del tema en cuestión –diagnóstico y tratamiento oncológico- lo suficiente, como parece ser el caso. Y es que nuestra excelente sanidad se enfrenta a dos cuellos de botella que demandan a gritos un aumento en la inversión: personal insuficiente y actualización tecnológica. La oncología en concreto y por lo que hace a recursos otros que los humanos, precisa de más y mejor utillaje en áreas diagnósticas (radiología, anatomía patológica…) y terapéuticas, cual es el caso de la radioterapia.
Estas son unas de las adquisiciones anunciadas y, siguiendo con material diagnóstico novedoso para la patología mamaria, disponer en nuestros hospitales de tomografía multimodal (ecografía tridimensional), ya aprobada por la FDA americana, evitaría en ciertos casos la indeseable irradiación mamaria así como la molesta compresión de las mismas. Es lo que también podría evitar en ocasiones esa “limosna de millonario” como se ha tildado a la donación, sin tomar en consideración la conveniencia de abandonar ideologías simplistas y simplificadoras para, más allá de las creencias, atenerse a los hechos.
Con independencia de ello, la sociedad también prospera por interacciones solidarias y hacer algo por los demás, incluso por parte de un capitalista (dinero y sensibilidad pueden coexistir), no implica necesariamente hipocresía como algunos parecen suponer, cayendo en la abyección (Max Weber) de utilizar la moral como instrumento para cargarse de razón. A la postre y como afirmó Octavio Paz, se disiparán las polémicas y quedarán las obras. Para beneficio de una población que anda necesitada de algo más que proclamas hueras y desenfocadas.